Tras haber salido del municipio de El Águila, uno de los más afectados del Valle del Cauca, con estimaciones de afectaciones que superan el 70% del pueblo, la siguiente parada era la ciudad de Cali, cuyo ingreso en el Norte daba una falsa ilusión de normalidad.
Luego de atravesar de extremo a extremo la capital del Valle, el sector del Limonar reveló la realidad que se vive desde que el terremoto de magnitud 7,4 sacudió al país.
Cadenas humanas compuestas por numerosas personas apuntaban el camino hacia la zona de trabajo, un gigante montículo de escombros que corresponde a múltiples edificaciones que se derrumbaron el 10 de agosto.
Canecas y baldes iban y venían, vacías y con escombros, provenientes de la zona donde bomberos, rescatistas y paramédicos adelantaban labores específicas de búsqueda y rescate, relevando a las decenas de personas que desde temprano en la mañana y a merced del inclemente sol, removieron escombros por horas.
Fue a eso de las 6:50 de la noche que las autoridades empezaron a pedir que los civiles en el sitio se replegaran detrás de las cintas de seguridad que establecían el perímetro de seguridad de la zona.
Centenares de personas obedecieron —algunos con reticencia— y se ubicaron tras las cintas, apuntando la vista con atención a dos puntos en los que más de una veintena de uniformados se abrían paso entre los densos escombros.
La impaciencia empezó a hacer de las suyas entre los presentes. Mientras tanto, los voceros de los bomberos empezaron a hacer llamados de atención, cada vez más desesperados, en busca de señales de vida bajo tierra: un golpe, un grito, cualquier gesto perceptible.
El reloj seguía corriendo y fuera de las cintas de seguridad, las personas que estuvieron trabajando para remover los escombros y allanar el camino para los organismos de rescate, afirmaron una y otra vez: "Yo escuché a alguien allá abajo", "Se escuchó duro", "Era una mujer, ¿no?".
A las 7:58 de la noche empezaron las primeras señales manifiestas de vida bajo los escombros. Una mujer, que asumió la vocería, empezó a hacer llamados a las personas bajo los el derrumbe. Primero, generales: "Si hay alguien con vida, por favor golpee dos veces". Luego, los llamados se volvieron específicos: "Xiomara, si estás con vida, por favor emite un sonido".
Estos llamados se extendieron por más de media hora, a la par que en el lugar del rescate empezaban a bajar pipetas de oxígeno, botellas de agua y demás elementos para proceder con el rescate.
Entre tanto, afuera de las cintas de seguridad, toneladas de alimentos y galones de bebidas fueron repartidos entre los presentes. Personas con neveras portátiles repartieron diferentes alimentos, mientras que un hombre con una carreta de obra llena de bebidas sumergidas en agua con hielo hizo lo propio. Los presentes, jocosamente, la denominaron la 'carreta de hidratación'.
A las 8:07 de la noche, los equipos empezaron a utilizar cámaras térmicas para captar señales precisas de vida bajo los fríos escombros.
A medida que las confirmaciones con el uso de cámaras térmicas y micrófonos de alta ganancia avanzaban en el sitio del rescate, la vocera de las autoridades continuó haciendo llamados.
Al principio, estos llamados siguieron dirigiéndose a Xiomara. Luego, los llamados se volvieron más 'amplios'.
Entonces, tras minutos de angustiante silencio, las cámaras captaron 29° bajo los restos de los edificios.
A las 8:22, los llamados incluyeron a Juan Sebastián y Valentina.
Varios minutos después, a eso de las 8:30, los llamados se ampliaron aún más: Xiomara, Valentina, Juan Sebastián, Luz Adriana y Mélida.
Luego, otra vez se hizo el silencio entre los centenares de personas en el lugar, a la espera de la tan anhelada confirmación.
Pasaron exactamente 24 minutos, y finalmente a las 8:54 minutos de la noche del 11 de agosto, los bomberos de Cali confirmaron vida bajo los escombros.
Después de la confirmación, los civiles que sirvieron valientemente como voluntarios durante toda la jornada del 11 de agosto empezaron a pedir que los dejaran pasar a ayudar a remover los escombros restantes para completar el rescate.
Por otro lado, en uno de los costados del sector, la ambulancia esperaba con el motor encendido. En el camino hacia el vehículo de emergencias una cadena humana se formó para allanarle el recorrido a la persona extraída debajo de las toneladas de escombros.
A la par, los ánimos se caldearon. Vecinos de viviendas contiguas a la zona empezaron a intentar grabar el proceso de extracción, mientras que a nivel del suelo, las personas que conformaron la cadena humana amenazaron con agredir a aquellas personas que grabaran, puesto que minutos antes las autoridades y organismos de rescate habían hecho un llamado claro: no grabar por respeto a la víctima y su familia.
Finalmente, la presión de las masas llevó a que las personas que esgrimieron sus celulares los guardaran y esperaran a que se completara la extracción sin sus celulares.
Pese a que el 'público' esperaba con ansias la extracción del sobreviviente, hubo que recurrir a la paciencia nuevamente. Pues las labores en el punto eran complejas y los organismos de socorro intensificaron los trabajos.
De hecho, las labores se concentraron en varios puntos: al menos cinco.
Sierras eléctricas, cinceles y taladros repicaban contra el concreto una y otra vez. Cada tanto se volvieron a pedir pausas de silencio en busca de señales que dirigieran con precisión a los rescatistas hacia las víctimas.
Hubo un lapso de aproximadamente 59 minutos entre el momento en que la ciudad de Cali celebró la confirmación de vida y el momento en que la primera persona con vida fue sacada a la superficie y subida a una ambulancia.
Pero ahí no concluyó el rescate. En al menos cuatro puntos más continuaron las incansables labores de búsqueda de supervivientes.
A contracorriente con el toque de queda decretado en Cali —que iniciaba a las 9:00 p.m.—, no disminuyó la cantidad de personas en la zona, por el contrario, aumentó.
No todo fueron buenas noticias en la zona. A las 10:17 de la noche, un bombero de la ciudad de Cali se acercó al campamento de los bomberos de Jamundí diciendo: "¿Ustedes me pueden prestar una canastilla para extraer un cuerpo?".
Las noticias del hallazgo de cuerpos sin vida continuaron. A las 10:30 p.m. los rescatistas pidieron la presencia de la Policía para el reconocimiento de un cuerpo.
Pese a las pérdidas, los rescatistas le presentaron sus respetos a las víctimas orando, tanto por su descanso, como por la integridad de las demás personas atrapadas bajo los escombros, con la esperanza inmodificable de poder encontrar una vida más.
A las 10:46 p.m., nuevamente y casi dos horas después del primer grito de victoria, sobre la parte central de la montaña de escombros, los rescatistas percibieron otra señal de vida.
NICOLÁS TAMAYO ESCALANTE
Enviado especial de EL TIEMPO.









