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mayo 26, 2026
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Los sueños sí se cumplen

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La política tiene algo especial: quienes la viven desde la pasión, el trabajo y la entrega nunca olvidan sus inicios. Para la campaña presidencial del año 2012, siendo apenas una joven llena de sueños, energía y deseos de servir, me integré a través del movimiento Nueva Generación activamente al proyecto político de Hipólito Mejía, quien aspiraba nuevamente a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Dominicano bajo el histórico slogan: “Llegó Papá”.

Durante aproximadamente dos años durante campaña formé parte de la División de Deportes del Comando Nacional del PRD, espacio donde conocí grandes dirigentes y compañeros de lucha como Evaristo Pérez, don Jorge Ramírez, David Brito, Junior Gil, Eliazar Reynoso, Elías Matos, entre otros que apostaban a la victoria desde el trabajo territorial y el contacto directo con la juventud y el deporte.

A nivel municipal, en Santo Domingo Oeste, también compartí jornadas intensas de trabajo político junto a Gilberto de la Cruz y Rafael García, construyendo equipos, organizando actividades y motivando a cientos de jóvenes que creían en aquel proyecto político.

Recuerdo que caminamos el país entero con la juventud deportiva de Papá. Fueron días de caravanas, encuentros, torneos, reuniones y actividades donde la esperanza de volver al poder mantenía viva la emoción de todos. Yo tenía mi propio equipo juvenil en Santo Domingo Oeste y, como siempre, mi hermano Roni Pérez estaba hombro a hombro conmigo en cada batalla política. También mi cuñada Yalibel Mejía Ámbar y Perla Gómez, Ana Isis Trinidad, y muchos compañeros que entregaron tiempo, esfuerzo y corazón a aquella campaña.

Como ocurre muchas veces en la política dominicana, antes de unas elecciones ya muchos imaginan dónde podrían servir si llega la victoria. Y siendo parte del Comando de Deportes, era natural pensar en el Ministerio de Deportes y Recreación como espacio de trabajo y desarrollo para quienes impulsábamos la parte deportiva de la campaña.

Pero al perder las elecciones y resultar ganador Danilo Medina, aquello fue un trago muy amargo para mí como joven. Sentí frustración, tristeza y el peso de una derrota que, en ese momento, parecía derrumbar muchos sueños.

Aun así, nunca dejé de soñar.

Cada vez que pasaba frente al Centro Olímpico Juan Pablo Duarte miraba las instalaciones del Ministerio de Deportes y Recreación y me repetía a mí misma: “Algún día voy a trabajar ahí”. Era una promesa silenciosa, una meta guardada en mi corazón.

Y ocho años después llegó la promesa de Dios para mi vida.

Entré precisamente al Ministerio de Deportes y Recreación de la mano de Francisco Camacho y de Evaristo Pérez. Aquello que un día parecía tan lejano finalmente se convirtió en realidad.

Durante los cuatro años de la gestión de Camacho tuve la oportunidad de trabajar exactamente donde quería estar. Y yo quería servir en los centros penitenciarios y trabajar con personas adultas mayores. Esa fue mi función y también una de las experiencias más humanas y transformadoras de mi vida. Cada experiencia en una cárcel la llevaré hasta el final de mis dias.

Me divertía realizando recreos divertidos, llevando alegría y esperanza. Me emocionaba poder arrancar una sonrisa a una persona con discapacidad. Disfrutaba compartir con los adultos mayores, escuchar sus historias y acompañarlos con cariño y resdías. ¡Juro que los extrañaré!.

¿Y qué decir de los Días con la Comunidad? Mi voz fue la voz de muchos eventos. Mi fuerza fue la fuerza de mis compañeros, y la fuerza de cada técnico también fue mi fuerza. Aprendí que el verdadero servicio público no se trata solo de ocupar un cargo, sino de tocar vidas, acompañar personas y servir con amor y entrega.

Aprendí el valor de la resiliencia. Aprendí a amar el deporte en toda su plenitud. Aprendí a trabajar en equipo. Aprendí la disciplina. Aprendí a amar. Aprendí a perdonar. Aprendí a ser más fuerte. Aprendí a como adaptarme.

Y el Ministerio de Deportes fue una verdadera escuela para mí.

Estoy profundamente agradecida de todo el tiempo en que pertenecí a esta gran familia. Me siento orgullosa de cada transformación que se impulsa desde el Ministerio de Deportes hacia las canchas, los techados, las distintas disciplinas deportivas, las federaciones y las asociaciones que trabajan diariamente por el desarrollo del deporte nacional.

Porque detrás de cada obra, cada evento y cada programa, hay personas comprometidas trabajando por la juventud, las comunidades y el bienestar del país.

Cuando se escriba la historia del deporte dominicano, me sentiré más que orgullosa de haber formado parte de la gestión que encabeza el presidente Luis Abinader. Una gestión con rostro humano.

Y como cada mariposa, cuando le crecen sus alas y emprende su vuelo, también ha llegado el tiempo de que yo emprenda el mío.

Me voy agradecida. Agradecida de la familia Camacho de Francisco, Miguel, Carlos, del ministro Kelvin Cruz y su equipo por construir mis alas, del viceministro Leopoldo Portes, del inmortal Evaristo Pérez, de Francisco Rausel (mi jefe que aprendí tanto) de Franklin Rodríguez, de Gilberto de la Cruz, de todos mis compañeros del Ministerio de Deportes (los amo técnicos de mi corazón son mi tesoro más preciado) de mis amigos querido y hermanos (Jansel, Inginio, Samy, Maria, Cristobalina, Renata, Luisa, mi dulce Margaret, mi amor querido José Miguel), y de mi familia agui agui (Mariela, Lauris, Juan, Emilio (mi buen Emilio), gracias Eduard Caraballo por acogerme en su oficina).

Un abrazo con el corazón Doña Milcia, Aurora, y a mis amores y amigos por siempre Damaris, Sorenny, Dany y Carlos Zapata). Muchas gracias Elena e Israel porque me hicieron más fuerte con su forma de ser, y Claribel. Mi tierno Brujan, José, Breilin, Francisco.

Gracias por cada enseñanza, cada abrazo, cada oportunidad y cada experiencia vivida. Entre con nada y me voy con cada uno de ustedes en mi corazón.

Hasta volvernos a ver… y así será.


Por: América Pérez.

Lic. Comunicación Social «Periodismo»

Magíster en Diplomacia y Derecho Internacional


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