Joel Pita, un cubano residente en el exterior conocido en redes sociales como «El Pita», denunció públicamente en Facebook que empleados de la aduana del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana le robaron el contenido de su maleta durante un viaje reciente a Cuba, en lo que describe como la peor experiencia de su vida.
«Cuando yo llegué a la casa, que yo abrí la maleta, me faltaban chancletas, tenis, camisa, todo. Perfume, reloj… Me robaron todo», relató Pita en el video, donde señala directamente a los trabajadores de la Terminal 3 del José Martí como responsables del saqueo.
El viaje no fue por turismo, sino por una razón personal dolorosa: «Yo fui a Cuba por necesidad. Tenía que sacar a mi papá, que falleció hace dos años y como no hay familia allí para sacarlo, lo saqué y lo guardé».
Su madre, que viajaba junto a él, también fue víctima. «Mi mamá llevaba un gusano de comida completo de laterío y cuando llegó a la casa lo que tenía era la mitad», denunció.
Pita fue contundente al describir el mecanismo del robo: «Cuando la maleta sale, ya la maleta sale con todo robado».
El caso no es aislado. En diciembre de 2023, dos empleados de esa misma Terminal 3 fueron detenidos acusados de hurto de pertenencias de equipajes, y en febrero de 2024, otro trabajador del José Martí fue arrestado por robo de paquetes. Las detenciones puntuales no han resuelto el problema estructural.
En marzo de 2025, el equipaje de una anciana que viajaba desde Miami llegó con dos días de retraso y completamente saqueado, incluyendo medicamentos esenciales. En noviembre de ese mismo año, una influencer española de origen cubano calificó el aeropuerto como «mi peor pesadilla», documentando robos, esperas de hasta dos horas y empleados que exigen «incentivos» en dólares.
El modus operandi más documentado, conocido desde 2019, consiste en abrir los cierres de cremallera con un bolígrafo sin dejar rastro visible, extraer objetos y volver a cerrar el equipaje. En mayo de 2025, un cubano compartió en redes un método para proteger el equipaje usando bolsas de basura selladas con cinta adhesiva dentro de la maleta, advirtiendo que los candados no sirven ante esta técnica.
Pita describió además otras dificultades del viaje: el combustible alcanza los 100 dólares por 10 litros (unos 50,000 pesos cubanos), y los apagones son constantes. Señaló que en su vuelo solo viajaban ocho personas, todas vinculadas a agencias, reflejo de la drástica caída del tráfico aéreo hacia la isla.
Dirigió un mensaje directo al gobierno de Díaz-Canel: «Pongan encubiertos bajándose del avión con maleta falsa llena de tenis o algo y va a ver cuando usted abra esa maleta cuántas cosas le faltan».
Y advirtió a la comunidad cubana en el exterior: «Cubano que vaya a Cuba no exija reclamación porque usted está avisado y guerra avisada no mata soldado».
«No pienso ir a Cuba hasta que Cuba cambie. Ojalá Donald Trump nos ayude a que Cuba cambie», concluyó Pita, quien asegura que no regresará a la isla mientras persistan estas condiciones.
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