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septiembre 20, 2026
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Putin convierte las elecciones legislativas de Rusia en un referéndum sobre la continuidad de la guerra en Ucrania

Las elecciones legislativas rusas han comenzado este viernes con colas en los colegios electorales a primera hora. Los comicios se extenderán hasta el domingo y la oposición denuncia presiones a los empleados de la administración para que acudan a votar. Además, el Kremlin cuenta con el arma del voto electrónico, un sistema al que solo tiene acceso el Gobierno para inflar las votaciones. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha convertido las elecciones en un plebiscito a favor de la guerra contra Ucrania, y quiere exhibir un apoyo masivo de su población. “Su voto demostrará que millones de personas respaldan a nuestros soldados; que somos un pueblo unido”, manifestó el dirigente en un mensaje a la nación emitido en vísperas del proceso electoral. Incluso las formaciones más leales al Kremlin reconocen las irregularidades de la votación.

Seis de cada diez rusos están a favor de negociar la paz con Ucrania, según el centro de estudios sociológicos Levada, pero las autoridades han vetado la participación de quienes hacían campaña por un alto el fuego: el partido Yábloko y el político independiente Borís Nadezhdin, hoy en el exilio.

“Existen unos principios claramente definidos para la celebración de elecciones libres y democráticas”, remarca a EL PAÍS Stanislav Andreichuk, miembro de Golos, organización que velaba por la transparencia electoral en Rusia hasta que el Kremlin la eliminó. Su director, Grigori Melkoniants, fue encarcelado el año pasado y un tribunal les ha declarado “organización indeseable”. Es decir, colaborar con ellos o compartir sus hallazgos es delito.

“Estos principios incluyen”, prosigue Andreichuk, “no solo un recuento justo de los votos, sino, sobre todo, el respeto de los derechos y libertades fundamentales: la libertad de expresión, la libertad de asociación, la libertad de reunión y la libertad de circulación, así como el principio de igualdad de derechos para candidatos y partidos”.

En Rusia hay 2.188 presos políticos en la cárcel, según la organización defensora de derechos humanos OVD-Info. A ellos se suman 5.044 personas con un proceso penal abierto por su pensamiento, 22.871 ciudadanos declarados extremistas —algunos en la cárcel, otros en el exilio— y 1.265 más en la lista de agentes extranjeros, que sobreviven apartados de la vida pública.

En la sede de Yábloko se preguntaban esta semana si el partido seguirá siendo legal después del domingo. Su fundador, Grigori Yavlinski, no supo responder a esta pregunta de un seguidor a pesar de que tiene, o tenía, línea directa con Putin. La Administración Presidencial permitió participar a la formación en un primer momento, pensando que no llegaría a tener representación en la Duma, pero cuando miles de rusos mostraron su entusiasmo en internet, las autoridades se asustaron.

Entre otras excusas alegaron que Yábloko recibe financiación extranjera —como el resto de partidos— y ha violado los derechos de autor de una antigua canción soviética.

La Duma tiene 450 escaños, incluidos representantes de zonas ucranias ocupadas. En total concurren nueve formaciones. Una parte de los asientos depende del voto a listas de partidos, y otra de candidatos elegidos en circunscripciones únicas. En este último caso han entrado algunos miembros aparte de Yáblako, aunque las autoridades han vetado a decenas de estos, y también de formaciones leales como el Partido Comunista, ante la mínima duda de que podrían ser críticos en el futuro Parlamento.

Un candidato del Partido Comunista de la región de Kirov, Eduard Plastín, se ha encontrado este viernes con que su nombre no figuraba en las papeletas pese a que no se le había notificado su exclusión. Otro camarada suyo, el popular Nikolái Bondarenko, con más de dos millones de seguidores en YouTube, no pudo postularse porque un tribunal le multó con diez euros por culpa de una página que había clonado su perfil sin su permiso.

En el caso de Yábloko, su vicepresidente Lev Shlosberg fue condenado a 11 años de cárcel por participar en un debate sobre la paz, mientras que varios candidatos más han recibido notificaciones para presentarse en un centro de reclutamiento días antes de comenzar las elecciones.

Tampoco la supervisión de los colegios electorales es fácil. Yábloko, como partido oficial, puede registrar observadores, pero al menos uno de ellos ha sido ya detenido por agentes con el rostro cubierto con pasamontañas en la región de Rostov.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha denunciado que Moscú incumple, una vez más, sus compromisos al no invitar a observadores internacionales a sus elecciones parlamentarias, en violación del Documento de Copenhague de 1990. Y Golos, la mayor ONG que vela por la limpieza electoral, es considerada una organización criminal. Los únicos observadores internacionales presentes han llegado en un press tour organizado por Presidencia para ser exhibidos en los canales de propaganda.

Tampoco hay debate. Rusia ocupa el puesto 172 de 180 en libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras. Todas las televisiones están controladas por el Kremlin y los medios independientes tuvieron que exiliarse a Europa. Asimismo, la propaganda electoral está prohibida en las redes sociales bloqueadas por el Gobierno: Facebook, Instagram, WhatsApp, YouTube, X y Telegram. Las únicas aplicaciones permitidas pertenecen a una empresa dirigida por Vladímir Kiriyenko, hijo del jefe adjunto de la Administración Presidencial.

Para remate, manifestarse es imposible en Rusia. Las autoridades no conceden su autorización previa y aún alegan, en pleno 2026, el riesgo de contagio de Covid. Eso sí, han organizado eventos que incluyen la entrega de regalos por ir a votar.

La desidia hacia los comicios es tal, que en un debate televisivo en directo la presentadora tuvo que dar paso a vídeos electorales de relleno porque los seis candidatos no se presentaron en el estudio. Y en otros coloquios, un par de candidatos se quedaron callados durante más de medio minuto porque no tenían nada que decir en su tiempo.

Manipular el voto en línea

El Kremlin busca una alta participación para legitimar su pseudoreferendo. Según informa el medio Bumaga, algunos empleados públicos denuncian que sus jefes les han exigido enviarles un selfi desde el colegio electoral para probar que han votado.

El Partido Comunista es consciente de la manipulación y rechaza que las elecciones duren varios días y se emplee el voto electrónico. “Esto supone un riesgo para la transparencia y la imparcialidad de las elecciones”, expone al otro lado del teléfono el vicepresidente del comité central del partido, Dmitri Nóvikov. “Las evaluaciones de los expertos son inequívocas: garantizar la integridad del voto es imposible porque los desarrolladores del software y sus administradores podrían manipular los resultados”, agrega.

Organizaciones tan dispares como el Partido Comunista, la formación liberal Yábloko y la ONG Golos coinciden en este análisis. En elecciones pasadas aparecieron por sorpresa millones de votos online de repente. Asimismo, alargar las elecciones al viernes permite que los jefes puedan presionar a los empleados de administraciones y empresas públicas para que voten a Rusia Unida, el partido de Putin.

El voto electrónico se empleará en 33 regiones de los 89 sujetos federales con los que cuenta Rusia. Este está cifrado con tecnología blockchain. Sin embargo, las comisiones electorales de los partidos solo recibirán los resultados finales, no tendrán acceso al sistema. Esto está en manos de la mayor empresa de telecomunicaciones del Estado, Rostelecom, salvo en el caso de Moscú, donde una agencia del ayuntamiento, también controlado por Rusia Unida, usa su propio software.

“Curiosamente, la Comisión Electoral Central decidió implementar el voto electrónico solo en aquellas regiones donde Rusia Unida ha obtenido bajos resultados. Ningún ‘sultanato electoral’ figura en la lista”, apunta el representante de Golos. En provincias totalmente sometidas a las fuerzas de seguridad, como Chechenia o Daguestán, el apoyo a Rusia Unida ha llegado a rondar el 90% en el pasado.

Un grupo de expertos del centro Open Evidence remitió un informe a la Comisión Europea en el que desgrana los peligros del voto online. Entre otros riesgos señalan “la incapacidad de los organizadores para garantizar que no existan presiones sobre los votantes”, el peligro de ciberataques “para manipular el sistema o los dispositivos personales de los votantes”, el desafío de que el voto “sea secreto”, y que, en definitiva, las cuentas de los votantes “puedan ser robadas o vendidas”.

Las autoridades no han publicado nunca el código fuente completo. En 2019, en los comicios locales de Moscú, revelaron solo una parte. Un ingeniero, Evgueni Fedin, halló un fragmento que permitía manipular los votos a posteriori. Según los organizadores, ese código no fue incluido en la versión final, aunque esto nunca pudo demostrarse.

Asimismo, la tecnología blockchain no garantiza que las autoridades no puedan revisar a quién ha votado cada ciudadano, y estas tienen memoria. Hoy sus fuerzas de seguridad persiguen a quienes apoyaron al disidente Alexéi Navalni cuando la oposición todavía era ‘tolerada’.

Y hay más irregularidades. En los anteriores comicios legislativos de 2021 el recuento del voto electrónico, limitado a seis regiones, duró casi un día entero a pesar de que debía durar unos pocos minutos como mucho. Sus resultados dieron la vuelta a todas las votaciones a favor de Rusia Unida.

Y las presidenciales de 2024 confirmaron todas las sospechas. Proyecto DEG, un panel de expertos que observa el voto electrónico ruso, halló que la mayoría de los votos online entraron en el primer minuto de la primera jornada de votación, algo físicamente imposible porque había que entrar en la web de la administración electrónica, hacer varios clics, recibir un SMS de confirmación, hacer más clics y esperar a que se generase un código de cifrado personal. En Moscú, con un sistema diferente, el aluvión de votos entró justo a las 9:08. Putin se atribuyó aquellos comicios con un 87,2% de apoyo y un 77,49% de participación.

Mientras, la oposición no se pone de acuerdo en su estrategia para estas elecciones. Desde el exilio, Maxim Kats y Yulia Naválnaya han superado sus diferencias para proponer un listado de candidatos con el que torpedear a los de Rusia Unida. Yavlinski y Yábloko, sin embargo, recuerdan que todos los partidos permitidos apoyan la guerra y proponen votar nulo o escuchar cada uno a su consciencia.

La exclusión de Yábloko ha sido el momento clave de los comicios, aunque ya hubo indicios antes de verano de que algo se mueve dentro de Rusia. Famosos y ciudadanos comunes comenzaron a quejarse abiertamente por los bloqueos de Internet, los ataques ucranios, la inflación y las colas en las gasolineras por el desabastecimiento de combustible.

“La sociedad parece demandar más debate y una participación política más activa. Sin embargo, el sistema político se mueve en la dirección opuesta: hacia la máxima restricción de este tipo de debate, limitando de hecho la soberanía ciudadana”, denuncia el miembro de Golos.

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