El tren de pasajeros número 13, procedente de Santiago de Cuba con destino a La Habana, sufrió un descarrilamiento esta noche en la provincia de Las Tunas en el kilómetro 669 de la vía central, en las cercanías de la terminal del poblado de Omaja, municipio Majibacoa, al este de la provincia.
A bordo del convoy viajaban unas 900 personas entre pasajeros y tripulantes. Según el reporte del Periódico Las Tunas Cuba, no se registraron lesionados: «No se reportan lesionados entre las 900 personas, entre pasajeros y tripulantes, que viajaban en el tren».
Las máximas autoridades del territorio oriental se trasladaron de inmediato al lugar del suceso para coordinar las acciones necesarias, garantizar la seguridad de los pasajeros y organizar la evacuación de todos los ocupantes del convoy.
Al cierre de esta nota, se trabajaba en la evaluación de los daños materiales y las causas del descarrilamiento permanecían bajo investigación.
La noticia fue publicada como «en desarrollo» por el Periódico Las Tunas Cuba, por lo que se esperan actualizaciones sobre el estado definitivo de los pasajeros evacuados y el origen del accidente.
El incidente ocurrió en horas de la noche, según se desprende de la imagen del vagón publicada junto al reporte oficial, lo que añade dificultad adicional a las labores de evacuación en una zona rural del oriente cubano.
El accidente se inscribe en un patrón sostenido de descarrilamientos en la Línea Central cubana.
La provincia de Las Tunas ha sido escenario de al menos tres de estos incidentes en menos de dos años: en Jobabo en agosto de 2024, cuando el tren Manzanillo–La Habana descarriló sin heridos ni daños de consideración; en Bartle en octubre de 2025, con 577 pasajeros a bordo y sin heridos; y ahora en Omaja, municipio Majibacoa.
El propio tren Santiago de Cuba–La Habana había protagonizado dos incidentes de varadas prolongadas en Camagüey en enero de 2026, cuando los pasajeros esperaron horas sin explicaciones oficiales, y en febrero de 2026, presuntamente porque la locomotora estaba en el taller, lo que evidencia el deteriorado estado del material rodante en esa ruta.
En mayo de 2025, el tren Holguín–La Habana se descarriló en Camagüey y dejó 18 heridos sin fallecidos, en uno de los accidentes más graves del período reciente. Meses después, en noviembre de 2025, otro convoy descarriló en la ruta Habana–Sancti Spíritus, sumando un nuevo episodio a la cadena de accidentes.
Ferrocarriles de Cuba reconoció en su balance de seguridad vial de 2025 al menos nueve afectaciones a la seguridad ferroviaria, atribuidas a ganado suelto en las vías, deficiencias técnicas en la infraestructura y negligencias operacionales, cifra que ya representaba una reducción respecto a las 20 afectaciones registradas en 2024.
La red ferroviaria cubana acumula décadas de deterioro por falta de inversión, mantenimiento deficiente y escasez de piezas de repuesto, consecuencia directa del colapso económico generado por 67 años de dictadura comunista.
La capacidad del tren número 13 —unas 900 personas entre pasajeros y tripulantes— refleja que se trata de uno de los servicios ferroviarios de mayor demanda del país, que conecta las dos ciudades más importantes de la Isla.
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