Expreso Digital

Actualidad

28.3°C
  • República Dominicana
28.3°C
  • Santo Domingo
junio 7, 2026
Síguenos:
Expreso DigitalBlogInternacionalesLos deudores de Caracas temen que el diablo vaya a cobrarles

Los deudores de Caracas temen que el diablo vaya a cobrarles

Para llegar al santuario de Dr. Diablo’s, descendí al sótano de un complejo de torres brutalistas, cuyas paredes de hormigón estaban muy manchadas por décadas de gases de escape de vehículos y humedad tropical.

“Bienvenido al Purgatorio”, proclamaba un cartel sobre la imponente estatua de un demonio alado.

Espadas y pistolas antiguas adornaban las estanterías de la sala sin ventanas. Una Biblia ilustrada sobre un atril se abría ante el cuadro “La serpiente de metal”, del artista flamenco barroco Anthony van Dyck.

“Me gusta impactar desde la primera vez”, dijo Rodrigo Herrera, posiblemente el cobrador de deudas más conocido de Venezuela, mientras se echaba colonia.

Su premisa es sencilla: particulares y empresas lo contratan para cobrar deudas de cientos a miles de dólares. Como Dr. Diablo’s, utiliza la humillación pública para presionar a los morosos con el fin de que paguen. Muchos lo hacen después de que su “Comando Móvil Antimorosos” les tiende una emboscada, a menudo en el trabajo.

Este séquito incluye a su mano derecha que va armado con un tridente y vestido de diablo; una “diablita” con cuernos de demonio, pantalones ajustados y una boa roja de lentejuelas; y el propio Herrera con gafas de sol oscuras, traje negro y corbata adornada con llamas.

Estas tácticas callejeras circenses reflejan las imaginativas formas que encuentran los venezolanos para resolver disputas en un país donde el Estado de derecho ha sido destripado por la corrupción y el gobierno unipartidista.

Las deudas se cobran de otras formas y, tradicionalmente, estos métodos suelen implicar violencia. Pero Herrera, de 75 años, rechaza explícitamente la intimidación física, optando en su lugar por algo parecido al arte escénico.

Nacido en Ecuador, emigró a Caracas a los veinte años, en 1970, cuando Venezuela destacaba como uno de los países más ricos de América Latina. Tras licenciarse en Derecho, dijo que vio cómo el sistema jurídico de Venezuela se convertía en una “cloaca que apestaba a corrupción”.

Pero Herrera dijo que también olió una oportunidad de negocio en esa impunidad.

Comenzó su empresa, llamada Dr. Diablo’s, en la década de 1990, cuando una crisis de confianza en las instituciones de Venezuela estaba abriendo el camino para el ascenso de Hugo Chávez a la presidencia.

Desde entonces, Herrera cobra una comisión de alrededor del 20 por ciento de las deudas que le contratan para cobrar.

La inspiración para su diabólica empresa, dijo, surgió de Una cita con el diablo, una película de terror de 1957 que vio cuando era un niño. Está protagonizada por Dana Andrews en el papel de un estadounidense que viaja a Londres para desacreditar una secta satánica, solo para descubrir que sus poderes son reales.

Con un don para lo dramático, Herrera, de pelo plateado, ha llevado la rutina del príncipe de las tinieblas a otro nivel.

En una tarde de mayo, cuando su séquito se dirigió a mortificar a un deudor, se pavoneó por las calles de Caracas con todo su esplendor. “¡Es el diablo!”, gritaban los transeúntes, sacando los teléfonos para hacer fotos.

“Soy abogada y sé cómo funciona el sistema”, dijo Ada Gallardo, una transeunte de 69 años. “Nadie confía en ningún juez. Lo que hace falta es más gente como el Dr. Diablo para que la vaina funcione”.

Herrera y sus colaboradores se subieron a dos camionetas clásicas, una Ford F100 de 1951 y otra Chevrolet Apache de 1955, llamada El Demoledor.

La matrícula de la parte trasera de El Demoledor estaba en inglés. Decía: “Viagra: dale sabor a tu vida”.

Las camionetas se abrieron paso entre el tráfico de Caracas, provocando más vítores. Luego llegaron a su destino: una ferretería del centro de la ciudad. Su propietario, dijo Herrera, le debía a su cliente miles de dólares en pintura.

Los transeúntes se quedaron boquiabiertos cuando la escuadra de Dr. Diablo’s se acercó a la tienda. Cortésmente, pidió hablar con el propietario. Casi en un susurro, Herrera le dijo que aún tenía deudas que pagar.

Visiblemente alterado, el propietario, José Gómez, insistió en que pagaba a plazos. Mostró su libro de contabilidad. Herrera se encogió de hombros. “No es suficiente”, respondió.

“Esto es absolutamente ridículo”, dijo Gómez, de 60 años. “Yo trabajo duro, tengo diabetes, y ahora tengo que lidiar con este tipo de porquerías”.

Herrera se marchó, pero advirtió que volvería si la deuda seguía sin pagarse.

Lejos de la escena, Herrera insiste en que este tipo de trabajo no es para los débiles de corazón. Siempre lleva una pistola para defenderse, y dijo que en gran medida había logrado que sus clientes recibieran el dinero que se les debía.

Hace años, cuando el auge del petróleo levantó la economía venezolana y la gente gastaba libremente y se endeudaba más, su empresa prosperaba. Decenas de vallas publicitarias de Dr. Diablo’s decoraban Caracas.

Una vez, un gran bufete de abogados estadounidense lo contrató para cobrar con éxito una deuda de 1,5 millones de dólares, recordó. Se paseaba con tres diablitas escasamente vestidas a cuestas. Un gran danés, Damián, le acompañaba en sus rondas.

“Damián ya está en el cielo”, dijo Herrera.

El negocio se agotó cuando la economía de Venezuela colapsó hace una década. Tanto los clientes como los deudores huyeron del país. La pandemia de COVID-19 le obligó a suspender temporalmente sus operaciones. Un tejado con goteras dañó su oficina subterránea.

Hace poco decidió volver a la carga. Herrera dijo que ahora tenía puestas sus esperanzas en que el dinero del petróleo revitalizara la economía después de que las fuerzas estadounidenses depusieran al anterior líder de Venezuela a principios de año.

“El petróleo lo que da es gasto, y el gasto lo que trae es deuda”, explicó. “Hermano, hasta el diablo tiene que comer”.

Simon Romero es corresponsal del Times para México, América Central y el Caribe. Reside en Ciudad de México.

Tags:
Share:

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Related Post