Cuba está bajo la espada de Damocles y hablar de ella es un tabú: las empresas españolas del sector turístico consultadas para este reportaje eluden pronunciarse sobre su futuro. Justifican su silencio en una forzada prudencia frente a la elevada incertidumbre causada por el bloqueo de facto estadounidense y sus consecuencias. Hay una tensa expectación ante las negociaciones entre el régimen castrista, liderado por Miguel Díaz-Canel, y EE UU, con su secretario de Estado, Marco Rubio. La isla, sumida en la precariedad desde hace años, afronta a oscuras una grave crisis humanitaria, ya sin la ayuda del petróleo de Caracas. El turismo, su motor económico, está en mínimos, por lo que las empresas despliegan sus estrategias de gestión defensiva en un entorno marcado por una gran reducción de márgenes y por un aislamiento geoestratégico que le ha dado la puntilla al sector.
Con la atención global puesta en el estrecho de Ormuz, solo el anuncio de Iberia sobre la suspensión temporal de sus vuelos directos al aeropuerto José Martí a partir de junio trasladó brevemente el interés mediático a la isla caribeña. ¿El motivo que dio la aerolínea? “La situación que atraviesa el país desde hace varios meses y que ha afectado de manera muy significativa a la demanda”. El servicio se retomará en noviembre si las condiciones lo permiten, pero desde febrero todas las aerolíneas han reducido sus frecuencias, con escalas técnicas en República Dominicana para repostar: no hay queroseno suficiente en La Habana para que los aviones crucen el Atlántico desde que Donald Trump cerró el grifo venezolano. Desde Air Europa evitan confirmar si suspenderán operaciones, pero admiten que hacen un seguimiento constante de la ruta. La compañía World2Fly solo vuela los miércoles.
Los principales grupos hoteleros también optan por la prudencia. Meliá esperará a la presentación de resultados del primer trimestre, el 7 de mayo, para comentar la situación, pero en el balance de 2025 confirmó la reducción de ingresos en ese mercado hasta los 11 millones de euros, señalando la parálisis causada por la crisis energética. Entonces, reconocieron una “compactación” de su oferta con el cierre de tres hoteles. Desde Iberostar, el mutismo es total. Y Minor (antigua NH) dejó la gestión de dos establecimientos a principios de 2026.
¿Qué margen de actuación tiene el sector? Han tenido que enfocarse en preservar las operaciones existentes y aplazar nuevas inversiones. “La salida de Iberia o la reducción de Air Europa reflejan un ajuste estructural de capacidad. Pero esto puede generar un círculo vicioso: menos vuelos, menos turistas y menor viabilidad de rutas”, advierte Pedro Mur, socio de Movilidad, Transporte y Logística de la consultora NTT Data.
“Las perspectivas para Cuba son malas”, sentencia Fernando Martínez, socio de Turismo de KPMG España, que considera muy probable que los grupos se planteen un cierre temporal. “Cuando valoramos qué va a suceder en Cuba, tienes que pensar en un sentido amplio”, sugiere el consultor. Si EE UU sigue el modelo venezolano y pacta una mayor apertura y libertades, es probable que los empresarios españoles inviertan y colaboren, pero si hay un cambio radical del Ejecutivo isleño y se abren las puertas a reclamaciones de los cubanos en el exilio contra los hoteleros, todo se puede complicar.
Apuesta de largo plazo
La apuesta de los empresarios españoles por Cuba ha sido a largo plazo, permaneciendo allí incluso durante duras crisis, recuerdan los expertos. “Este es el momento más insostenible de todos los que les ha tocado vivir. El país está al borde del colapso y las empresas no están ni en Cuba ni en ningún lugar para hacer beneficencia, están para obtener rendimientos”, reflexiona Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano, que ve “más que probable” que la reducción de plazas hoteleras continúe. Sin embargo, duda que allí se alcance un acuerdo a la venezolana porque “Trump tiene las manos mucho más atadas en Cuba”. No hay una figura como Delcy Rodríguez “de momento”, recalca Malamud; no hay petróleo para negociar; y está la presión del exilio cubano en Miami, que no lo perdonaría.
El interés por visitar la isla ha caído. Con los datos de Aena en la mano, en 2023 hubo 1.862 operaciones (entonces, además del aeropuerto de Barajas, operaba también el de El Prat). En 2024, la tendencia cambió, con 1.622 operaciones, una caída que se consolidó en 2025, con solo 1.518 vuelos. En lo que va de año, ha habido 384 operaciones, a falta del impacto de la suspensión de vuelos de Iberia. La tendencia a la baja queda confirmada también por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI): en 2023 hubo 89.285 turistas españoles; 65.054 visitantes en 2024, y solo 46.489 el año pasado. El total de turistas también tiende a la baja. Tras un 2018 récord, con 4.732.280 viajeros internacionales, la pandemia provocó un desplome del 75% en 2020, que profundizó en 2021, cuando solo arribaron 356.470 visitantes. En 2022 y 2023 hubo señales de recuperación, pero en el ejercicio siguiente comenzó el declive y 2025 fue el peor año desde principios de siglo sin el efecto del covid: 1,81 millones de visitantes internacionales, un 18% menos. Afectó a los principales colectivos: solo 754.010 viajeros de Canadá, con una reducción del 12,4%. Los rusos, con 228.091 visitantes, cayeron un 22,6%, y los estadounidenses se desplomaron el 30%.
El turismo languidece y las causas son múltiples, desde una experiencia turística deteriorada y con apagones hasta una conectividad aérea debilitada y una mala gestión pospandemia. A ello se añade la percepción de riesgo y una pérdida de competitividad frente a otros destinos del Caribe. La evolución depende de variables fuera del control empresarial, como la normalización energética, la política estadounidense y la estabilidad geopolítica global. “Se prevé un periodo prolongado de contracción o estancamiento, con estrategias centradas en eficiencia, diversificación geográfica en el caso de cadenas hoteleras y flexibilidad operativa”, concluye Mur.
Según datos del a Oficina Económica y Comercial de La Habana de la Secretaría de Estado de Comercio, Cuba necesita una inversión mínima superior a 5.700 millones de euros. Y las empresas españolas tienen el potencial de apoyar esa mejora de infraestructuras, pero la capacidad de financiación del sector público está muy mermada. España es el principal socio comercial europeo del país, con exportaciones por valor de 682 millones de euros en 2025, casi el 60% del total de la UE.









