Una fotografía de la Terminal Nacional de Ómnibus de La Habana completamente vacía ha despertado tristeza y nostalgia de cuando sus andenes permanecían abarrotados de autobuses y pasajeros a cualquier hora del día.
La imagen, publicada el pasado lunes en Facebook por el fotógrafo Agustín Batista, muestra los andenes sin un solo ómnibus, con apenas un camión azul bajo la característica marquesina circular de concreto.
Batista tituló la fotografía con una sola palabra: «DESÉRTICA», y atribuyó la escena al «cerco energético y la consiguiente falta de combustible».
«Imposible no recordar mis años de estudiante universitario y los posteriores, cuando ese mismo andén permanecía todo el tiempo saturado de ómnibus que arribaban desde, o partían hacia, todo el archipiélago durante las 24 horas del día», escribió.
La publicación despertó recuerdos entre quienes durante años utilizaron la terminal para desplazarse entre La Habana y otras provincias.
«Esa terminal siempre estaba llena. Estuve viajando cinco años Ciego-Habana y viceversa. Dan ganas de llorar», comentó una cubana. «Increíblemente real», añadió otro. Otra persona recordó una época en la que el pasaje interprovincial costaba 11 pesos y podía abordar un ómnibus sin esperar más de una hora.
Otro internauta señaló que la imagen de una terminal vacía contrasta con lo que ocurre en otros puntos del país, donde numerosos cubanos continúan buscando desesperadamente una forma de viajar. Como ejemplo mencionó el parque Martí, frente a la sede del Gobierno en Ciego de Ávila, donde, según su testimonio, se concentran personas pendientes de listas y turnos para conseguir transporte. El comentarista describió además la presencia de ancianos y personas que recurren a la reventa de turnos como una vía para obtener algún ingreso diario. «De un lado unos buscan con desespero llegar a otro destino y del otro los que inventan cada día para sobrevivir», resumió. Para el usuario, una fotografía de esas escenas cotidianas también mostraría una realidad capaz de «hacer llorar al ojo detrás del lente».
Una terminal vacía en medio del colapso del transporte
La fotografía refleja una crisis de movilidad que se ha profundizado durante 2026 debido a la escasez extrema de combustible y el deterioro del transporte público.
Cuba permaneció durante meses sin recibir suministros regulares de petróleo importado tras la interrupción de los envíos procedentes de Venezuela y México. Un cargamento ruso de unos 730,000 barriles llegó a finales de marzo, pero las reservas volvieron a agotarse.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció en mayo la gravedad de la situación al afirmar que el país no tenía «absolutamente nada» de diésel ni fuel oil para sostener el sistema eléctrico.
El transporte ha sido una de las principales víctimas de la crisis. En febrero, el servicio urbano de La Habana llegó a quedar paralizado por falta de combustible, mientras que en junio el Ministerio de Transporte aplicó fuertes recortes a las conexiones interprovinciales.
Los Ómnibus Nacionales entre La Habana y las cabeceras provinciales pasaron de salidas diarias a tres frecuencias semanales, mientras destinos como Baracoa, Manzanillo y Moa quedaron reducidos a una salida por semana.
Los trenes nacionales hacia el oriente también fueron recortados: de 62 servicios mensuales pasaron a apenas 16, una reducción del 74%, con frecuencias que en algunos casos llegan a una salida cada 16 días.
A las dificultades se sumaron nuevos cambios en la venta de boletos, incluida la suspensión de operaciones de la aplicación Viajando y el regreso de parte de la comercialización a las agencias físicas, con reservas limitadas a pocos días de antelación.
De 1,500 ómnibus a una imagen «desértica»
El contraste resulta especialmente simbólico por la historia del lugar. La Terminal Nacional de Ómnibus, inaugurada el 19 de junio de 1951, fue considerada entonces una de las instalaciones de su tipo más modernas y mejor equipadas del mundo. El edificio fue diseñado para atender un tráfico diario de hasta 45,000 pasajeros y 1,500 ómnibus, un dato que acentúa el contraste con la imagen actual de sus andenes prácticamente vacíos.
Más de siete décadas después, la fotografía de un andén vacío se suma a otras imágenes difundidas durante la crisis de 2026: calles prácticamente sin vehículos, el túnel de La Habana desierto y zonas del Aeropuerto Internacional José Martí afectadas por apagones y escasa presencia de viajeros.
Ante la nostalgia expresada por quien recordó una terminal llena de movimiento, Batista respondió con apenas cuatro palabras: «Duele amiga. Duele mucho», una frase que resume el impacto de una imagen donde la ausencia de autobuses cuenta también otra historia: la de un país en el que trasladarse de una provincia a otra se ha convertido en una odisea para miles de cubanos.









