Durante su viaje a África, el Papa León XIV nos ofreció un vistazo de su interpretación de la doctrina social de la Iglesia, con temas que van desde el impacto social de la inteligencia artificial hasta el papel de la Iglesia y la paz. Y todo sugiere que estos serán los temas de la primera y muy esperada encíclica del Papa.
Por ahora, las fuentes coinciden en que el título provisional de la encíclica es Magnifica humanitas, “Humanidad magnífica”. Ampliando la encíclica de León XIII Rerum novarum —traducida como “De las cosas nuevas”—, León XIV quiere una encíclica que ofrezca una respuesta cristiana al mundo en que vivimos, una que es más bien más compleja que un análisis general de situaciones sociales a las que se le pueda añadir una visión de la Iglesia.
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En el momento de su elección, León XIV subrayó que había escogido su nombre pontificio pensando en León XIII, señalando que la humanidad afronta actualmente otra revolución industrial tan profunda como la que enfrentó su predecesor, esta vez provocada por la inteligencia artificial y otros nuevos desafíos.
En los últimos meses, el Papa ha vuelto varias veces a los temas de la doctrina social, vinculados a diversas cuestiones y con matices diferentes. Sin embargo, tres discursos del Papa en África parecen revelar algo más sobre su pensamiento en torno a estos asuntos.
En Argelia, León XIV destacó la necesidad de un diálogo entre religiones sobre los grandes temas que afronta la humanidad. En Camerún, enfatizó los temas de la acogida y la paz. En Angola el Pontífice pidió la eliminación de los obstáculos al desarrollo humano integral, una piedra angular de la doctrina social de la Iglesia. En resumen, fue un itinerario que va del diálogo a la paz y luego a la formación de una civilización basada en el bien común.
En Guinea Ecuatorial, en un discurso dirigido a dirigentes políticos y civiles el 21 de abril, el Papa vinculó estos temas entre sí. Subrayó cómo la doctrina social de la Iglesia “representa una ayuda para cualquiera que desee afrontar las ‘cosas nuevas’ que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia”.
“Esto es una parte fundamental de la misión de la Iglesia: contribuir a la formación de las conciencias mediante el anuncio del Evangelio y la propuesta de criterios morales y principios éticos auténticos”, dijo. El Papa añadió que “el objetivo de la doctrina social es educar para afrontar los problemas, que siempre son diferentes, ya que cada generación es nueva, con nuevos retos, nuevos sueños y nuevos interrogantes”.
Luego el Papa enumeró nuevos problemas: la exclusión como “la nueva cara de la injusticia social”; la paradoja de un acceso generalizado a nuevas tecnologías que contrasta con la falta de tierra, alimento, vivienda y trabajo digno.
A continuación instó a las autoridades civiles y a los políticos a “eliminar los obstáculos al desarrollo humano integral, cuyos principios fundamentales son la destinación universal de los bienes y la solidaridad”.
León XIV también abordó las especulaciones en torno a las “materias primas” en medio de la rápida evolución tecnológica, subrayando: Este cambio “parece hacer olvidar necesidades fundamentales como la salvaguardia de la creación, los derechos de las comunidades locales, la dignidad del trabajo y la protección de la salud pública”.
En ese mismo discurso, el Papa denunció que “uno de los principales motivos de la proliferación de los conflictos armados es la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros, sin tener en cuenta el derecho internacional ni el derecho de los pueblos a la autodeterminación”, y señaló que “las mismas nuevas tecnologías parecen concebidas y utilizadas principalmente con fines bélicos y en contextos que no permiten vislumbrar un aumento de oportunidades para todos”.
León XIV, por tanto, llamó al cambio: “Por el contrario, sin un cambio de rumbo en la asunción de la responsabilidad política y sin respeto por las instituciones y los acuerdos internacionales, el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido. Dios no quiere esto”.
En Camerún, el encuentro con la comunidad universitaria el 17 de abril fue particularmente significativo. El discurso del Papa incluye un pasaje clave: “La grandeza de una nación no puede medirse únicamente por la abundancia de sus recursos naturales, ni tampoco por la riqueza natural de sus instituciones. Ninguna sociedad puede prosperar si no se fundamenta en conciencias rectas, educadas en la verdad”.
El Papa citó “una erosión de los referentes morales que antaño guiaban la vida colectiva” en las sociedades contemporáneas, hasta el punto de que, “como resultado, hoy se tiende a aprobar superficialmente prácticas que antes se consideraban inaceptables”.
Por eso León XIV pidió a los cristianos no tener miedo de las “cosas nuevas”, sino que los exhortó a “formar a pioneros de un nuevo humanismo en el contexto de la revolución digital”, subrayando que “se trata de un servicio a la verdad y a toda la humanidad. Sin este esfuerzo educativo, el acomodo pasivo a las lógicas dominantes se confundirá con competencia, y la pérdida de libertad con progreso”.
Aquí también es crucial el tema de la inteligencia artificial. El Papa subrayó que los sistemas de IA organizan cada vez más y de manera más extendida nuestros entornos mentales y sociales, donde “la interacción se optimiza al grado de volver superfluo el encuentro real, la alteridad de las personas de carne y hueso se neutraliza y la relación se reduce a una respuesta funcional”.
El Papa recordó el principio de realidad, afirmando: “Cuando la simulación se vuelve norma, la capacidad humana de discernimiento se atrofia y nuestros vínculos sociales se encierran en circuitos autorreferenciales que nos dejan de mostrar la realidad. De esta manera vivimos como dentro de burbujas impermeables unas con otras”.
El tercer discurso destacable del Papa León tuvo lugar durante su encuentro del 21 de abril con el “Mundo de la Cultura” en Malabo, en el Campus León XIV de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial.
El Papa dirigió a Guinea Ecuatorial un llamado que fue un pedido al mundo entero: ofrecer “frutos de inteligencia y de rectitud, de competencia y de sabiduría, de excelencia y de servicio. Si aquí se forman generaciones de hombres y mujeres profundamente configurados por la verdad y que transformen su existencia en un don para los demás, entonces la ceiba seguirá alzándose como un símbolo elocuente: arraigada en lo mejor de esta tierra, elevada por la nobleza del saber y fecunda en frutos capaces de honrar a Guinea Ecuatorial y de enriquecer a toda la familia humana”.
Estos tres discursos abordan directamente las “cosas nuevas”, y sugieren la postura del Papa: primero, no negar los nuevos desafíos; luego, afrontar los nuevos desafíos desde el principio de realidad; finalmente —y este es el tema más crucial—, crear un nuevo humanismo con Dios en el centro.
El modelo, en última instancia, es el de la Ciudad de Dios de San Agustín, donde coexisten la ciudad terrena y la divina. Pero León XIV demostró que no quería simplemente delinear los problemas, aunque sean importantes. Pidió a todos un compromiso personal.
Probablemente aquí se encuentre la mayor referencia a la sinodalidad, presente desde el inicio de su pontificado y materializada cuando, al hablar con periodistas el 7 de abril, pidió a la gente que hiciera saber —contactando a sus representantes políticos— su deseo de paz en Medio Oriente. La Iglesia ofrece principios, pero no ofrece orientación política.
Corresponde a los católicos concretar estos principios en su vida cotidiana.
Aún no sabemos qué dirá la próxima encíclica de León XIV. Sin embargo, podemos suponer que no será sólo una encíclica sobre la paz o sobre la inteligencia artificial. Más bien, probablemente presentará un modelo de vida cotidiana para los cristianos comprometidos con la sociedad.
Artículo publicado originalmente en el National Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.










