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mayo 29, 2026
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República Democrática del Congo, atrapado entre la guerra y el ébola: "Las guerrillas han perpetrado arremetidas sistemáticas contra infraestructuras sanitarias"

Ante la reaparicin del virus del bola en la Repblica Democrtica del Congo (RDC), el personal de asistencia mdica enfrenta un doble reto: detener una crisis epidmica cuya cepa carece de vacunas, y el intentar acceder a zonas en tensin debido a los grupos armados de la regin.

El repunte ha provocado ms de 200 muertes sospechosas y 900 casos probables desde que se ubic su epicentro en Ituri, fronteriza con Uganda y Sudn del Sur. Como resultado, la OMS ha declarado e brote una emergencia internacional. El incremento responde a que el pas es una zona de movimientos poblacionales ligados a la minera. A esto se suma la dificultad que enfrentan los servicios de salud para acceder a las reas de infeccin, producto de la violencia por diversos grupos armados, como el M23 y las Fuerzas Democrticas Aliadas (FDA).

"Son casi tres dcadas de conflictividad armada y una poblacin civil exhausta y desplazada. Con toda la falta de alimentos y de refugio, se agudiza la extensin del contagio", explica Itziar Ruiz-Gimnez, portavoz de Amnista Internacional. El este de la RDC lleva sumergido en una guerra impulsada por disputas polticas, tensiones tnicas y la explotacin y el comercio ilcito de sus recursos naturales. Minerales imprescindibles para la economa global —como el coltn, el cobalto, el oro y los diamantes— financian a las milicias de la zona.

Ruiz-Gimnez explica que "esas cadenas de extraccin de recursos naturales son claves para entender la lucha, que no pone fin a la impunidad de los crmenes de guerra".

El retorno del virus no es un fenmeno desconocido. Los primeros indicios surgieron en 1976 y su epidemia ms mortfera ocurri entre 2014 y 2016 porque se registraron ms de 28.600 infecciones y cerca de 11.325 muertes, segn el Ministerio de Sanidad del Gobierno de Espaa. Mientras tanto, la irrupcin de la especie Bundibugyo se document por primera vez en 2012, dejando un saldo de 59 pacientes detectados y 34 muertes, aade el Ministerio.

"Con tropas durante mucho tiempo de Ruanda, Uganda y de otros pases, que provocan una alta movilidad, va a haber un vector de extensin de la epidemia. Hay que tener en cuenta, tambin, que estamos ante una catstrofe de derechos humanos en trminos de la violencia sexual", subraya la portavoz de Amnista Internacional.

Segn un informe de la entidad, basado en entrevistas a 71 sobrevivientes en Kivu del Norte , las guerrillas han perpetrado torturas, secuestros, esclavitud, agresiones sexuales y arremetidas sistemticas contra infraestructuras sanitarias. "Los centros mdicos estn en una situacin de crisis crnica, tanto por la prdida de trabajadores de la salud como de medicinas. Estos actos de terror provocan que los habitantes, aunque presenten sntomas compatibles con el bola, eviten acudir a las clnicas por los ataques cotidianos, por parte de la FDA como por el M-23″, aade Ruiz.

Las acciones de las FDA —vinculadas al Estado Islmico— constituyen graves violaciones del Derecho Internacional Humanitario, muchas de las cuales equivalen a crmenes de guerra. Las ofensivas se despliegan en vastas zonas del este congoleo, donde el M23, respaldado por Ruanda, tambin ejecuta embestidas a gran escala. Hoy, los congoleos no solo enfrentan un patgeno letal, sino que temen buscar ayuda. Segn document Amnista Internacional, entre finales de febrero y mediados de mayo de 2025, combatientes del M23 lanzaron media docena de ataques contra hospitales en Goma. Los milicianos raptaron y detuvieron a pacientes que reciban cuidados. En el panorama actual, dos centros de tratamiento fueron incendiados en la regin, que ha estado afectada por intensos combates, causando el desplazamiento de ms de 100.000 personas, segn la ONU.

A esta red de violencia se suman los ndices de abuso sexual. Entre enero y septiembre de 2025, se cometieron ms de 81.000 violaciones, un salto del 31,5 % en comparacin con el 2024, segn la ONU. "Hay 1,5 millones de mujeres en el Congo que a lo largo de su vida han sido violadas. Y con 7,3 millones de personas desplazadas y miles de refugiadas en otros pases, esta catstrofe no puede seguir siendo olvidada; tiene que haber un fin a la impunidad", denuncia Ruiz-Gimnez. Este panorama facilita la propagacin masiva del bola, ya que el virus se transmite a travs de los fluidos corporales.

La realidad supone un desafo para entidades como Mdicos Sin Fronteras (MSF) y la Cruz Roja. Pablo Estvez, responsable de frica de la Cruz Roja, destac que "es una crisis multifactorial, que tiene que ver con la presencia de los grupos armados y tambin con la lucha por el control de la tierra", explica el experto.

Estvez argument que sus intervenciones humanitarias a menudo se ven paralizadas hasta lograr establecer un dilogo con los actores armados, un riesgo ineludible en medio del actual repunte epidemiolgico. "Nos ha pasado en algunos casos que, ante ciertos movimientos de grupos armados, ha habido que desescalar actividades hasta conseguir hablar con ellos… A veces tenemos que hibernar, pero siempre con el objetivo de restablecer ese dilogo y conseguir luz verde", relata.

Al problema se le suma la tardanza en el proceso de los diagnsticos. "El virus estaba en circulacin desde hace semanas. La deteccin ha sido tarda, y eso nos lleva a pensar que el nmero, tanto de casos sospechosos como de posibles fallecidos, puede aumentar", expresa Pablo Estvez.

En paralelo, Alan Gonzlez, director de Operaciones adjunto de Mdicos sin Fronteras (MSF) Suiza ofrece su perspectiva. "En Ituri trabajamos en proyectos porque la poblacin ha sido desplazada debido al conflicto. Entonces, ya tenemos cierta experiencia trabajando en lugares difciles", indica. Aparte del fuego cruzado, Ituri resulta compleja por albergar algunas de las aldeas rurales ms remotas de la RDC.

Frente a la escalada de la crisis, varios pases han comenzado a movilizarse para sellar sus fronteras e intentar frenar el avance de la cepa Bundibugyo, de la cual an no se posee una vacuna o tratamiento concreto para combatirla. Sin embargo, Gonzlez advirti sobre la ineficacia de estas restricciones unilaterales. "Lo que hemos visto es que cerrar fronteras, sobre todo fronteras como estas, no es algo que va a detener que el virus se mueva a diferentes lugares. Creo que lo ms importante es una correcta colaboracin y coordinacin entre agencias internacionales y entre pases para poder rastrear contactos y compartir informacin", puntualiza.

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