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Paola Nogales (La Paz, 1994) lleva un felino silvestre tatuado en el antebrazo. Desde niña siente fascinación por los gatos. Su soledad. Su independencia. La forma de sus orejas. Sus bigotes. “En mi casa siempre hubo un gato doméstico”, recuerda.
Hace poco, la pasión y curiosidad por estos animales, la llevó a ser coautora principal de un estudio que describe una nueva especie de felino silvestre para la ciencia después de cien años: Leopardus tilcayo. La científica conoció a Tigrino, el ejemplar estudiado, cuando era voluntaria del Santuario de Vida Silvestre Senda Verde, en los Yungas de La Paz. Había sido entregado en 2017 por una familia que lo tenía como mascota.

Hoy es un macho de diez años que pesa 1,3 kilos, casi medio kilo menos que el promedio de un gato doméstico.
Pregunta. ¿Qué te llamó la atención de este felino?
Respuesta. Cuando preparaba unas guías educativas para entregar a las comunidades (de los Yungas) que viven cerca al Santuario. Este ejemplar estaba registrado como Leopardus tigrinus, pero la forma de las manchas, la forma de la cola. Era algo totalmente diferente. Le dije a mi colega, Enzo Aliaga: “Este debe ser un guttulus, pero guttulus no está registrado para Bolivia”. Esa fue la primera pregunta. No era describir una nueva especie, sino, cómo es posible que guttulus esté por Bolivia. Ahí empezamos a hacer análisis genéticos de este individuo. Porque su forma no calzaba con la descripción morfológica de Leopardus tigrinus.
P. Pasaron casi cinco años desde ese momento, ¿cuándo surgió la sospecha de que era una especie nueva?
R. Fui al sur de Brasil a hacer una pasantía sobre telemetría de gatos. Como estaba cerca de Porto Alegre, me sugirieron conocer el laboratorio de Eduardo (Eizirik, reconocido genetista e investigador brasileño). Ahí me contó que había detectado algo diferente en muestras de felinos de Perú. Y yo pensé: ‘yo también tengo algo diferente en Bolivia’. Pero no tenía algo sólido. Cuando ellos publicaron un artículo sobre filogenia (2023), liberaron datos genómicos en bases públicas. Los descargué, comparé con la muestra de Bolivia y construí un árbol filogenómico que demostró que el gato boliviano tenía una línea evolutiva diferente. Se lo mostré a mi mentor, Enzo Aliaga, y llamamos a Eduardo.
Él ya tenía a un estudiante de doctorado (Jonas Lescroart, Bélgica) analizando gatos tigre de toda la región y decidimos establecer una primera coautoría principal compartida, lo que permitió integrar 38 genomas completos y darle solidez internacional a la descripción de Leopardus tilcayo.
Y, claro, todo esto tomó cinco años, porque este trabajo lo hago en mi tiempo libre. No recibo salario por estudiar genomas de animales. Mi trabajo es hacer genomas de quinoa u otras especies de plantas.

P. ¿Cómo mantuvieron el secreto? Porque se dice fácil, pero no se descubre una especie de mamífero y felino tan pequeño todos los días.
R. La consigna del equipo fue no contarle absolutamente a nadie sobre el hallazgo hasta que el estudio estuviera arbitrado, aceptado y publicado en la revista científica Current Biology. Nuestro mayor temor era que la información se filtre, viaje a Bolivia, consiga un ejemplar y haga una descripción física rápida para publicarla en cualquier revista científica, quedándose con el crédito del descubrimiento sin hacer los estudios genéticos complejos. Ha ocurrido ese tipo de casos y significan echar por la borda esfuerzo financiero y tecnológico considerable.
P. ¿Por qué nadie se había dado cuenta antes?
R. El tilcayo es bastante similar al margay (Leopardus wiedii). Entonces, hay muchas identificaciones erróneas de este gato y eso infló de forma artificial la distribución. Siendo realistas, el gato tigre y el margay son difíciles de distinguir en cámaras trampa y es imposible detectar cuál es cual sin tener al animal en mano. La diferencia más confiable es ver la dirección del pelo en la nuca, que en el margay crece a contrapelo.
P. ¿Cuál el balance que haces tras la publicación del estudio?
R. Lo más bonito es sacar el nombre de Bolivia afuera. No nos va bien en fútbol, no nos va bien en certámenes de belleza o en competencias de ese tipo y que lleguemos con ciencia a Corea, Japón, Polonia, es gratificante. Tengo amigos de esos continentes que me dicen: “mis amigos se han puesto a googlear dónde está Bolivia”. Ahora hay políticos que me llaman para preguntarme cómo trabajar para proteger a la especie. Y es bueno que se pongan a trabajar en biodiversidad y que por primera vez, le pregunten a un científico.
Lo malo son los comentarios machistas en redes sociales. Tengo capturas de pantallas que dicen: “¿Ella qué ha hecho si el que lo ha descubierto es un comunario?”. Y siempre son hombres.
P. Pero no fue un comunario en sí, ¿cierto? De hecho, el felino estuvo hace décadas, pero la ciencia no lo había reconocido hasta ahora.
R. Sí, sí. De hecho, el nombre tilcayo lo escogimos porque la gente en los Yungas (de La Paz) lo llama así. Y algo importante de mencionar es que no le estamos quitando el descubrimiento a ellos, sino describiendo la diferencia. Ellos le llaman tilcayo para diferenciarlo del gato montés, que es el yaguarundi. Sabemos que la gente tiene un conocimiento ancestral ligado a este nombre y queremos mantener todo el conocimiento asociado a este gato.

P. Se ha propuesto hacer una ley boliviana para proteger al tilcayo, ¿está muy amenazada la especie?
R. Leopardus tigrinus estaba como vulnerable a la extinción. Ahora que sabemos que el tilcayo es otra especie, va a tener como una categorización de más en peligro. Por eso la ley debe estar enfocada en el bosque, porque de nada sirve que lo hagamos símbolo nacional, si no vamos a cuidar su hábitat. Que se siga quemando en la zona donde vive, es absurdo. Hay parches de bosque que no están conectados y la especie necesita conexión.
P. ¿Qué se sabe hasta ahora de él?
R. Creemos que es arborícola. A Tigrino, el ejemplar de tilcayo que está en Senda Verde, le gusta estar arriba de los árboles. No se asemeja para nada al gato doméstico. Por ejemplo, nosotros nunca hemos escuchado que maúlle, en cambio los ocelotes emiten un sonido. Los yagarundis silban, pero al tilcayo y al margay nunca les hemos escuchado, así que es otra cosa para para averiguar.
En pequeños felinos, por lo general, el número de crías equivale al número de pares de pezones de la hembra. Es decir, si tiene un solo cachorro, tendrá un solo pezón. En el tilcayo es posible que tenga una sola cría, pero no se sabe con qué frecuencia se reproduce ni cuánto tiempo permanece el cachorro junto a la madre. Lo que sí se sabe es que es un animal solitario. Vive 13 años, en promedio y Tigrino ya tiene diez, pero existen más individuos en vida silvestre. El ejemplo es una hembra rescatada en 2021 cerca de Senda Verde, a la cual se le tomó una muestra de ADN antes de ser curada y liberada nuevamente en el bosque. Además, continuamos instalando cámaras trampa y recolectando muestras en los Yungas para registrar a otros ejemplares.
P. ¿Qué futuro le depara a un gato que se ha hecho viral?
R. Yo que he buscado fondos para gatos chicos, es difícil conseguirlos. Siento que ahora con el tilcayo, más gente se pondrá a trabajar. Hasta ahora las especies bandera de Bolivia eran el oso jukumari, el jaguar, el delfín de río. Todas grandes. Ahora tienes a un chiquito siendo bandera de un país.
Me pone súper feliz que se haya viralizado, porque va a haber gente que va a empezar a estudiar al gato, así que vamos a saber más de él. Y va a ser gente pagada. Yo demoré porque no tenía nada, pero ahora se puede ir a grandes ONG que tienen cómo financiar estudios.












