Una operación desplegada en zona rural de Convención, Norte de Santander, contra el Eln, derivó en un contundente resultado como producto de un trabajo de inteligencia interagencial que reunió capacidades de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y la Fiscalía en una de las regiones que concentra parte de las operaciones contra los grupos armados y que, por su ubicación, conecta con corredores hacia la frontera con Venezuela.
Se trató del rescate de 8 personas que estaban secuestradas en esa región, pero detrás del caso hay otro elemento que dimensiona la operación. En el procedimiento también participó el Comando Sur de Estados Unidos, en lo que se convierte en el primer gran operativo entre Colombia y Estados Unidos incluido dentro de la Coalición de las Américas Contra los Cárteles (A3C), el esquema bajo el cual ambos países comienzan a articular capacidades contra las redes vinculadas al narcotráfico.
De acuerdo con las fuentes consultadas, se trata del primer gran operativo desarrollado bajo este nuevo esquema de cooperación, no solo por la participación del Comando Sur, sino por el nivel de acompañamiento que tuvo Estados Unidos durante la misión. Inteligencia estadounidense estuvo presente desde las primeras fases de planeación hasta la ejecución final del rescate, una operación que tomó varios días de preparación antes de que las unidades ingresaran a la zona rural de Convención.
Rescate de ocho personas secuestradas por el Eln en Convención, Norte de Santander. Foto:Archivo particular
Fue el propio Comando Sur el que puso el operativo dentro de ese marco. “Elogiamos a las fuerzas de seguridad de Colombia por el exitoso rescate de ocho colombianos secuestrados por el Eln en Catatumbo”, señaló. En el mismo pronunciamiento agregó que “la Coalición de las Américas Contra los Cárteles (A3C) sigue comprometida con interrumpir las redes narco-terroristas”.
La declaración estadounidense permite establecer el alcance que tuvo la operación más allá del rescate de los ocho secuestrados. Colombia ejecutó el procedimiento sobre el terreno con sus Fuerzas Militares y la Policía, acompañadas por la Fiscalía, mientras el Comando Sur hizo parte del apoyo de una misión construida a partir de inteligencia interagencial.
El mensaje del Comando también fijó la línea bajo la cual Estados Unidos está presentando este nuevo escenario de cooperación. “El Hemisferio Occidental no es un entorno permisivo para actividades ilícitas”, sostuvo el comando estadounidense tras conocerse el resultado de la operación.
El coronel Styk Reyes, comandante del Gaula Militar le dijo a EL TIEMPO que la operación comenzó a tomar forma con un esquema que permitió integrar las capacidades de inteligencia militar y de la Policía Nacional. Una vez cruzada esa información, se solicitó el apoyo tecnológico de la DEA para contrastar los datos recopilados y precisar la ubicación del objetivo. Con esas coordenadas definidas comenzó la fase táctica, para la cual fueron seleccionados integrantes de los grupos Gaula élite de las Fuerzas Militares y de la Policía.
El oficial explicó que el despliegue empezó sobre las 2 de la mañana con la revisión de las condiciones meteorológicas y el ingreso de una primera aeronave encargada del reconocimiento de la zona. Posteriormente comenzó el movimiento del componente aéreo que participaría directamente en la incursión. En total, de acuerdo con la información conocida, fueron utilizadas cinco aeronaves para transportar y apoyar a los comandos que entrarían al punto donde permanecían los secuestrados.
La llegada al objetivo se produjo hacia las 4:15 de la mañana. Los comandos desembarcaron y durante cerca de una hora desarrollaron las maniobras sobre el terreno que terminaron con la recuperación de los ocho secuestrados. "La dimensión del rescate también está siendo revisada frente a antecedentes como las operaciones Jaque, de 2008, y Camaleón, de 2010, dos de las acciones de recuperación de secuestrados que marcaron las operaciones de la Fuerza Pública en las últimas dos décadas", dijo comandante.
Rescate de ocho personas secuestradas por el Eln en Convención, Norte de Santander. Foto:Archivo particular
¿Por qué Catatumbo?
El punto escogido para esta primera operación de alcance dentro de la A3C tampoco está aislado del mapa que las autoridades colombianas vienen construyendo alrededor de los grupos armados. El rescate ocurrió en el Catatumbo, una región donde el Eln mantiene presencia y desde la cual existen conexiones hacia Venezuela y corredores que se extienden hacia otras zonas del territorio nacional.
En ese mismo mapa aparece Aguachica. Desde la llegada del Gobierno del presidente Abelardo De La Espriella, este municipio del sur del Cesar se convirtió en una de las puntas de lanza de la política de seguridad y defensa. El diagnóstico de las autoridades identifica esta zona como un punto de interés por la presencia del Eln y por las conexiones que permite hacia la costa Caribe, el Magdalena Medio, el sur de Bolívar y el Catatumbo, además de su proyección hacia la frontera venezolana.
Sobre ese corredor también se registra una disputa entre el Eln y el ‘clan del Golfo’. El control territorial y de las rutas que atraviesan esta franja explica parte de la decisión del Gobierno de concentrar allí nuevas capacidades de la Fuerza Pública y retomar un modelo de operaciones conjuntas.
Precisamente en Aguachica será desplegada la Fuerza de Tarea Conjunta Urano, que retomará operaciones durante este Gobierno y tendrá como uno de sus escenarios de acción el sur del Cesar. Su llegada hace parte de la reorganización de capacidades para intervenir una zona que conecta varios de los territorios donde operan estructuras armadas.
Militares en el Catatumbo. Foto:Cortesía
’Cooperación nunca debió perderse'
Luis Eduardo Saavedra, experto en seguridad, señaló que la operación del Catatumbo confirma que la cooperación con el Comando Sur de Estados Unidos, que nunca debió perderse, potencia lo que las Fuerzas Militares y la Policía Nacional de Colombia ya sabían hacer: ejecutar con precisión.
“El dron y la información satelital estadounidenses redujeron la incertidumbre sobre el objetivo, y fueron el Gaula Militar y el Gaula de la Policía quienes se jugaron el cuerpo insertándose de madrugada en un territorio controlado por el Eln, convirtiendo esa información en una operación quirúrgica, ejecutada en horas, sin bajas y con ocho rehenes vivos. Esa combinación —ojos en el cielo gracias a Estados Unidos y botas entrenadas en tierra gracias a la profesionalización de nuestra Fuerza Pública— es la que explica el resultado, y es la prueba de que retomar esa cooperación era la decisión correcta”, dijo el experto.
De acuerdo con el experto, esa capacidad operativa se ve reforzada cuando la conducción política del país se ejerce con claridad, como lo está haciendo el presidente Abelardo De La Espriella.
La unidad esta conformada por tres batallones de Despliegue Rápido. Foto:Cortesía
“Un soldado que tiene respaldo político y jurídico para actuar opera con más determinación, porque sabe que la decisión que toma en fracciones de segundo será respaldada después y no cuestionada por conveniencia; esa certeza eleva la moral de la tropa, y una tropa con la moral alta decide más rápido y arriesga con más confianza. El mérito de que ocho colombianos duerman hoy en su casa es, ante todo, de quienes se jugaron la vida por traerlos de vuelta, de la cooperación con Estados Unidos que nunca debió interrumpirse, y de un liderazgo político que hoy les está dando la certeza de que esa entrega no queda sola”, aseguró.
Redacción Justicia
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