Nunca antes una ex primera dama de Brasil había sido elegida senadora federal. Michelle Bolsonaro lo ha logrado con una facilidad arrolladora. Este domingo ha sido la candidata más votada en la disputa por las dos bancas en juego en Brasilia, con más del 29% de los votos válidos. A partir de febrero, cuando asuma su cargo, la esposa del expresidente Jair Bolsonaro se convertirá en el mascarón de proa de la avanzada conservadora en el Senado. La acompañará la otra candidata del Partido Liberal (PL), Bia Kicis, quien quedó segunda, con el 27,4% de los votos. Brasilia se convierte además en una anomalía en un país con una baja representación legislativa femenina, inferior al 25%: las tres bancas del Senado por la capital estarán en manos de mujeres, ya que las recién llegadas se sumarán a Damares Alves, del Republicanos, que mantiene el mandato obtenido en 2022.
Las mayores derrotas de la elección en esta cámara han sido las de las candidatas más fuertes de Lula. No se han salvado del derrumbe electoral de la izquierda ni Simone Tebet ni Marina Silva, candidatas por São Paulo, ni tampoco Benedita da Silva, por Río de Janeiro. Ninguna de las tres ha logrado entrar en la Cámara alta y sus bancas serán ocupadas por los aspirantes del PL.
Michelle Bolsonaro, de 44 años, ha cultivado un perfil de mujer conservadora que le ha permitido crear una relación directa con uno de los pilares del bolsonarismo, el voto evangélico: este domingo ha apostado por ella. La exprimera dama ha hecho campaña sin dejar de cuidar la precaria salud de su marido, que cumple arresto domiciliario por la condena a 27 años de cárcel por intento de golpe.
Michelle tiene un gran olfato político y acumula un poder inédito para alguien que debutará en un cargo electivo. Oriunda de Ceilândia, en Brasilia, se casó con Jair Bolsonaro en 2007, cuando él todavía era diputado federal. Durante los cuatro años en que ocupó el Palacio de Planalto, entre 2019 y 2022, participó en iniciativas sociales y religiosas que le dieron notoriedad.
Su transformación en dirigente política comenzó al dejar la presidencia. En 2023 asumió el liderazgo del PL Mulher, la estructura del Partido Liberal destinada a ampliar la participación femenina en la formación. Desde allí multiplicó sus apariciones en actos partidistas y religiosos y construyó una identidad política propia, aunque estrechamente vinculada al apellido del clan familiar. Este domingo acudió a votar con una camiseta rosa en la que podía leerse: “Bolsonara”.

Michelle Bolsonaro fue la protagonista de uno de los escándalos de la última campaña. Lanzó un vídeo explosivo en el que acusaba a su hijastro, el candidato a presidente Flávio Bolsonaro, de faltarle al respeto, maltratarla y humillarla en el ámbito político. Pero un mes y medio después se reconcilió con el primogénito. El reencuentro incluyó vídeos de campaña y rezos juntos.
Descalabro en la izquierda lulista
El avance de las mujeres del Partido Liberal en el Senado contrasta con el descalabro electoral de algunas de las figuras más populares de la izquierda que peleaban por una banca. La exministra de Medio Ambiente de Lula, Marina Silva, ha quedado cuarta en la batalla por la Cámara alta en São Paulo, con poco más del 18% de los votos, con el 98% de los votos escrutados. Tampoco le ha ido mucho mejor a la exministra de Planificación y Presupuesto, Simone Tebet, que ha quedado tercera con el 19% de los votos. Perdieron frente a los dos candidatos del PL: el polémico expolicía y secretario de Seguridad Guilherme Derrite y André do Pablo. Entre ambos acumularon seis de cada diez votos, un resultado parecido al del gobernador Tarcísio de Freitas, que fue reelegido con casi el 63% de los votos.
En Río de Janeiro, Benedita da Silva quedó fuera al captar, con el 95% escrutado, sólo el 20,1% de los votos, por detrás de los dos candidatos del PL: Carlos Portinho (27%) y Carlos Jordy (25%).
La derrota de Tebet, Marina Silva y Benedita da Silva tiene además un componente simbólico. Las tres representan trayectorias políticas muy diferentes dentro del campo progresista brasileño, pero coinciden en haber ocupado espacios de gran visibilidad. Marina, histórica dirigente ambientalista, fue candidata presidencial en tres ocasiones. Tebet, también exministra de Lula, dio la sorpresa al quedar tercera en la primera vuelta de las presidenciales de 2022. Benedita da Silva, histórica dirigente del Partido de los Trabajadores y una de las primeras mujeres negras en alcanzar posiciones de relevancia política en Brasil, buscaba regresar al Senado. Ninguna consiguió convertir ese capital político en una banca. El contraste con Brasilia resulta llamativo.












