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mayo 15, 2026
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Expreso DigitalBlogInternacionalesDoña Lupe, la mexicana que traficó miles de inmigrantes con la protección de los cárteles, ahora pasará 11 años en la cárcel

Doña Lupe, la mexicana que traficó miles de inmigrantes con la protección de los cárteles, ahora pasará 11 años en la cárcel

En el desierto de Sonora y Baja California, ese laberinto que por décadas ha devorado a miles que intentan cruzarlo y donde el silencio solo se rompe por el crujido de las botas sobre la arena, una mujer había instalado su propia garita y desde ahí dictaba quién entraba y quién no al sueño americano

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Video "Gracias a Dios estamos aquí": cientos de migrantes de una caravana cruzan la frontera por Arizona

Se hacía llamar Ofelia, pero para las agencias de inteligencia en Washington era doña Lupe y para los traficantes de Mexicali, “La Jefa”, una mujer que personificaba el eje de un engranaje global que movía seres humanos como si fuera mercancía transnacional.

Esta semana, doña Lupe la comenzó sentada en una sala de justicia federal en Arizona. Ante la Corte es Ofelia Hernández Salas, de 64 años; y escuchó impávida su sentencia que suma 11 años de prisión. Detrás de esa cifra se esconde el relato de una red que no solo burló fronteras, sino que convirtió la desesperación de tres continentes en una industria de terror y muchos billetes verdes.

La tarifa del sueño

La historia comenzó hace años en las calurosas calles de Mexicali. Mientras otros traficantes locales se conformaban con cruzar vecinos, "La Jefa" miró más lejos. Tan lejos que cruzó el muro fronterizo de su país. Según los registros judiciales, su organización operaba como una agencia de viajes con sucursales invisibles en lugares tan remotos como Yemen, Uzbekistán, Eritrea y Bangladesh.

El esquema era tan sofisticado como cruel. Un migrante de la India o de Rusia podía llegar a pagar hasta 70,000 dólares por un paquete que prometía la entrada a los Estados Unidos. La tarifa te aseguraba la estancia en un hotel del centro de la ciudad, traslados a la zona remota y tu turno en una escalera para trepar la valla fronteriza, la ubicación exacta de un aujero por donde podían pasar por debajo y una tabla para cruzar un arroyo.

Pero el paquete de Hernández Salas incluía una cláusula implícita que nadie mencionaba hasta que era demasiado tarde para arrepentirse. Al llegar a la frontera, cuando el alivio parecía estar cerca, la hospitalidad se convertía en emboscada.

"No solo les cobraba", relató un fiscal durante el proceso. "Los cazaba". Una vez en la zona de influencia de su red, los mismos guías que debían protegerlos los rodeaban. A plena luz del día o bajo la complicidad de la luna y el silencio del desierto, Hernández Salas y sus sicarios —armados con pistolas y cuchillos— despojaban a sus propios clientes de sus teléfonos, ahorros de toda una vida y recuerdos familiares. Aquellos que pagaban por seguridad terminaban mirando el filo de una navaja antes de que se les permitiera trepar la escalera hacia el norte.

La logística del crimen

La red de Hernández Salas no era un grupo de aficionados probando un nuevo negocio. Era una maquinaria de precisión que contaba con "casas de seguridad" disfrazadas de hospitalidad, como el Hotel Plaza y el Hotel Las Torres. Allí, los migrantes esperaban la señal, atrapados en una zona gris de la ley mexicana.

Entre sus lugartenientes figuraba Raúl Saucedo-Huipio, el estratega que coordinaba los movimientos desde Centroamérica, y Fátima Del Rocío Maldonado López, la artesana de las sombras que alteraba documentos en Chiapas para que los extranjeros pudieran atravesar México sin ser detectados. Incluso contaban con sicarios dedicados exclusivamente a la logística del cruce, como Jesús Gerardo Chávez Tamayo, el hombre encargado de asegurar que cada peldaño de la escalera tuviera un precio. Los tres recibirán sus respectivas sentencias a partir del mes de junio en audiencias que aún no tienen fechas confirmadas.

La organización no operaba en el vacío. Sus vínculos con el Cartel de Sinaloa le daban el blindaje necesario para operar con impunidad, corrompiendo funcionarios y utilizando rutas que, para cualquier otro, habrían sido una sentencia de muerte.

El final de la organización criminal

El suspenso que rodeó su captura en marzo de 2023 pareció sacado de un thriller de espionaje. Fue una cacería coordinada por el Grupo de Trabajo Conjunto Alfa (JTFA), una unidad de élite nacida del Departamento de Justicia ante la creciente sofisticación de los traficantes. El arresto en México y la posterior extradición marcaron el principio del fin para una mujer que creía que las fronteras eran corredores de tránsito para quienes tenían suficiente dinero.

El lunes pasado, el Assistant Attorney General, A. Tysen Duva, fue tajante: "Hernández Salas puso en peligro a nuestras comunidades a una escala masiva". La sentencia de 11 años no solo castiga el tráfico de personas; castiga la traición sistemática a aquellos que, huyendo de la guerra o la hambruna en países como Egipto o Pakistán, cayeron en las garras de una mujer que los veía como mercancía desechable.

Con el veredicto, el imperio de Mexicali ha quedado reducido en sus balances financieros. El Departamento del Tesoro ha bloqueado cada centavo rastreable de la organización, enviando un mensaje a los intermediarios que aún operan en las sombras.

Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana de Baja California

Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana de Baja California

Hernández Salas, la mujer que una vez facilitó el paso de miles de personas a través de túneles, escaleras y agujeros en la valla, ahora se enfrenta a cuatro paredes que no tienen salida. Al terminar su condena, será deportada, regresando al mismo suelo donde construyó su reinado.

La frontera sigue ahí, imperturbable, pero hoy le falta la mujer que abría y cerraba la puerta.

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