El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se enfrenta al riesgo de perder un eventual cuarto mandato en la segunda vuelta de las elecciones de Brasil, el domingo 25 de octubre, luego de una reñida primera vuelta en la que el senador Flávio Bolsonaro, dirigente del Partido Liberal, logró una ventaja de 2,2 millones de votos. El candidato del Partido de los Trabajadores, con un liderazgo desgastado, tendría poco margen para remontar en los próximos comicios, de acuerdo con expertos, mientras su rival podría captar voto de los electores que apoyaron a otros aspirantes.
Bolsonaro y Lula tuvieron el domingo un tenso debate televisado, en el que intercambiaron acusaciones, descalificaciones e insultos a menos de una semana de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. El encuentro, de aproximadamente dos horas, destacó por los ataques personales y las referencias a familiares de ambos candidatos, mientras sus propuestas para el futuro del país quedaron relegadas a un segundo plano, de acuerdo con los análisis publicados por diversos medios.
Los ataques personales y las acusaciones ocuparon buena parte del debate, por lo que ambos candidatos tuvieron pocas oportunidades de explicar sus propuestas y las diferencias entre sus planes de gobierno, un contraste que los analistas consideraban importante para convencer a los votantes indecisos.

Bolsonaro defendió que la economía brasileña mejoraría con la salida de Lula del poder y el combate a la corrupción. En cambio, mandatario defendió su gestión y sus políticas de bienestar social. El segundo encuentro, que transmitiría TV Globo, fue cancelado.
Es “casi imposible” que Lula remonte
Paulo Henrique Araujo, periodista y analista político brasileño radicado en Washington, dice que es casi imposible que Lula logre revertir en la segunda vuelta la ventaja de Bolsonaro. Afirma que el presidente tiene actualmente como principal aliado a un sector del Supremo Tribunal Electoral, integrado por Alexandre de Moraes, el principal responsable de la persecución contra el expresidente Jair Bolsonaro y quien además fue sancionado por Donald Trump en 2025.
Señala también: “Flávio Dino —aliado de Lula desde la década de 1980, ministro de Justicia de su gobierno y su pupilo político—; Gilmar Mendes —decano de la Corte y acusado en círculos políticos brasileños de actuar como un mafioso y de vender decisiones judiciales—, y Cristiano Zanin —antiguo abogado personal de Lula, a quien el propio presidente nominó para el Supremo—”.
Araujo indica que este sector de jueces intervino activamente en la justicia electoral brasileña, pasó por encima de decisiones de otros magistrados, impidió investigaciones por corrupción y tráfico de influencias contra De Moraes, persiguió y ordenó la detención de fuentes periodísticas y actuó para favorecer a candidatos de Lula.
Declara que todas estas acciones provocaron indignación en la población y llevaron a muchos brasileños a abandonar a Lula y entregar su voto no solamente a Bolsonaro, sino también a candidatos al Senado Federal favorables al impeachment de magistrados del Supremo Tribunal Federal.
“Lula necesita alguna medida de persecución judicial contra la campaña de Flávio, pero este grupo se encuentra debilitado y ya no cuenta con el respaldo de los propios medios de comunicación que tradicionalmente lo protegieron”, explica Araujo, autor de libros como Lo mínimo sobre el Foro de São Paulo y La caída de la democracia en Brasil: crónicas de la revolución que enfermó al mundo.
“Hay un cambio en la preferencia”
El senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, obtuvo 56.104.503 votos en la primera vuelta, una cifra superior a la que alcanzó su padre en las elecciones de 2018 y 2022, mientras que el mandatario de izquierda obtuvo 53.879.538 sufragios.
La abogada y consultora María Teresa Belandria, exembajadora de Venezuela en Brasil entre 2019 y 2022, explica que 711 de los 5.571 municipios brasileños que tradicionalmente votaban por el Partido de los Trabajadores respaldaron a Bolsonaro, mientras que no hubo ninguna ciudad que votó por el Partido Liberal en las elecciones de 2018 y 2022 y que ahora se decantara por Lula.
“Hay datos objetivos que dicen que hay un cambio en la preferencia”, expresa la exdiplomática, que destaca que, aunque la diferencia entre ambos candidatos fue de 2,2 millones de votos, Bolsonaro tiene posibilidad de crecer a partir de los 8,4 millones de sufragios que sumaron quienes quedaron en tercer, cuarto y quinto lugar en los comicios: Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado.

Cury, quien quedó en tercer lugar con 3,4 millones de votos (2,89%), anunció su respaldo a Bolsonaro tras una conversación en la que acordaron compromisos sobre transparencia, responsabilidad fiscal y respeto a las instituciones democráticas. El aspirante derrotado también expresó su expectativa de que el candidato del Partido Liberal impulse, entre otras medidas, el fin de la reelección presidencial, la protección de las mujeres y la pacificación nacional.
Bolsonaro también ha logrado los apoyos de Caiado (2.605.148 votos) y Romeu Zema (326.488), quien quedó en sexto lugar.
La exembajadora señala que el senador podría captar gran parte de los votos de candidatos de partidos tradicionales. En cambio, Lula tendría que convencer a electores que en la primera vuelta eligieron opciones distintas a las de ambos aspirantes. Por eso, Belandria sostiene que la diferencia de 2,2 millones de votos no basta para dar la elección por decidida y destaca que el mandatario necesitaría ampliar su caudal electoral para imponerse.
“Bolsonaro tiene mucho más de dónde crecer en votos que Lula. No es que son 2 millones más de diferencia. Para Lula derrotar a Bolsonaro tiene que sumar los 2,2 millones de votos aproximadamente de diferencia y subir por lo menos 1 millón más para derrotarlo. No diría que la elección está decidida porque el Partido de los Trabajadores está usando una campaña brutalmente sucia y llena de mentiras, pero estadísticamente a quien más favorece esto es a Bolsonaro”, explica.
“El PT quedará muy debilitado”
Milos Alcalay, exvicecanciller de Venezuela y embajador en varios países, entre ellos Brasil, subraya que Bolsonaro obtuvo 47,03% de los votos frente a 45,16% de Lula. Expresa que esta diferencia de 1,87 puntos porcentuales sorprendió frente a unas encuestas que favorecían ampliamente al actual mandatario, aunque siempre estuvo sobre la mesa la posibilidad de un empate técnico.
“Bolsonaro no tendría mayores problemas para ganar las elecciones porque políticamente ha logrado el respaldo de varios de los candidatos que, si bien obtuvieron un porcentaje muy bajo, ahora lo respaldan: Augusto Cury, Ronaldo Caiado y Romeu Zema”, señala el exdiplomático, quien advierte que aún existe una diferencia que podría provocar exactamente lo contrario: que en la segunda vuelta el triunfalismo en torno al senador haga que aumente la abstención.

“Por eso Bolsonaro ha insistido en reforzar el respaldo de aquellas gobernaciones aliadas a él, pero que al elegir en primera vuelta a los gobernadores, sus electores podrían sentirse desanimados en volver a votar el 25 de octubre. Eso le daría un chance muy especial, ya que la diferencia no es muy grande y en ese caso Lula podría tenerlo”, explica.
Alcalay agrega que “el otro gran problema” es que en estas votaciones existe un rechazo muy grande a ambos candidatos, pero especialmente contra Lula, quien busca un cuarto mandato. “Ya son más de 80 años los que tiene, y el buscar nuevos aliados pareciera difícil porque están bastante comprometidos con Bolsonaro”, observa.
Considera que, si Lula pierde estas elecciones, el Partido de los Trabajadores quedará muy debilitado porque ya atraviesa un período de desgaste. Señala asimismo que la candidatura del mandatario, pese al rechazo de un número muy grande de electores por sus años en la política —la primera elección que ganó fue hace un cuarto de siglo—, representa un peso muy marcado y una derrota supondría un fracaso para el partido.
“Él logra mantener alguna votación del centro con el candidato a vicepresidente Geraldo Alckmin, que viene del partido de Fernando Henrique Cardoso y otros aliados que se han sumado, pero sería una derrota del PT y el nacimiento de una nueva fuerza con el Partido Liberal que dirige Bolsonaro; para lo cual Bolsonaro tendría que asegurar el respaldo de los otros partidos del centro y de la derecha para tener mayor seguridad de ganar en la segunda vuelta”, indica.
“Las encuestas no favorecen a Lula”
El exembajador venezolano afirma que “las encuestas no favorecen a Lula” y que, por primera vez, todas dan a Flávio Bolsonaro como ganador de la segunda vuelta.
Dice asimismo que una victoria de Lula no es imposible, aunque sí difícil. Entre los factores que podrían influir en el resultado insiste en un aumento de la abstención por el triunfalismo en torno a Bolsonaro, la manera en que evolucionen los escándalos que han afectado a ambas candidaturas y la posibilidad de que las preferencias electorales cambien tras el debate.
“Ya vimos en la primera vuelta la sorpresa de que Bolsonaro venció todas las encuestas y ganó las elecciones. No es imposible, es difícil; pero si la abstención por un triunfalismo se da, o si los escándalos que han caído encima tanto de la candidatura de Bolsonaro como la de Lula se orientan en una u otra forma, o si en un debate que todavía no está asegurado pueda cambiar la orientación, podría pensarse en la posibilidad de un Lula que pudiera ganar las elecciones”, expone.
Alcalay admite que las encuestas no apuntan hacia esa dirección y cree más probable una victoria del candidato del Partido Liberal, quien ya cuenta con una mayoría parlamentaria en el Congreso que podría impulsar cambios respaldados por una parte importante del electorado, que votaría no tanto a favor de Bolsonaro como en contra de Lula.
Cuatro factores detrás de la derrota
María Teresa Belandria, quien vive desde hace siete años en Brasil, identifica cuatro factores principales que explicarían la derrota de Lula en la primera vuelta presidencial. El primero fue el voto silencioso de personas que no expresaron su preferencia en las encuestas, pero que finalmente votaron por Flávio Bolsonaro.

El segundo fue la migración de votos desde los partidos que integran Centrão, una agrupación informal de fuerzas políticas tradicionales que no constituye un bloque ideológico homogéneo de centro, sino que reúne partidos que van desde la socialdemocracia hasta la centroderecha y suelen negociar su apoyo al gobierno de turno.
Menciona al Movimiento Democrático Brasileño y al Partido Social Democrático, y señala que una parte importante de sus electores se inclinó por Bolsonaro, algo que no había ocurrido en elecciones anteriores con esa magnitud. Al estudiar los resultados, la abogada ve que el bloque que perdió más votos no fue el Partido de los Trabajadores, sino el Centrão en su conjunto.
Como tercer factor, Belandria cuestiona la campaña electoral de Lula, que estuvo poco centrada en los problemas cotidianos de los ciudadanos y demasiado enfocada en su imagen internacional, la soberanía y las denuncias sobre una supuesta interferencia de actores externos en la contienda.

Asegura que el mandatario habló poco del costo de vida, el aumento de la inflación, la inseguridad y el precio de los combustibles, lo que evidenció una desconexión entre su discurso y las preocupaciones de los brasileños.
Por último, Belandria atribuye parte del resultado a lo que calificó como una interferencia “obscena” y “descarada” del Supremo Tribunal Federal en decisiones que corresponden al Tribunal Superior Electoral.
“Sí creo que el presidente se enfrenta a la pérdida de lo que sería su cuarto mandato. Lula ha sido presidente en tres oportunidades. Creo que también hay que ponerle el ojo al Congreso, a las nuevas fuerzas políticas, eso es muy importante, porque en Brasil el poder no está concentrado en las manos del presidente: los gobernadores tienen muchísimo poder y también el Congreso, donde el Partido de los Trabajadores está en total minoría”, expresa.
La derecha amplía su representación
Las elecciones legislativas y regionales de Brasil dejaron una mayor representación de los partidos de centro y derecha en el Congreso y en los gobiernos estatales. El Partido Liberal tendrá la mayor bancada en ambas cámaras a partir de 2027, con 121 diputados y 28 senadores, frente a los 70 diputados y 9 senadores del Partido de los Trabajadores.

La diferencia también se observa en las gobernaciones. De las 27 unidades federativas de Brasil —26 estados y el Distrito Federal—, 21 eligieron gobernador en primera vuelta y 6 deberán resolverla en la segunda vuelta: 5 estados y el Distrito Federal.
“El partido de Lula tiene tres gobernadores, mientras que el Partido Liberal tiene cinco; es el partido que tiene más gobernadores. Y luego viene Republicanos, que tiene gobernadores en los tres estados más importantes, entre ellos São Paulo. Bolsonaro ha recibido el apoyo de partidos como Republicanos, Unión Brasil, Progresistas, el Partido Social Democrático, excandidatos y figuras importantes; es decir, él tiene el apoyo de toda la institucionalidad, y el presidente Lula hasta ahora no ha sumado sino apoyos individuales”, explica la exembajadora.
Lula no ha permitido nuevos líderes
María Teresa Belandria también atribuye parte del desgaste político de Lula a la repetición de promesas y consignas desde su primer mandato, sin que se hayan traducido en los cambios. Considera que esa falta de renovación ha hecho que el presidente, que cumplirá este mes 81 años de edad, pierda capacidad para entusiasmar a una parte del electorado. “Esto le está pasando factura política también”, afirma.
Enfatiza que el Partido de los Trabajadores suma casi 18 años en el poder, tiempo en el que Lula ejerció dos períodos presidenciales y Dilma Rousseff gobernó durante cinco años y ocho meses, hasta su destitución mediante un impeachment en agosto de 2016, cuando le faltaban más de dos años para concluir su segundo mandato.
La abogada añade que Fernando Haddad, quien ha sido ministro y es uno de los hombres de mayor confianza de Lula, es otra de las figuras clave del partido, pero lo han enviado reiteradamente a perder en São Paulo, donde nunca ha ganado las elecciones para gobernador.

Belandria afirma asimismo que Lula no ha permitido el surgimiento de nuevos líderes en el Partido de los Trabajadores, y afirma que si pierde en la segunda vuelta, la organización política quedará no solo disminuida en el Congreso y en los gobiernos estatales, sino con poca capacidad de renovación.
“Lula no ha permitido nuevos líderes en el PT. No es que no los tenga, porque sí los tiene. Hay un dato objetivo: todos los que eran ministros y concurrieron a las elecciones como diputados y senadores perdieron, todos. No hubo uno que ganara. Eso da cuenta de que la gente ya no está votando por quien Lula diga. Ganaron algunos jóvenes. Tienen un problema bastante serio de renovación de liderazgo en el PT, pero ha sido por Lula, que no ha querido que se renueve”, afirma.
“La segunda vuelta es consecuencia del cansancio, del desgaste, del hartazgo y de la falta de cumplimiento de las promesas del presidente Lula, por una parte, y por la otra, la verificación de que todo aquello de lo que se le acusó en el pasado —Mensalão, Petrobras, Lava Jato y Odebrecht— volvió exactamente igual en este mandato. Eso, sumado a todo lo demás, le está quitando la posibilidad de poder ganar la elección el 25 de octubre”, acota la exembajadora.

Araujo también afirma que Lula no permite que surjan nuevos liderazgos en la organización política y que el mandatario no tiene sucesores claros. “Lo más cercano a ello es su ministro de Hacienda, Fernando Haddad, quien sufrió una contundente derrota frente a uno de los principales ministros de Bolsonaro en el estado de São Paulo, cuando disputó la gobernación. Tarcísio de Freitas ganó aquella elección con 62,65% de los votos”, puntualiza.
Dice que la izquierda cuenta con algunas figuras populares vinculadas al movimiento LGBTIQ+ y otras provenientes del movimiento sindical y laborista, pero afirma que ninguna candidatura o figura tiene actualmente suficiente fuerza popular para conectarse con el llamado “Brasil profundo”.
Asimismo, expresa que el Partido de los Trabajadores no eligió a ningún diputado federal en siete estados y sufrió retrocesos en Alagoas y en seis de las siete unidades federativas de la región norte: Acre, Amapá, Amazonas, Rondônia, Roraima y Tocantins.
La “crisis electoral, moral y existencial” de Lula
Paulo Henrique Araujo explica que Lula atraviesa una crisis electoral, moral y existencial, y parece estar atrapado en una disociación de la realidad que incluso miembros de su propia campaña han tenido dificultades para hacerle ver. Afirma que el actual presidente de Brasil guarda un sentimiento personal contra la familia Bolsonaro y contra todo lo que esta representa.
“Lula creía firmemente que era un político adorado por el pueblo brasileño y que contaba con la protección de los medios de comunicación brasileños e internacionales, como ocurría en 2002 y 2006. Su dificultad está en comprender que hoy la información está descentralizada y que el discurso de los medios ya no puede ser controlado como hace 20 años”, analiza.
El periodista también advierte una desconexión entre el tono respetuoso que el presidente adopta ante la prensa internacional al referirse a Donald Trump y el discurso que mantiene internamente y en actos de gobierno, donde acusa al mandatario estadounidense de interferencia, lanza desafíos personales y llega casi a prometer enfrentamientos verbales y disputas.
Menciona, entre otros hechos, los ataques personales de Lula contra el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.


Araujo indica que, durante este mandato, el gobierno de Lula ha creado o aumentado tributos con gran frecuencia, entre ellos el impuesto a la importación de pequeños envíos procedentes de China, conocido popularmente como la taxa das blusinhas (impuesto de las blusas). Señala que, ahora, ante la segunda vuelta, Lula pasó a criticar ese impuesto y a responsabilizar al Congreso, pese a que su gobierno participó en su creación y su esposa defendió públicamente la tributación.
“Se siente como un Dios”
“Lula también reglamentó el mercado de apuestas en Brasil, un sector que mueve miles de millones de dólares al año y constituye una importante fuente de financiación del fútbol y de grupos de medios de comunicación. En una medida de evidente carácter electoral, suspendió las licencias y prohibió el mercado en Brasil a una semana de las elecciones, afectando contratos de larga duración con clubes, cadenas de televisión, medios de comunicación y muchas otras empresas”, señala.
“Además, cada empresa de apuestas pagó 30 millones de reales brasileños (aproximadamente 6 millones de dólares estadounidenses) por una licencia de cinco años para operar, y el gobierno informó que no devolverá esos valores. Lula pasó además a criticar a los clubes de fútbol y entró en conflicto con la mayor hinchada de Brasil —y una de las mayores del mundo—, la del Clube de Regatas do Flamengo”, añade.
Araujo expresa que, pese a todo esto, Lula creía que estaba actuando correctamente. Dice que miembros de su campaña declararon bajo condición de anonimato a medios brasileños que “es imposible ayudar a alguien que se siente como un Dios”.
Para el analista, esta situación se reflejó en las urnas, donde Lula perdió casi 3 millones de votos en la primera vuelta, principalmente en su bastión electoral clave, el nordeste de Brasil.














