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junio 10, 2026
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Últimas horas para desactivar todas las protestas que asedian al Gobierno antes del Mundial

Quedan apenas 24 horas para que México dé el pistoletazo de salida del Mundial y el país vive sus últimas jornadas de ensayo general. Evitar las movilizaciones el día de la inauguración es ya una quimera: las negociaciones con los maestros han encallado y los colectivos de búsqueda marcharán para visibilizar a sus familiares desaparecidos. Con todos ya en sus puestos y las cartas sobre la mesa, la vista está puesta en sortear el que sería el peor escenario para el Gobierno de Claudia Sheinbaum, que la imagen de un policía golpeando a un docente dé la vuelta al mundo el día que el país se juega su gran imagen internacional. No es un temor infundado: el primer día de protestas, un maestro perdió un ojo tras los altercados con la policía. Estas dos semanas han puesto a prueba los dispositivos de contención y este miércoles será la última oportunidad de afinar la puesta en escena. Con la intención de despresurizar, las autoridades han cancelado las clases para el jueves y han implantado el teletrabajo para los servidores públicos.

La inauguración será el primero de los cinco partidos que se disputen en Ciudad de México. Son 13 en total para el país, al que llegarán más de cinco millones de aficionados, según las previsiones oficiales. Una energía mundialista en la que confía el Gobierno para diluir los reclamos. El torneo, el tercero que alberga el Estadio Azteca, ha servido de catalizador para un país agujereado por crisis sociales. Miles de maestros —10.000 según el sindicato, 3.000 según el Gobierno— están acampados en el centro histórico capitalino desde hace dos semanas con la misma demanda que hace 18 meses: volver a las pensiones públicas, una petición irrealizable para el Ejecutivo. Por eso, 50 mesas de trabajo después, ni Rosa Icela Rodríguez ni Mario Delgado, los secretarios de Gobernación y Educación, que encabezan las negociaciones, han logrado evitar el regreso a las calles de la Coordinadora Nacional (CNTE), pese a las advertencias de hace un año. De momento, el enorme despliegue policial les ha impedido llegar al Estadio Azteca y al Zócalo, donde la presidenta tenía previsto asistir al partido inaugural, ahora en el aire, a la espera de la evolución de la protesta.

También los colectivos de búsqueda de desaparecidos han anunciado sus marchas para este miércoles y para el propio jueves en la mañana. Era la última acción que les faltaba. Las madres ya han colocado los rostros de sus hijos en playeras de la selección, en un álbum de estampas, en lonas sobre las avenidas, ya han hecho todo para que sea obligatorio mirar a los ojos de las 133.000 personas que están sin localizar en el país. La fecha de inauguración es su último reflector. A estos colectivos se ha sumado a última hora también una protesta por la independencia judicial al sur de la ciudad y también un contingente de estudiantes de Ayotzinapa, que llegó con explosivos —ya requisados— el lunes. El Gobierno sí ha conseguido detener a tiempo al poderoso frente de los agricultores, que, según han señalado a EL PAÍS, han concedido esta semana de margen porque las negociaciones con la nueva titular de la Secretaría de Agricultura están encaminadas.

Ciudad de México

Con el Coloso de Santa Úrsula blindado a un kilómetro a la redonda, el Gobierno de Sheinbaum va a centrarse en mantener abiertas todas las vías elevadas que llevan directas al estadio. Las autoridades van a permitir la entrada a esta última milla protegida desde las seis de la mañana, es decir, siete horas antes del pitido inicial. “El acceso de los aficionados está garantizado. Solo pedimos que lleguen temprano. Si alguien quiere llegar a cuarto para la hora, quizás tenga más complicaciones. Que sean más previsores, eso sí se lo pedimos”, ha dicho el martes el secretario de Gobierno de Ciudad de México, César Craviotto. Con las marchas consignadas y los turistas en la capital, las autoridades ya solo confían en una coexistencia pacífica. El objetivo es contener, no confrontar. La presidenta ha insistido desde sus conferencias matutinas en que la libertad de manifestación está garantizada y que su Gobierno nunca va a castigar la protesta pública. A Sheinbaum no le importa tanto que esté cerrada la calzada de Tlalpan, lo que más le preocupa es que México proyecte una imagen de represión antes de que Shakira salga a cantar.

Los maestros estallan, el campo concede

Claudia Sheinbaum se ha enfrentado en el último año a dos grandes desafíos internos: el poder organizador de la CNTE y el pulso del agro en las carreteras. El Gobierno lleva meses encadenando una mesa de negociación tras otra para evitar que el descontento se saliera de control, pero los resultados han sido muy dispares. Mientras los maestros aprietan en las calles para destaponar su principal demanda, la vuelta a las pensiones públicas, el campo se muestra tímidamente satisfecho con el transcurso de las conversaciones. “No nos sentimos completamente atendidos pero sí sentimos que vamos a avanzar”, señala Eraclio Rodríguez, uno de los líderes del Frente Nacional por la Defensa del Campo, que le ha concedido al Ejecutivo el disfrute del partido inaugural, aunque no descarta movilizaciones después.

Los interlocutores juegan un rol distinto en cada caso. Mientras los maestros apuntan a la insatisfacción con las medidas propuestas —las últimas, fortalecer la única afore pública y crear una aseguradora pública—, el representante de los agricultores habla de un cambio “como el día y la noche” en la Secretaría de Agricultura, antes encabezada por Julio Berdegué y ahora por su antigua subsecretaria Columba López. “Nos va mejor, nos va bien”, señala, y contrasta con las dificultades que enfrentan con el titular de Economía, Marcelo Ebrard. El panorama cambia por el lado magisterial. “No es un problema de personalidad. Ella [por Rosa Icela Rodríguez] tiene las disposiciones. Es gente muy decente, nos ha tratado bien, el problema es de fondo: que no plantean abrogar la ley del ISSSTE”, resume Pedro Hernández, secretario general de la CNTE en la Ciudad de México.

El titular del organismo público, Martí Batres, o la propia Claudia Sheinbaum, vienen de movilizarse en las calles de la misma forma que ellos lo hacen ahora. Se conocen, son los mismos de un lado y del otro y, en términos generales, se respetan. Eso añade una capa de complejidad a las negociaciones, pero no las resuelve. “Tienen antecedentes de lucha por los derechos. A veces el poder hace que se te olvide esa parte. Nosotros pensaríamos que la simpatía tendría que favorecer los esquemas de negociación”, lamenta el sindicalista.

Ciudad de México

La decepción ha cundido en el sector más radical del magisterio mientras el Gobierno le apuesta al cansancio y a la presencia policial disuasoria en unas movilizaciones que siempre consiguen arrancar alguna medida más, pero nunca la que ellos querrían. Según el Ejecutivo, el regreso a las pensiones públicas requeriría un desembolso del 20% del PIB nacional, una interpretación que los docentes descartan y que los ha llevado a escalar la tensión en vísperas de la inauguración del encuentro deportivo. No está claro a favor de quién jugará el tiempo cuando la euforia colectiva se adueñe del espíritu nacional.

Los desaparecidos, la crisis perpetua

Entre todas las crisis de México, hay un lamento viejo: un país, donde gobierno tras gobierno, desaparecen miles de personas sin que ninguna autoridad detenga la tragedia. Las instancias internacionales lo han definido como una emergencia humanitaria, pero en el país es tan común que a veces pasa desapercibido. Todas las sedes mundialistas tienen su plaza, su glorieta de los desaparecidos, un espacio donde las familias insisten en dejar ese recordatorio: son muchos los que faltan. Sheinbaum ha presentado de momento en su Gobierno un paquete de leyes y una reinterpretación del registro de desaparecidos, ambos muy criticados por los colectivos. Así, ante la inminente llegada del Mundial, empezó a apretar el paso. “En estos meses hemos tenido reuniones para la construcción de algunas mejoras para el protocolo de investigación y la ley”, señala Jacky Palmeros, fundadora del colectivo Una luz en el camino tras la desaparición de su hija Monserrat Uribe, en 2020, en Iztapalapa, al oriente de la capital: “Pero falta disposición y voluntad”.

Estas reuniones, sin embargo, han ido acompañadas de lo que los colectivos definen como “una nueva forma de reprimir y violentar a las familias”: quitar las fichas y las lonas de los desaparecidos en cuanto ellas las colocan. Ante ese escenario han decidido marchar. “Nuestra intención jamás es boicotear el mundial, no es impedir que la gente vaya lo vea y se divierta, solo visibilizar lo que ustedes tanto han empeñado en ocultar. En ese contexto, pedimos que las próximas acciones sí sean respetadas”, pidió Palmeros esta semana al secretario de Gobierno, César Craviotto. “Nos dijeron no vamos a poder acercarnos, visibilizar y manifestarnos libremente porque nos van a cerrar el el acceso al libre tránsito”, apunta ahora la activista, que considera que “hay una sensación de hostilidad en el ambiente”: “Hay miedo, creo, por ambas partes. No se sabe lo que va a pasar. Solo queda esperar. Ni ellos ni nosotros vamos a cambiar de parecer”.

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