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mayo 25, 2026
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Expreso DigitalBlogInternacionalesPalmarito, el rincón de las tortugas marinas: cómo un campamento en Oaxaca lucha por salvar especies en peligro

Palmarito, el rincón de las tortugas marinas: cómo un campamento en Oaxaca lucha por salvar especies en peligro

Nota del editor: Llamado a la Tierra es una serie editorial de CNN comprometida con reportar los desafíos ambientales que enfrenta nuestro planeta, además de mostrar las soluciones a esos retos. La Iniciativa Perpetual Planet, de Rolex, se ha asociado con CNN para crear conciencia y educación sobre los asuntos de sostenibilidad claves y para inspirar acciones positivas.


Oaxaca, MéxicoCNN Español — 

La costa de Oaxaca, una de las regiones más biodiversas de México, es también zona de anidación de cuatro de las siete especies de tortugas marinas que habitan el planeta. En Palmarito, una extensa playa cerca de Puerto Escondido, opera un esfuerzo permanente para su conservación.

En el Campamento Tortuguero Palmarito, una pequeña red de biólogas y voluntarios trabajan los 365 días del año en la protección y monitoreo de la tortuga golfina, la tortuga prieta, la tortuga carey y la tortuga laúd.

Al frente de este proyecto está Alison Raymundo, una bióloga oaxaqueña que llegó al lugar hace una década, sin sueldo y viviendo en una tienda de campaña sobre la arena. Hoy lidera el campamento con pasión.

“Trabajar en este lugar ha sido como cumplir uno de mis más grandes sueños”, dice Raymundo.

El vivero de incubación del Campamento Tortuguero Palmarito, donde resguardan todos los nidos que recolectan durante los patrullajes nocturnos.

Una jornada en Palmarito comienza alrededor de las 5:00 p.m., cuando biólogas y voluntarios se reúnen para revisar el vivero de incubación: el espacio donde resguardan los huevos recolectados.

En ese momento revisan los nacimientos del día y se asoman para ver a las tortuguitas que han pasado hasta tres días abriéndose paso bajo la arena.

Luego las preparan para una liberación controlada con turistas, una actividad que, junto con la venta de souvenirs, ayuda a financiar parte de las labores del campamento.

“La conservación cuesta. Cuesta mucho trabajo, mucho esfuerzo físico, cuesta mucha creatividad, y cuesta mucho dinero también”, explica Alison.

Mientras el sol baja, las crías avanzan y desaparecen entre las enormes olas, guiadas por su instinto milenario.

De noche, comienza el trabajo más intenso: patrullar 21 kilómetros de playa y proteger a todas esas tortuguitas que aún no han nacido. En el recorrido nocturno, el sonido de las olas se mezcla con el del motor de la cuatrimoto mientras los biólogos avanzan bajo las estrellas, que alguna vez fueron la única fuente de luz en la oscuridad. En la actualidad, la playa luce distinta: casas, mansiones y hoteles sobreiluminados al pie de la playa apuntan sus reflectores de luz blanca hacia el mar.

El equipo debe de estar atento a cualquier detalle en la arena. Cuando distinguen un rastro fresco, un surco ancho y ondulado que se abre paso desde el mar, saben que basta con seguirlo para encontrar a la tortuga. Para biólogas como Leslie Santiago, “encontrar una tortuga siempre es mágico”, pero hay noches especialmente memorables, como cuando aparece una laúd, la tortuga marina más grande del mundo.

Cuando eso ocurre, el equipo mide al animal, le coloca un chip para su monitoreo y espera a que comience a desovar. Mientras la tortuga deposita los huevos, las biólogas excavan un túnel para recuperarlos sin interrumpir el proceso.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), la tortuga laúd puede alcanzar hasta 1,80 metros de largo y pesar más de 500 kilos. A diferencia de otras especies, no tiene un caparazón duro, sino una piel gruesa y flexible, similar al cuero. La laúd está catalogada en peligro crítico de extinción en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Al terminar su proceso, la tortuga cubre el nido con movimientos precisos, compacta la arena y da vueltas para ocultarlo. Luego regresa al mar, dejando en la playa su característica huella.

Una tortuga laúd, la especie de tortuga marina más grande del planeta.

“Si no recolectáramos esos huevos, quedarían expuestos a depredadores y a un ambiente cada vez más hostil. La supervivencia de las crías es mucho más baja cuando se quedan en la playa, comparado con cuando las trasladamos al vivero de incubación”, explica Alison.

Alrededor de medianoche, los biólogos siembran los huevos recolectados en el vivero, cavando y replicando con precisión el trabajo de la mamá tortuga.

El trabajo continúa hasta el amanecer: patrullando, recolectando y resguardando.

Por la mañana, las labores no terminan. Biólogas y voluntarios limpian los nidos, contabilizan cascarones y crías que pudieron quedar aún bajo la arena, y registran datos para monitorear la salud de las poblaciones.

La bióloga Alison limpiando nidos y clasificando cascarones y huevos que no llegaron a eclosionar.

Este trabajo implica noches de desvelo y gran esfuerzo físico, pero la bióloga Abigail resume sus días en el campamento así: “No puedo describirlo como un trabajo, siento que es más una pasión”.

Y así se van a descansar, antes de volver al campamento por la tarde y repetirlo todo de nuevo.

Las cuatro especies que anidan en la playa Palmarito se encuentran en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Por eso, procurar que sus poblaciones crezcan y se mantengan es una necesidad urgente.

“El mayor daño que padecen las tortugas en general son causas antropogénicas”, explica Edda Carolina González, directora del Centro Mexicano de la Tortuga.

En la naturaleza, las tortugas pueden cumplir su ciclo de vida por sí solas, pero la presencia humana en las playas de anidación ha generado nuevas amenazas: desde contaminación lumínica y construcciones en zonas de anidación, hasta la caza ilegal y el impacto del cambio climático.

Las tortugas son muy sensibles a la luz. Las luces artificiales en la playa pueden desorientarlas desde el mar y alejarlas de las zonas donde han anidado por generaciones. Además, “en una playa sin luces artificiales, el mar es siempre la fuente de luz más brillante; sin embargo, en playas cada vez más urbanizadas como Palmarito, las tortugas se confunden y tienden a desplazarse hacia la vegetación, la dirección opuesta al mar”, explica Alison. “Ha pasado que las tortugas se meten en las casas, en las albercas. Tenemos esos incidentes muy frecuentes”.

Las construcciones al pie de la playa también irrumpen en el hábitat natural de anidación de las tortugas. “Aunque las tortugas prefieren anidar en la zona arenosa, también utilizan la zona donde hay vegetación para poner sus huevos, principalmente la tortuga prieta”, explica Alison.

Según integrantes del campamento, en playas como Palmarito persisten vacíos de regulación o de aplicación de las normas de construcción, lo que ha permitido desarrollos que invaden zonas de anidación. De acuerdo al Informe de Gentrificación Turística del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (Cesop) del Congreso del Estado de Oaxaca, en la última década, las áreas cercanas al mar se han vuelto epicentros turísticos, con un crecimiento significativo en alojamientos, de tal manera que se erosiona el ecosistema natural de las tortugas. “Necesitamos desarrollos mucho más conscientes, que involucren el paisaje y el cuidado de ese paisaje, que es la razón por la que están viniendo a construir acá”, recalca Alison.

Vista aérea de una zona de la Playa Palmarito, con construcciones al pie de la playa.

Por otra parte, la caza y la extracción de huevos de tortuga, aunque prohibidas desde 1990 en México, continúan como prácticas ilegales. Edda González, del Centro Mexicano de la Tortuga, explica que no existen cifras oficiales sobre la extracción ilegal de huevos, lo que dificulta cuantificar el problema.

Cristino “Don Tino” Ramírez, ahora un aliado y parte fundamental del campamento, fue un cazador de tortugas en su juventud.

“Por necesidad. Como no se cuidaban, uno también se dedicaba a eso: se los llevaba al pueblo para venderlos. De aquí sacábamos a veces hasta 700 huevos”, cuenta Don Tino.

A eso se dedicó hasta que un día, en los ojos de una tortuga que estaba por matar, dice que vio cómo le escurrían las lágrimas de su rostro. “Desde entonces dije que ya no iba a matar tortugas. Ahora me dedico a cuidarlas”.

Por otra parte, al resguardar los huevos en el vivero de incubación, también los protegen de los efectos del calentamiento global. El aumento de la temperatura en la arena puede alterar el desarrollo de los embriones y afectar el equilibrio natural: cuanto más cálida está la arena, más se inclina la balanza hacia la producción de hembras, y casi todas las crías pueden terminar siéndolo.

Ante todas las amenazas que enfrentan las tortugas marinas, cada esfuerzo de conservación se vuelve vital. En Palmarito persiste la esperanza, cada cría que alcanza el océano es una victoria contra las estadísticas, pues se estima que solo una de cada mil llegará a la etapa adulta y regresará a la playa donde todo comenzó.

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