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junio 21, 2026
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Elecciones de Colombia: ¿quién es Iván Cepeda, candidato de la izquierda?

Durante meses, el candidato de izquierda en las elecciones presidenciales del domingo en Colombia parecía confiado con su ventaja en las encuestas.

Con el respaldo del presidente Gustavo Petro y su base, ese candidato, Iván Cepeda, se mantuvo alejado de los reflectores.

Cepeda, de 63 años, senador, activista defensor de derechos humanos y profesor con preferencia por las camisas sencillas de cuello mandarín que parece recién salido de una clase de filosofía, rechazó participar en debates y, en gran medida, concedió entrevistas solo a medios afines.

“Fue una campaña catastrófica”, dijo Juan Carlos Flórez, historiador político colombiano, un veredicto que comparten incluso los seguidores más fieles de Cepeda. Eso quedó claro el 31 de mayo, en la primera vuelta de las elecciones.

Abelardo de la Espriella, un candidato outsider de derecha, sorprendió a la izquierda al obtener el mayor número de votos, con lo que superó no solo a una candidata conservadora tradicional, sino también a Cepeda, con una campaña que aprovechó el descontento con Petro y una ofensiva en las redes sociales.

Días después, De la Espriella recibió el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien calificó a Cepeda de “marxista de extrema izquierda”.

De la Espriella, de 47 años, un abogado penalista que pasó gran parte de su carrera en Miami, ha liderado las encuestas.

Cepeda, conocido por su resiliencia, ha recorrido toda Colombia, ha puesto en la gaveta sus discursos cuidadosamente confeccionados y ha empezado a atacar a De La Espriella.

Petro llegó al poder en 2022 con la promesa de establecer un cambio radical y con la esperanza de los grupos marginados y jóvenes.

Los expertos dicen que el resultado de Cepeda en las elecciones de mayo —con casi un 41 por ciento de los votos, frente al casi 44 por ciento de De la Espriella— demuestra que Petro logró algo que antes era inimaginable: hizo que la izquierda sea una alternativa política viable en un país donde la izquierda se ha asociado por mucho tiempo con la insurgencia violenta.

Pero tras cuatro años agitados de Petro en la presidencia, muchos colombianos de clase trabajadora dicen que sus esperanzas se han desvanecido.

Petro amplió los programas sociales y el acceso a la educación superior pública. Su gobierno otorgó ayudas a las personas mayores y a los jóvenes colombianos sin trabajo. La pobreza bajó a un mínimo histórico, según la oficina nacional de estadísticas.

Pero su mandato estuvo plagado de escándalos, una problemática intervención estatal del sistema de salud y un gasto descontrolado que dejó a Colombia en lo que un exministro de Hacienda del gobierno de Petro denominó una profunda crisis económica.

Edwin Fernay, residente de Barranquilla, dijo que Petro tuvo una oportunidad de oro.

“Se rodeó de toda esa gente y allí lo perdió todo”, dijo Fernay. “Lo quemó”.

Incluso algunas personas que se beneficiaron de las políticas de Petro dicen que ahora están peor.

Ramón Montañez, portero en Bogotá, dijo que la medida para elevar los salarios había sido un intento descarado de conseguir votos que le había costado el trabajo. Sus empleadores —alegando que ya no podían permitirse mantenerlo— estaban instalando cámaras de seguridad.

“¿El aumento del salario mínimo?”, dijo. “Lo que hizo fue dejar una cantidad de personas sin trabajo pagado”.

Cepeda ha intentado responder a este descontento.

En una entrevista con The New York Times, dijo que daría prioridad a la “crisis del sistema de salud”, al déficit fiscal —sin recortar el gasto social— y a la energía.

Petro, un defensor del medioambiente, detuvo las perforaciones de petróleo y gas, con lo que eliminó una exportación clave y llevó a Colombia a importar gas. Cepeda dijo que buscaría una transición más gradual hacia la energía limpia.

La campaña de Cepeda ha tratado de presentar la agenda de Petro como incompleta, en lugar de fallida, un mensaje que parece resonar con algunos votantes.

Andrés Rodríguez, un matemático que asistía a un mitin en Bogotá, dijo que lo que Petro había empezado necesitaba más tiempo. Afirmó que le preocupaba que si se desprecia lo poco que se ha hecho, el país podría volver a ser como era en el pasado.

Las preocupaciones por la seguridad están ayudando a la derecha a ganar elecciones en toda América Latina, y la promesa de De la Espriella de combatir al narcotráfico ha movilizado a los colombianos.

Cepeda, por su parte, ha defendido una propuesta diametralmente opuesta: la paz.

Daniel Coronell, un destacado periodista colombiano, dijo que Cepeda había sido fundamental para crear un movimiento en favor de las víctimas del Estado.

Denunció una serie de asesinatos de políticos de izquierda ordenados por el Estado, incluido su propio padre. Reveló vínculos entre grupos paramilitares brutales y políticos de derecha, entre ellos Álvaro Uribe, un popular presidente que ocupó el cargo durante dos mandatos. Además, intentó que el ejército rindiera cuentas por el asesinato de miles de civiles, a quienes los soldados llegaron a vestir con uniformes de guerrilleros para hacerlos pasar por combatientes enemigos.

A Cepeda se le ha criticado por defender menos a las víctimas de los grupos armados de izquierda, pero fue una figura clave en el histórico acuerdo de paz de 2016, en el que el grupo rebelde de izquierda más antiguo del país aceptó disolverse.

De la Espriella ha acusado a Cepeda —cuyos padres eran líderes comunistas— de mantener vínculos con grupos armados de izquierda, quienes, según él, ahora están obligando a los residentes de las zonas en conflicto a votar por él.

Cepeda replica que esos colombianos conocen el verdadero costo de la guerra.

Las elecciones llegan en un momento en que el gobierno de Trump está presionando a los líderes latinoamericanos para que se unan a su campaña militar para erradicar al narcotráfico; De la Espriella dijo que se sumaría a ella.

Cepeda se ha negado rotundamente.

De manera similar a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, dice que busca “una relación de respeto mutuo, de respeto de nuestra soberanía, de cooperación, de diálogo permanente” con Estados Unidos, pero no una guerra conjunta contra las drogas.

“La política que se ha llevado a cabo contra las drogas, hay que decirlo, ha fracasado estruendosamente”, le dijo al Times.

Recientemente ha descartado el plan de “paz total” de Petro, que, según algunos críticos, permitió que los grupos armados se expandieran mientras estaban en vigor los altos al fuego.

Su propio plan, dijo, consistirá en seguir aplicando el acuerdo de paz de 2016 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, reabrir las negociaciones con otro importante grupo guerrillero de izquierda y ofrecer a las organizaciones de narcotráfico una vía para rendirse.

“Yo no me arrepiento de trabajar por la paz en Colombia”, dijo. “No, no es que no me vaya a lavar las manos. Es que lo digo con todo orgullo. He dedicado dos décadas de mi vida a buscar la paz en Colombia. Y seguiré haciéndolo”.

En cuanto a la persistente acusación de que es un comunista encubierto, Cepeda la calificó de “fábula” y “mitología”.

“Soy un demócrata que tiene una larga historia”, declaró al Times.

Los analistas aseguran que, en un giro inesperado, el candidato de derecha ha inquietado a los suficientes votantes desde la primera vuelta como para que la segunda vuelta pueda ser reñida.

De la Espriella ha prometido acabar con la izquierda, gobernar por decreto si era necesario y perseguir legalmente a sus oponentes.

Flórez, el historiador, dijo que Cepeda “salió como un derrotado” de la primera vuelta, y que ha resultado aún más debilitado por Petro, quien denunció fraude electoral.

Pero a medida que un De la Espriella cada vez más envalentonado endurecía su mensaje y buscaba “comerse vivo a Cepeda” con ataques en internet, Flórez dijo que asustaba a la gente.

“Gustó a quienes comparten con él el odio contra el petrismo”, dijo Flórez. “Pero al que no haya participado, al indeciso, al que está en el medio de la tempestad, lo asustó”.

Estos días, Cepeda ha intentado aprovechar las dudas sobre De la Espriella para atraer el centro político.

“Es un abogado que tiene una historia bastante inescrupulosa”, declaró al Times. “Es un hombre que no respeta las normas y que estoy seguro no va a respetar la Constitución”.

De la Espriella ha respondido con burlas en internet. “¿Dónde quedó ese tono de monje tibetano, frío e inalterable?”.

La campaña de Cepeda se ha puesto a toda marcha y ha desbordado las redes sociales en una avalancha de último momento para obtener votos. Han aparecido fotos de un Cepeda, normalmente serio, sonriendo, e imágenes generadas con IA en las que sale como un gatito.

Sin embargo, personalmente, no ha cambiado.

Según Gabriel Becerra, su jefe de campaña, Cepeda no abraza la gente ni va todo el tiempo saludando a todo el mundo. Sigue llevando las mismas chaquetas de siempre y las camisas de cuello Mao.

Pero Cepeda ha dejado que los votantes lo conozcan mejor. Su esposa, Pilar Rueda, también defensora de los derechos humanos, se ha unido a él en la campaña y habló con el Times sobre la notable “coherencia” de su marido.

“Actúa como piensa”, dijo Pilar Rueda.

Ha hablado de sus tres perros Chow Chow, uno de los cuales se llama Raiza, una variante del nombre de la esposa de Mijaíl Gorbachov. Además ha hablado sobre cómo se recuperó de dos episodios de cáncer y compartió quiénes son sus referentes espirituales: el papa Francisco y León XIV, Sócrates y Hannah Arendt.

Cepeda cree que el no cambiar quién es es precisamente lo que lo diferencia de su rival. “No me voy a maquillar”, dijo, “ni me voy a convertir en un producto para la venta de unas ideas”.

Genevieve Glatsky colaboró con reportería.

Annie Correal es corresponsal en Latinoamérica del Times.

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