La publicación de fotografías que muestran los restos óseos de José Francisco Martí Zayas Bazán (El Ismaelillo), hijo del héroe nacional José Martí, depositados en el suelo del Cementerio de Colón ha desatado una ola de indignación en redes sociales.
Las imágenes corresponden a una exhumación forense realizada en el panteón de la familia Bances Martí, donde descansan los restos del hijo del Apóstol.
Según revela en Facebook el usuario Juan Antonio Balboa, el objetivo era determinar la procedencia de un mechón de cabello conservado en un relicario del Museo de Orfebrería de La Habana, para esclarecer si pertenecía al hijo o al propio José Martí.
El equipo, integrado por un antropólogo forense del Servicio Provincial de Medicina Legal de Matanzas, dos estomatólogos, cinco médicos y una perito criminalista, determinaron que los restos pertenecían a un hombre de entre 1.66 y 1.68 metros de estatura y aproximadamente 66 años de edad, datos que coincidían con los antecedentes históricos de El Ismaelillo.
A través de la técnica de superposición cráneo-fotográfica, y de análisis genéticos de pelo, huesos y dientes, se confirmó que el mechón del relicario pertenecía al hijo y no al padre.
Sin embargo, la forma en que se llevó a cabo el procedimiento generó rechazo generalizado.
El escritor cubano disidente Ángel Santiesteban-Prats fue uno de los primeros en alzar la voz, cuestionando públicamente el trato dado a los restos: «¿Cómo es posible que en las fotos publicadas se encuentran los restos del hijo del ser más importante que ha nacido en el archipiélago cubano, tirados en una acera de la vía pública en el interior del cementerio? ¿No existía un lugar adecuado, una mesa donde se pudieran depositar sus restos, sin necesidad de exponerlo a situación tan humillante?»
Santiesteban-Prats recordó que El Ismaelillo combatió en la Guerra de Independencia bajo el mando del general Calixto García, alcanzó el grado de capitán por mérito propio, llegó a ser coronel y jefe del Estado Mayor del Ejército en la República, y recibió en 1921 la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco.
Los comentarios de internautas en el post de Santiesteban-Prats reflejaron una indignación que fue más allá del nombre del fallecido. «Se ha perdido el respeto por todo, incluyendo algo tan sagrado como los restos de un ser humano y más del Ismaelillo», escribió un usuario.
Otro cuestionó la lógica misma del procedimiento: «No alcanzo a comprender qué necesidad realmente existe de realizar esta exhumación para explicar la trascendencia histórica del Ismaelillo, cuando ni siquiera se enseña su nombre real en las escuelas. Me resulta muy indigno el tratamiento, con total falta de ética y respeto. Eso no es ciencia».
Varios señalaron también la dimensión científica del problema. «Cualquier acto científico de este tipo se lleva a cabo en condiciones adecuadas, sin tener en cuenta si ahí ha escupido alguien o ha pasado un perro, o simplemente pasan los pies de quienes acuden al camposanto», apuntó otro internauta.
Un usuario resumió el sentir de muchos: «Si en Cuba no hay respeto por los vivos, ¿qué podremos esperar para aquellos que ya no caminan entre nosotros?» Otro fue más directo: «En el suelo, como si fueran los de un perro».
Un tercero calificó el procedimiento de profanación, señalando que «a Fidel y su Revolución poco le importó» El Ismaelillo, «y ahora vienen con el cuento de investigación científica».
«Si eso se lo hacen a él… ¿qué queda para los demás?», concluyó otro internauta, resumiendo la desconfianza de muchos cubanos ante las instituciones que organizaron el procedimiento.
El Cementerio de Colón ha sido escenario recurrente de numerosas denuncias: en febrero de 2024 se reportó a obreros manipulando osamentas sin guantes, y ese mismo mes se descubrió una zanja con huesos humanos a la intemperie.
En mayo de este año, una familia denunció la desaparición de restos en un panteón de la misma necrópolis.


