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septiembre 19, 2026
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Nuevas normas para visitar Galápagos: expertos analizan qué cambia y cuáles son los retos para controlar su cumplimiento

Las nuevas reglas para visitar Galápagos endurecen las disposiciones sobre el contacto con la fauna, el uso de tecnología y las actividades turísticas, pero expertos consultados coinciden en que el principal desafío no está únicamente en el comportamiento de los visitantes, sino también en la capacidad de las autoridades para controlar un territorio que recibe cada vez más turistas.

Las Reglas Generales de Visita y Normas de Comportamiento aplicables al Parque Nacional Galápagos y la Reserva Marina de Galápagos establecen disposiciones obligatorias para turistas, residentes, operadores turísticos, guías, investigadores, medios de comunicación y otros usuarios de las áreas protegidas.

Entre las medidas constan reglas sobre la distancia que debe mantenerse con la fauna silvestre, el uso de senderos, la operación turística, la fotografía y filmación, el empleo de drones y la obligación de contar con guías naturalistas acreditados, salvo en los sitios que la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) determine como excepciones.

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Las nuevas reglas amplían algunas disposiciones

Para Eliecer Cruz, director del Programa Galápagos de la Fundación Jocotoco, las disposiciones representan principalmente una actualización de normas que ya se aplicaban en el archipiélago.

Explicó que las reglas de comportamiento para visitantes existen desde los primeros años del turismo en Galápagos y que, con el tiempo, se han incorporado nuevas disposiciones conforme han surgido necesidades de manejo.

Cruz considera que uno de los aspectos que sí representa una ampliación está relacionado con la observación de cetáceos.

La normativa establece una distancia mínima de 100 metros respecto de las ballenas y de 50 metros frente a los delfines. Cuando existen grupos con crías, esas distancias deben duplicarse.

Además, las embarcaciones deben realizar las maniobras de aproximación de forma posterior-lateral y en rumbo paralelo al grupo. También tienen prohibido interceptar la trayectoria de los animales, rodearlos o ubicarse en medio del grupo.

La guianza obligatoria no sería una nueva exigencia

Uno de los puntos establecidos en las reglas es la obligación de ingresar a las áreas protegidas acompañados por un guía naturalista de Galápagos acreditado.

Cruz señaló que esta disposición no nació con la nueva normativa. Explicó que la obligación de que los grupos que ingresan a las áreas del Parque Nacional Galápagos estén acompañados por un guía existe desde hace más de tres décadas.

El control, agregó, se articula también con las capitanías de puerto y la Armada del Ecuador, que verifican las condiciones de las embarcaciones y la presencia del guía naturalista durante las operaciones turísticas.

Cruz estima que existe una base amplia de guías naturalistas en el archipiélago. Estos profesionales son contratados y pagados por las empresas turísticas, aunque dependen del Parque Nacional en cuanto a su formación y acreditación.

Añadió que el Parque Nacional y la Reserva Marina cuentan con alrededor de 300 guardaparques, además de sistemas de monitoreo electrónico y vigilancia.

Redes sociales y tecnología entran al control

Para Alberto Andrade, comunicador, divulgador científico y director del colectivo ciudadano Frente Insular de la Reserva Marina de Galápagos, uno de los elementos más relevantes de las nuevas disposiciones está relacionado con el uso de tecnología para la fiscalización.

Andrade explicó que anteriormente podían aparecer en redes sociales fotografías o videos de visitantes interactuando indebidamente con animales protegidos, pero la capacidad para utilizar ese material dentro de procesos administrativos no estaba planteada de la misma manera.

Las personas deberán guardar distanciamiento de la fauna en Galápagos.

La normativa ahora establece que la captación, publicación o difusión de material obtenido mediante actividades no autorizadas puede convertirse en un elemento de verificación dentro de procesos administrativos.

La regla adquiere relevancia porque también prohíbe tocar, alimentar, perseguir, manipular o interferir con la fauna silvestre, incluidos ejemplares muertos.

Los visitantes tampoco pueden alterar sus lugares de descanso, alimentación, reproducción, anidación o crianza.

En fotografía, además, se prohíbe utilizar flash u otros dispositivos que alteren el comportamiento de los animales. La fotografía profesional, filmación, uso de drones, cámaras remotas y determinados equipos aéreos o submarinos requieren autorización previa de la DPNG.

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Playas, ruido y bebidas alcohólicas también están regulados

Las disposiciones alcanzan determinadas conductas relacionadas con el uso de las playas y otros espacios de las áreas protegidas.

La normativa prohíbe utilizar sitios de visita, playas, infraestructura, paisajes o elementos naturales para promocionar o incentivar el consumo de bebidas alcohólicas, tabaco, dispositivos electrónicos para fumar o vapear y sustancias sujetas a fiscalización.

Andrade relacionó esta disposición con la necesidad de mantener el carácter de destino de naturaleza de Galápagos. Comentó que en algunas playas se habían observado situaciones vinculadas con fiestas y equipos de sonido.

El debate de fondo: ¿las normas alcanzan para controlar el turismo?

Franklin Vega, periodista de investigación y editor fundador de Bitácora Ambiental, tiene un punto de vista diferente. Considera que el problema principal de Galápagos va más allá del comportamiento individual de los visitantes.

Para Vega, el desafío central está relacionado con el crecimiento sostenido del turismo y la capacidad institucional para controlar ese flujo.

Uno de los aspectos que señala Franklin Vega que se debe regular es la llegada masiva de turistas. Foto del aeropuerto de las islas Galápagos. Foto: Cortesía

El periodista recordó que el número de visitantes pasó de alrededor de 11.000 en los primeros registros turísticos de las décadas de 1970 a más de 290.000 en 2025.

Ese crecimiento, según su análisis, genera presión sobre los servicios, la infraestructura y los mecanismos de vigilancia de las islas.

También plantea diferencias entre el turismo que permanece en las zonas urbanas y el turismo de navegación, que lleva a visitantes hacia sitios de difícil acceso terrestre.

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Vega sostiene, además, que el Parque Nacional Galápagos enfrenta limitaciones de personal y recursos para vigilancia, especialmente en el ámbito marítimo. En su análisis, esa capacidad resulta determinante para enfrentar problemas como la pesca ilegal y el tráfico de especies.

Vega mencionó decomisos de iguanas marinas realizados fuera de Galápagos y sostuvo que estos casos evidencian la necesidad de reforzar los controles sobre el traslado de especies desde las islas hacia el continente. (I)

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