La Unión Europea ha abierto este jueves la puerta a diluir el régimen de comercio de emisiones, la piedra angular de la política climática europea. Las presiones de Italia, respaldada por República Checa y Polonia, que alega que el sistema daña la competitividad de sus empresas, ha logrado en una cumbre en Bruselas que los líderes se comprometan a revisar el futuro mercado de carbono. La primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, y los gobiernos centroeuropeos defienden que suavizar el mercado de carbono aliviaría la factura de familias y empresas. Mientras, los países nórdicos y España replican que debilitarlo frenaría la inversión en energía limpia, la vía para abaratar los precios a largo plazo.
Los Veintisiete habían llegado a la cumbre en Bruselas preparados para debatir sobre medidas para rebajar la factura energética y con un acuerdo preparado para reclamar a la Comisión Europea nuevas fórmulas urgentes para atajar una crisis, espoleada por la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, que ya despunta. Pero el espinoso debate sobre el régimen del mercado de derechos para emitir carbono, conocido como ETS, “secuestró” la conversación, en palabras de una fuente conocedora de las discusiones a puerta cerrada. Otra fuente diplomática hablaba de “pérdida de tiempo”. Italia, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia han aprovechado el debate para arañar un retoque que ansían desde hace meses.
Los Veintisiete han pedido al Ejecutivo comunitario “actualizar la evaluación” del ETS2, el nuevo precio del carbono previsto sobre los combustibles de calefacción y transporte, y revisar su diseño y sus protecciones para los hogares vulnerables. Polonia suele esgrimir que este comercio de emisiones supone en torno al 25% de la factura eléctrica en el precio minorista de la electricidad en el país. También reclamaban un nuevo retraso de esta ampliación del marco original del mercado de emisiones ETS, para que no entre en vigor “al menos hasta 2030”. Pero esa referencia se ha caído de la redacción final de las conclusiones del Consejo Europeo.
Es la primera vez que los líderes abren esa puerta. Meloni y el llamado grupo de Visegrado de los países de Europa Central obtiene además una llamada a actuar “con urgencia” y el compromiso de acelerar una reforma para contener los vaivenes del comercio de carbono.
Para la italiana, que se enfrenta a unas elecciones clave el próximo año y que ya está en modo campaña electoral, es una victoria política que puede vender en casa. Para Finlandia, Dinamarca y Suecia, que llevaban días alertando contra cualquier retroceso climático, es un precio asumible: el texto no menciona ningún aplazamiento del calendario.
La disputa llega con la factura energética en máximos. Los precios de la energía en la UE se han disparado desde el inicio de la guerra en Irán en febrero. La inflación de la zona euro subió al 3,8% en septiembre, con la energía un 18,8% más cara que hace un año.
En la posición contraria a la italiana están los nórdicos y España, que se oponen a aguar el sistema. España suele definirlo como la “piedra angular” de la política climática de la UE. “Cualquier debilitamiento del ETS socavaría la predictibilidad de la que dependen las decisiones de inversión y arriesgaría con ralentizar el ritmo de la descarbonización industrial”, advertían en una carta los primeros ministros finlandés, Petteri Orpo; sueco, Ulf Kristersson, y danesa, Mette Frederiksen. “Además, trasladaría la carga de la reducción de las emisiones a otros sectores de la economía donde las opciones de mitigación a menudo están más limitadas y son políticamente más sensibles”, agregaban.
Con los precios de la energía de fondo, los líderes han acordado un texto con algo para cada bando. Italia obtiene la competitividad industrial al frente del párrafo, una llamada a actuar “con urgencia” y el compromiso de acelerar la reforma de la reserva que retira derechos del mercado, “con vistas a moderar la excesiva volatilidad de los precios”.
Fuentes diplomáticas indican que el debate de las ETS ha sido llevado a la cumbre de líderes porque estos comprenden mejor que los ministros de Medio Ambiente el “impacto preciso” de los precios de la energía “en los votantes”, que esta cuestión no es solo medioambiental sino que, sobre todo en un año tan electoralmente cargado, también tiene un “coste político”. Incluso “algunos amigos del ETS” habrían reconocido que, aunque siguen dispuestos a defender el sistema y sus efectos a largo plazo, ven necesario hacer algo a corto plazo para los países que, como Polonia, sienten un impacto directo del ETS en su factura energética.
En el mismo sentido, la patronal de la industria eléctrica europea, Euroelectric, ha distribuido también en vísperas de la cumbre otra carta instando a “preservar la integridad del sistema ETS”.
“Una trayectoria previsible de los límites máximos y una reserva de estabilidad del mercado basada en normas estimularán la demanda —y, por tanto, la inversión— en fuentes de energía limpia de origen nacional y respaldarán la innovación y la transformación industrial”, sostienen las empresas sectoriales. Por ello, advierten, “las flexibilidades o las intervenciones puntuales no deberían debilitar esta señal a largo plazo”.














