Fuerzas navales rumanas realizaron este domingo y lunes explosiones controladas en el canal Bala del Danubio con el objetivo de desviar el flujo de agua hacia la central nuclear de Cernavodă, en el marco del estado de emergencia nacional declarado para todo el mes de agosto por el gobierno de Rumania.
Las detonaciones buscan redirigir agua del canal Bala hacia el antiguo cauce del Danubio y así elevar el nivel del agua que llega a la planta atómica. Según el contralmirante Marcel Neculae, subjefe del Estado Mayor de la Marina rumana, los especialistas del grupo de trabajo de alerta energética decidieron crear un "umbral sumergido" en el brazo Bala para dirigir un porcentaje considerable del caudal hacia el cauce viejo. “Esperamos que estos medios lleguen mañana. Hablamos de barcazas cargadas con piedras y barcazas vacías que serán cargadas con el material resultante de las explosiones”, explicó.
Neculae agregó que las fuerzas movilizadas trabajarán “hombro con hombro” con la esperanza de completar el umbral para el martes y lograr así el efecto esperado: elevar el nivel del Danubio Viejo y, en consecuencia, el suministro a Cernavodă. Buzos realizaron pruebas en el agua mientras buques de la Marina apoyaban la operación, y el ministro de Defensa rumano, Radu Miruță, se trasladó al lugar para supervisar los trabajos.
El primer ministro rumano, Ilie Bolojan, había declarado el viernes el estado de emergencia tras la caída en la producción eléctrica provocada por los niveles mínimos históricos del Danubio, que forzaron el apagado de un reactor nuclear.
La crisis se replica en toda la región. El primer ministro húngaro, Peter Magyar, anunció el domingo el apagado total de la única central nuclear del país, en Paks, al sur de Budapest, tras el primer parón en 44 años. La planta, que normalmente aporta un tercio de la electricidad de Hungría, se refrigera con agua bombeada del Danubio.
“Debido a la nueva caída del nivel del agua del Danubio, una de las dos últimas unidades generadoras de la Central Nuclear de Paks será apagada a la 1:30 a.m.”, escribió Magyar en X, precisando que la producción caería a apenas 240 megavatios antes del cierre completo.
El servicio meteorológico húngaro HungaroMet pronosticó máximas de más de 40°C para los próximos días, con un pico de 42°C previsto para el jueves que igualaría el récord nacional de temperatura de este verano.
En Serbia, la sequía que llevó al Danubio a su nivel más bajo registrado obliga al país a reducir drásticamente la generación de las centrales hidroeléctricas. Las dos mayores plantas, Djerdap I y Djerdap II, operan al 20% y 30% de su capacidad respectivamente, según informó la ministra de Energía, Dubravka Djedovic Handanovic.
Ambas instalaciones aportan cerca del 18% de la generación eléctrica serbia, en un país donde la hidroeléctrica representa casi un tercio de la matriz energética.
El bajo caudal también afecta el transporte fluvial: varias decenas de embarcaciones, principalmente de carga, permanecen detenidas en distintos puntos de los 470 kilómetros del tramo búlgaro del Danubio, donde en localidades como Lom y Ruse el nivel ha alcanzado mínimos históricos, hasta 89 centímetros por debajo de los niveles seguros para la navegación. La central nuclear búlgara de Kozloduy sigue operando a plena carga, aunque mantiene un protocolo de seguridad preparado ante el histórico bajo caudal.
El descenso del nivel del río, que recorre diez países europeos desde Alemania hasta el mar Negro, responde a la falta de lluvias, la reducción del deshielo alpino y las sucesivas olas de calor que golpean la región desde mayo.
La sequía golpea además el turismo y la agricultura, y ha dejado al descubierto restos arqueológicos e históricos, como huesos de mamut en Bulgaria y barcos y bombas de la Segunda Guerra Mundial en Serbia y Hungría.









