
El fenómeno libertario, ese que prometía arrasar con la casta desde sus cimientos, parece estar atravesando una crisis de vestuario. Según el último relevamiento de DC Consultores, el 53,9 por ciento de los bonaerenses siente que vive en un guion digno de Mad Max, donde cada uno se las arregla como puede. La épica de la motosierra se topó con la cruda realidad de un distrito que exige reglas claras y no un show de pirotecnia discursiva.
En el conurbano, la narrativa presidencial que demoniza al Estado choca de frente con un 44,2 por ciento que identifica al gobierno provincial como el verdadero monstruo de la película, pero que, al mismo tiempo, le da una nota lapidaria de 2,3 puntos a la gestión educativa de Axel Kicillof. No hay superhéroe que rescate a nadie si la educación pública se hunde mientras se discute el sexo de los ángeles en las redes.
El dato que debe estar sacándole el sueño al inquilino de Balcarce 50 es la performance de su armado provincial. La alianza entre La Libertad Avanza y el PRO lidera con un 39,4 por ciento, pero el verdadero protagonista de esta trama es Diego Santilli, quien se posiciona con el 43,9 por ciento de intención de voto directo y una imagen positiva del 50,9 por ciento.
Javier Milei puede llenar estadios y vender motosierras, pero los bonaerenses a la hora de tachar la boleta eligen al "Coloradito" de gestión aceitada. Es la paradoja perfecta: un presidente que reniega de la casta se aferra al ala más tradicional del PRO para no quedar fuera de cartel en la provincia más grande.
La encuesta es clara: el 68,1 por ciento votaría por un cambio de rumbo, pero ese cambio, en la práctica, tiene la cara de los mismos de siempre. El "plan motosierra" se transformó en una licuadora de identidades donde los libertarios terminan mimetizándose con lo que juraron destruir.
En la Ciudad de Buenos Aires, el panorama no es menos bizarro. La disputa entre el PRO y LLA está cabeza a cabeza (29,9 por ciento versus. 28,3 por ciento), pero lo que realmente preocupa al vecino no son las internas de tercios, sino la presión tributaria. El 33,6 por ciento cree que las bajas de impuestos son pura especulación electoral. La sociedad está harta de que le vendan humo con franjas de colores.
Si el gobierno nacional quiere realmente "cambiar el rumbo", debería empezar por dejar de financiar la publicidad oficial y usar esa plata para combatir la inseguridad, como exige casi el 30 por ciento de los consultados.
La política está tan desconectada de la realidad que el 66,3 por ciento está de acuerdo con eliminar las PASO, hartos de que los dirijan a la interna como si fueran ganado.
La grieta entre el relato y la gestión es abismal. El presidente Milei, que se jacta de decir verdades incómodas, no logra despegar la imagen de que su gobierno es puro verso. La encuesta porteña es contundente: un 39,7 por ciento tiene una imagen negativa de él, y eso que gobernó la ciudad antes de llegar a la presidencia.
La gente ya no cree en cuentos de hadas ni en superhéroes. En PBA, la intención de voto para el peronismo está en un magro 22,9 por ciento, pero eso no es mérito de LLA, sino el resultado de un oficialismo provincial que se desgasta solo.
La verdadera batalla no es entre libertad o casta, sino entre la gestión y la chicana. Los números no mienten: la imagen positiva de Santilli (50,9 por ciento) supera ampliamente a la de Milei (42,2 por ciento) en territorio bonaerense. El efecto arrastre funciona, pero no hacia arriba. La sociedad está exigiendo que se deje de joder con el relato y se ponga la tarasca donde se necesita.













