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junio 4, 2026
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Se le cae otro negocio millonario a Cuba: países cortan contratos con misiones médicas

Se le cae otro negocio millonario a Cuba: países cortan contratos con misiones médicas
Estos convenios han funcionado durante años como una vía de entrada de divisas en plena crisis económica interna. (Captura de pantalla © TV Azteca – YouTube)

Las misiones médicas cubanas, durante décadas presentadas por La Habana como símbolo de solidaridad internacional, atraviesan un nuevo revés regional que apunta directamente a una de las fuentes de ingresos más importantes del régimen cubano.

Según ha reportado CNN, varios países de América Latina y el Caribe han cancelado o revisan sus contratos con brigadas sanitarias de la isla, en medio de la presión de Estados Unidos y de crecientes acusaciones de explotación laboral, trabajo forzoso y trata de personas.

Honduras, Jamaica, Guyana, Guatemala y Venezuela figuran entre los países que han roto o están reconsiderando acuerdos con el personal médico enviado por Cuba.

El impacto sanitario en comunidades pobres es real, pero el golpe político y económico para La Habana también lo es: estos convenios han funcionado durante años como una vía de entrada de divisas en plena crisis económica interna.

El Departamento de Estado de EEUU estima que el gobierno cubano puede ingresar hasta 4.000 millones de dólares anuales por estos programas, una cifra que La Habana disputa.

Aun así, el propio presidente Miguel Díaz-Canel defendió el año pasado el “derecho” de Cuba a utilizar la cooperación médica como fuente de ingresos, bajo el argumento de que el país enfrenta limitaciones comerciales por el embargo estadounidense.

Médicos cubanos bajo prácticas coercitivas

Las brigadas médicas cubanas han sido una de las principales herramientas de influencia exterior del régimen. En países con déficit de personal sanitario, especialmente en zonas rurales o empobrecidas, los médicos de la isla han cubierto servicios que los sistemas locales no siempre garantizan.

Pero ese componente asistencial convive con denuncias cada vez más graves. Washington sostiene que el modelo permite al Estado cubano quedarse con una parte significativa de lo que pagan los países receptores, mientras los profesionales reciben solo una fracción de esos ingresos y trabajan bajo controles políticos, contractuales y migratorios.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó en abril un informe en el que reconoció la contribución sanitaria de las brigadas, pero señaló presuntas prácticas coercitivas, restricciones a la libertad de movimiento, pagos insuficientes y represalias contra médicos y familiares.

Cuba rechaza esas acusaciones y sostiene que las misiones son programas de cooperación solidaria. Sin embargo, el creciente número de cancelaciones muestra que el costo diplomático y reputacional del modelo aumenta para los gobiernos que mantienen acuerdos con La Habana.

Honduras termina su contrato con Misión Milagro

El caso de Honduras ilustra el efecto práctico de la ruptura. El gobierno hondureño terminó en marzo su contrato con Misión Milagro, un programa cubano de atención oftalmológica. En Catacamas, una clínica pública donde se realizaban cirugías de cataratas dejó de operar para pacientes que no podían costear una alternativa privada.

Héctor Zelaya, uno de los afectados, dijo a CNN que terminó pagando 2.250 dólares por una cirugía en una clínica privada con ayuda de su familia. “La mayoría de la gente aquí no podría pagar eso”, dijo.

La dimensión humana del cierre existe, pero el trasfondo es más amplio: cada contrato cancelado reduce una vía de financiamiento externo para el régimen cubano.

En un país golpeado por la inflación, la escasez, el deterioro del sistema sanitario interno y la pérdida de fuerza laboral por la emigración, el repliegue de las misiones médicas representa otro corte en la entrada de recursos.

Durante años, Cuba exportó servicios profesionales como si fueran una mercancía estatal. Para críticos del programa, esa fórmula convirtió a médicos, enfermeros y técnicos en una fuente de ingresos controlada por el Estado, con márgenes de decisión limitados para los trabajadores.

“Solo cuando sales de Cuba empiezas a abrir los ojos”

Testimonios de antiguos participantes apuntan a una realidad compleja. Algunos profesionales se sumaron a las misiones porque los salarios en Cuba no les permitían vivir con dignidad, pero terminaron denunciando condiciones abusivas y control excesivo.

Un fisioterapeuta cubano que trabajó en Venezuela entre 2017 y 2024 dijo a CNN que la misión le permitió ahorrar dinero, pero también le mostró el contraste entre la narrativa oficial y su experiencia fuera de la isla.

“En Cuba, bromeamos con que tu salario puede cubrir tu comida, tu ropa o tus zapatos, pero no las tres cosas al mismo tiempo… A través de la misión pude ahorrar dinero, pero luego decidí irme”, afirmó.

El mismo profesional agregó: “Cuba es como una burbuja, y cuando estás dentro te dicen que el resto del mundo es malo. En realidad, solo cuando sales empiezas a abrir los ojos”.

El futuro de las misiones médicas queda ahora marcado por una doble presión: la de los países que necesitan personal sanitario y la de los gobiernos que temen quedar vinculados a un sistema denunciado como explotación laboral.

Para el régimen cubano, el problema es todavía más sensible: pierde influencia exterior, pierde legitimidad narrativa y, sobre todo, pierde ingresos.

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