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El mundo está cambiando, pero no de forma superficial. Asistimos a una transformación estructural del sistema internacional, donde las viejas reglas pierden vigencia y nuevas dinámicas de poder emergen con fuerza.
La transición hacia un orden multipolar ya no es una hipótesis académica; es una realidad que redefine la economía, la política y la seguridad global.
En este contexto, la República Dominicana enfrenta una disyuntiva histórica: permanecer como un actor pasivo en la periferia del sistema internacional o asumir un rol protagónico en la construcción de nuevas narrativas y estrategias globales. La diferencia entre ambas posiciones no radica en el tamaño del país, sino en la claridad de su visión.
Como parte de los maestrandos del programa de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, impartido por el Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales en conjunto con el Instituto Universitario de Investigación Ortega-Marañón, hemos decidido asumir ese desafío.
No como un ejercicio académico aislado, sino como un compromiso real con el pensamiento estratégico y el posicionamiento internacional de nuestro país.
De ahí surge el congreso internacional “América Latina y el Caribe: oportunidades y desafíos en el actual contexto mundial”, que se celebrará los días 21 y 22 de agosto en Santo Domingo. Este evento no es un simple encuentro académico; es una declaración de intenciones: la República Dominicana quiere y puede ser parte activa del debate global.
En este espacio se analizarán los grandes ejes que están reconfigurando el mundo: la crisis del orden internacional, la competencia entre potencias, las tensiones geoeconómicas, la transición energética y los nuevos desafíos en materia de seguridad. Pero más importante aún, se discutirá el lugar que debe ocupar América Latina y el Caribe en este escenario.
Durante décadas, nuestra región ha sido tratada como un actor secundario. Hoy, sin embargo, las condiciones están cambiando. La reconfiguración de las cadenas de suministro, el valor estratégico de nuestros recursos y la necesidad de nuevos equilibrios geopolíticos abren una ventana de oportunidad que no podemos desaprovechar.
Pero las oportunidades no se materializan solas. Requieren liderazgo, articulación institucional y, sobre todo, pensamiento estratégico. Por eso, este congreso reunirá a especialistas nacionales e internacionales de alto nivel, creando un espacio donde las ideas no solo se discuten, sino que se proyectan hacia la acción.
Como maestrandos, asumimos este proyecto también con una visión de futuro. La recaudación de fondos para un viaje académico a Europa no es un objetivo accesorio; es parte de una estrategia de formación que busca conectar el conocimiento local con los centros globales de pensamiento, elevando así el nivel de nuestra participación en escenarios internacionales.
Sin embargo, este esfuerzo no puede quedarse en el ámbito académico. Es indispensable el respaldo del Estado, del sector privado y de los medios de comunicación. Apostar por este tipo de iniciativas es apostar por una República Dominicana más preparada, más influyente y más consciente de su rol en el mundo.
Finalmente, expresamos nuestro agradecimiento al Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales, en la persona de su rectora, Josefina Pimentel, por su visión y compromiso con la formación académica de alto nivel, así como al coordinador de la maestría, Inocencio García Javier, cuyo acompañamiento ha sido clave en el desarrollo de esta iniciativa.
La historia no espera. Y esta vez, no podemos quedarnos mirando









