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agosto 22, 2026
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¿Cómo es posible que la República Dominicana haya logrado ser el último país en alcanzar el hambre cero?

A pesar de todas las dificultades que atraviesan América Latina y el Caribe, al menos el hambre disminuyó por quinto año consecutivo en la región.

La pandemia marcó uno de los periodos más difíciles de los últimos años para las familias vulnerables. Desde entonces, la situación ha mejorado gracias a la implementación de programas sociales y la recuperación de la economía regional.

Esto se refleja en el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026”, publicado a finales de julio por varios organismos de las Naciones Unidas.

El estudio señala que en América Latina, la reducción del hambre fue del 4,8% de la población en los últimos cinco años, una mejora que deja a la región con poco más de 30 millones de personas que padecen hambre.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) define el hambre, o la desnutrición crónica, como una ingesta calórica insuficiente durante al menos un año, y para medirla, el organismo utiliza un indicador llamado Prevalencia de la Desnutrición (PoU, por sus siglas en inglés).

El informe señala que la República Dominicana es el último país de la región en alcanzar el "hambre cero", una definición estadística que se aplica cuando menos del 2,5% de la población la padece.

Seis países de la región han alcanzado ese objetivo.

El primero en lograrlo fue Brasil hace más de una década, y el último en erradicarlo ha sido la República Dominicana. Estos son los países con hambre cero y el año en que salieron del mapa mundial del hambre:

Según la FAO, un país se considera libre de hambre cuando menos del 2,5% de su población la padece.

  • Brasil en 2012
  • Costa Rica en 2013
  • Uruguay en 2005
  • Chile en 2021
  • Guyana en 2021
  • República Dominicana en 2026

Las políticas implementadas por estos seis países “revelan un patrón coherente”, declaró Máximo Torero, economista jefe de la FAO, a BBC Mundo.

“El hambre disminuye cuando las políticas agrícolas, económicas y sociales se refuerzan mutuamente”, explica en diálogo con BBC Mundo.

El economista argumenta que es muy importante combinar planes de protección social bien enfocados en los grupos más vulnerables con buenos proyectos de producción agrícola.

Tras todas las investigaciones realizadas sobre la pobreza extrema y la desnutrición crónica, los expertos tienen claro qué estrategias funcionan mejor que otras.

El reto no consiste realmente en inventar una "fórmula novedosa" jamás imaginada. Se trata, según afirman, de algo mucho más sencillo: la forma en que los gobiernos implementan programas contra el hambre a largo plazo.

El ejemplo clásico es Brasil, uno de los países pioneros de la región en salir del mapa del hambre hace más de una década. Si bien la desnutrición crónica aumentó nuevamente durante la pandemia, se recuperó y el año pasado volvió a ser erradicada.

Con más de 200 millones de habitantes, Brasil ha servido de modelo para otras naciones que, a lo largo de los años, han replicado varios de sus programas.

El panorama regional

Según la FAO, Brasil fue el primer país de la región en alcanzar el hambre cero en 2012.

El último informe anual de la FAO incluye información recopilada a nivel mundial entre 2004 y 2025 sobre indicadores como el hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria.

Si bien los resultados de este año son positivos para América Latina, dado que la desnutrición crónica disminuyó en la región y un nuevo país, la República Dominicana, superó el umbral del hambre cero, el resto aún se encuentra rezagado.

Actualmente, Argentina es el país que está más cerca de lograr el hambre cero, seguido de México.

En el otro extremo se encuentra Bolivia, el país donde la gente sufre los mayores niveles de hambre de la región, con casi el 20% de su población desnutrida.

Esta es la lista de países latinoamericanos y sus niveles de hambre, como porcentaje de la población, según datos de la FAO, excluyendo los países que han logrado el “hambre cero”.

No hay información disponible para Nicaragua y Cuba.

  • Argentina 2,8%
  • México 3.1%
  • Colombia 4,1%
  • Paraguay 4,1%
  • Panamá 4,7%
  • Venezuela 5,3%
  • El Salvador 5,3%
  • Perú 5,7%
  • Ecuador 10,8%
  • Guatemala 12,7%
  • Honduras 14,3%
  • Bolivia 19,5%

El caso de la República Dominicana

La dominicana Dioris Rijo, junto con los miembros de su comunidad, ha desarrollado un negocio agrícola que ha cambiado sus vidas.

Pero la novedad del informe reside en la República Dominicana, donde la red de protección social mejoró, beneficiando a familias como la de Dioris Rijo, de 50 años.

Cuando sus tres hijos eran pequeños, hace más de dos décadas, su familia pasó hambre, en medio de un colapso bancario que dejó al país en ruinas, con una inflación descontrolada y un desempleo en niveles récord.

Agricultores de toda la vida en la provincia oriental de La Altagracia, no contaban con suficiente producción agrícola para proporcionar a sus familias o miembros de la comunidad el sustento mínimo para vivir.

Dioris empezó a trabajar en el sector hotelero y en otras empresas de ciudades como Salvaleón de Higüey, cerca de Punta Cana. Cuando llegó la pandemia en 2020, los turistas desaparecieron, y con ellos, los empleos. Regresó al campo para vivir de lo que le daban las cosechas.

Lo que no estaba en sus planes era que un futuro mejor la esperaba en la misma tierra que había dejado. «Aquí me gano la vida y no tengo que ir a trabajar lejos», le cuenta ahora a BBC Mundo.

“Aunque vaya poco a poco, lo poco es mío”, dice con el orgullo de ser una empresaria agrícola independiente.

Su familia y sus vecinos cultivan lechugas, apio y puerros, y crían tilapia en estanques. «Nos ha ido muy bien», afirma.

En las grandes ciudades y otras zonas extremadamente pobres del país, la situación es diferente, pero en la comunidad de Dioris las cosas han ido bien gracias al apoyo de las subvenciones estatales.

La economista dominicana Maribel Suero Castillo, secretaria de Asuntos Técnicos del Colegio Dominicano de Economistas (CODECO), sostiene, sin embargo, que los datos y la realidad económica cotidiana están desconectados, según informan medios de prensa locales.

Existe una desconexión porque el indicador de la FAO mide la disponibilidad nacional de energía alimentaria y las calorías teóricas per cápita, pero ignora la distribución real del ingreso y el acceso físico a los alimentos.

El plan de dos décadas

Según la FAO, la República Dominicana pasó de tener el 21% de su población padeciendo hambre en 2004 a "cero hambre".

Más allá de las discusiones metodológicas, la República Dominicana es, según el informe, el país que más ha mejorado su situación.

Lograr el hambre cero no es un logro de un solo gobierno.

Han pasado más de 20 años desde que el país sufriera un colapso bancario en 2003 que provocó una de las peores crisis económicas de su historia reciente.

Al año siguiente, las estimaciones indicaron que una de cada cinco personas pasó hambre.

En medio del caos, con una inflación descontrolada y un desempleo rampante, Leonel Fernández se convirtió en presidente en agosto de 2004, y el FMI (Fondo Monetario Internacional) implementó, junto con el Gobierno, un programa de estabilización macroeconómica para salir de la emergencia.

En los años siguientes, se produjo una recuperación económica impulsada por nuevas inversiones, el desarrollo del turismo, el auge del sector de la construcción, las zonas francas y, sobre todo, la llegada de remesas.

Se encontraban en medio de esa crisis cuando el país se enfrentó a la crisis financiera internacional de 2008. Tras la tormenta, la economía comenzó a expandirse de nuevo hasta que, a principios de la década de 2000, entró en un período de crecimiento acelerado que continúa hasta el día de hoy, salvo durante la pandemia.

La caída del nivel de hambre del 21% a "cero" en 20 años se ha producido mientras dos importantes fuerzas políticas se han alternado en el poder.

Durante ese período, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) gobernó el país durante 16 años consecutivos (con Leonel Fernández y Danilo Medina como presidentes entre 2004 y 2020). A partir de 2020, el ex opositor y actual presidente, Luis Abinader, del Partido Revolucionario Moderno (PRM), asumió el poder.

Durante esas administraciones, junto con el crecimiento económico, el país implementó políticas sociales para reducir el hambre.

Expertos como Magdalena Lizardo, economista y directora del Grupo Consultor Pareto, explican que la oferta de calorías ha aumentado sustancialmente.

“Ha sido un esfuerzo a largo plazo”, señala.

“Un proceso acumulativo”

La dominicana Dioris Rijo regresó a su lugar de origen para dedicarse a la siembra y la cría de peces tras la pandemia.

Yosmeri Céspedes, madre soltera de cuatro hijos originaria de Santo Domingo, afirma que, a pesar de tener trabajo, las ayudas alimentarias que recibe le permiten cubrir mejor las necesidades de su familia.

Al igual que ella, muchos dominicanos combinan los ingresos del trabajo con la asistencia social para cubrir sus necesidades alimentarias, afirma Manuel Robles, director de la Secretaría Técnica de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional del Gobierno.

“Ha sido un proceso acumulativo”, afirma Robles, y sostiene que recientemente el impulso de la lucha contra la desnutrición crónica se ha acelerado a pasos agigantados.

“El hambre cero llegó antes de lo que pensábamos”, declara a BBC Mundo, un objetivo que sin el crecimiento económico que el país ha experimentado en su historia reciente no habría sido posible.

Y no sin la voluntad de hacer un sacrificio económico para financiar los programas de alimentación, afirma.

Estos son algunos de los programas que el país ha implementado para lograr el hambre cero:

  • El Programa de Alimentación Escolar (PAE): A medida que las escuelas ampliaron la jornada escolar, a partir de 2013, los alumnos de las escuelas públicas comenzaron a recibir desayuno, almuerzo y merienda.
  • Programa de Alimentos: beneficia a aproximadamente el 14% de la población general. Funciona con una tarjeta electrónica (similar a una tarjeta de débito) que almacena una cantidad fija de dinero para que las personas la gasten en establecimientos de comida en sectores populares, conocidos como “colmados”. Las personas que tienen acceso al programa son seleccionadas a través de un sistema de beneficiarios único, una base de datos que registra a quienes tienen mayores necesidades.

Según explica Robles, periódicamente se recopilan datos sobre ingresos y gastos, y la población se divide en cinco grupos en función de un Índice de Calidad de Vida (ICV) derivado de factores como las características de la vivienda o el acceso a los alimentos.

Los niveles uno y dos, los más pobres, pueden acceder al Programa de Alimentos. Esta información también se utiliza para brindar otros beneficios.

  • Programa de Bonificación de Gas: concesión de subsidios para la compra de gas licuado para cocinar.
  • Programa de Comedores Económicos: ubicado en áreas donde la concentración de pobreza es mayor, ofrece comida cocinada gratuita.
  • Aumento de la producción agrícola: la producción agrícola ha recibido incentivos como financiación a tipos de interés preferenciales para los agricultores, la tecnificación de la producción, la entrega de títulos de propiedad, la formación y las compras públicas a productores locales.

Según el economista Lizardo, todo el proceso de reducción del hambre se ha visto influenciado tanto por los programas sociales como por el aumento de la producción de proteína animal, principalmente pollos y huevos, y el incremento de la producción agrícola.

Torero, economista de la FAO, señala que el país "ha realizado un gran esfuerzo para garantizar que los pequeños y medianos productores tengan acceso a financiación", lo cual es esencial en la lucha contra el hambre.

Esa ha sido la experiencia de algunos agricultores como Dioris Rijo, que ahora producen y venden verduras y crían peces como parte de un negocio emergente que proporciona los alimentos que necesita su familia.

La República Dominicana logró salir del mapa mundial del hambre, pero ahora se enfrenta a otros desafíos.

El 41% de la población padece inseguridad alimentaria “moderada o grave”. Esto ya no se refiere a la ingesta mínima de calorías, sino al acceso regular a alimentos nutritivos.

Ese objetivo, que es más difícil de alcanzar, probablemente llevará mucho más tiempo.


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