El escritor, lingüista y traductor Rodolfo Alpízar Castillo publicó este viernes en Facebook una denuncia irónica sobre el desborde de aguas albañales en la esquina de Figueroa y Luis Estévez, en el barrio Santos Suárez, municipio Diez de Octubre, La Habana.
Las primeras palabras de su breve post lo dicen todo: «Hermosas vistas turísticas». Con esa ironía que lo caracteriza, Alpízar describió cómo las aguas albañales «como muestra de inclusividad, se unen desprejuiciadamente con la potable» y advirtió que «ya no existe la calle» en ese punto del barrio.
Las fotografías que acompañan el post no dejan margen para la duda: agua turbia de color verdoso-grisáceo cubre la calzada, una tapa de alcantarilla aparece sin su cubierta metálica y completamente anegada, el pavimento muestra grietas y hundimientos severos, y la maleza crece entre los escombros.
El remate fue tan previsible como demoledor: «Ah, se me olvidaba: Es culpa del bloqueo». Con esa coletilla, Alpízar parodió el argumento que el régimen repite como mantra ante cada calamidad, desde los apagones hasta el colapso del transporte.
Los internautas respondieron en la misma clave. Uno preguntó con idéntico sarcasmo: «Con esos recursos hermosos no sé por qué no van los turistas». Otro fue más directo: «Incluso el bloqueo ha borrado la inteligencia de muchos directivos».
Lo que Alpízar retrata no es una anécdota puntual, sino el síntoma de un colapso estructural. El sistema de alcantarillado de La Habana fue construido entre 1908 y 1914 para una ciudad de unos 600,000 habitantes; hoy debe dar servicio a unos dos millones de personas, con 1,755 kilómetros de tuberías en estado de obsolescencia.
El municipio Diez de Octubre acumula golpe tras golpe. El 20 de agosto, una rotura en un conducto de 78 pulgadas de Cuenca Sur dejó sin agua a seis municipios capitalinos, entre ellos ese.
Por otra parte, más del 80% del sistema de abasto de agua en la isla depende del bombeo eléctrico, convirtiendo cada apagón en un corte de agua automático. En julio, más de 500,000 habaneros sufrían problemas de abastecimiento.
La voz de Alpízar resulta especialmente incómoda para el régimen porque no puede ser descartada como «mercenario del imperialismo»: se trata de un intelectual que es exvicepresidente de la Sección de Traductores Literarios de la UNEAC, ganador del Premio Aurora Borealis de la Federación Internacional de Traductores en 2011 y de la Distinción por la Cultura Nacional en 2013.
En lo que va de 2026, el escritor ha construido una larga crónica irónica y sostenida de la decadencia cubana. En junio lanzó cinco demandas políticas a Díaz-Canel: amnistía, aplicación del artículo 56 de la Constitución, abolición de la pena de muerte, transparencia y plebiscito. Y a comienzos de agosto rechazó participar en la 34 Feria Internacional del Libro, con una frase que resume su postura: «Un centavo del presupuesto que se gaste en la feria es, para mí, un centavo robado al bienestar del pueblo. No lo apoyaré con mi presencia, aunque mi gesto no cambie nada».
Su post sobre las aguas albañales de Santos Suárez es la entrega más reciente de esa aguda e intensa crónica.
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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.










