
Estados Unidos reconoció este viernes la soberanía de Japón sobre las islas en disputa visitadas por el presidente ruso Vladimir Putin, según declaró el embajador estadounidense en Tokio, George Glass. El mandatario ruso viajó el jueves al archipiélago que Moscú denomina Kuriles del Sur y que las autoridades japonesas llaman Territorios del Norte.
Tras el viaje, Rusia y Japón intercambiaron duras críticas sobre la soberanía de las islas, objeto de una disputa bilateral que se prolonga desde hace décadas. “Estados Unidos mantiene una postura inquebrantable en su apoyo a su aliado más importante y en su reconocimiento de la soberanía japonesa sobre los Territorios del Norte”, afirmó Glass en la red social X.
El diplomático agregó: “En un momento en que la Alianza entre Estados Unidos y Japón se dedica a fomentar la prosperidad en toda la región del Indo-Pacífico, nos oponemos firmemente a cualquier acción que socave su paz y estabilidad”.
Por su parte, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, protestó públicamente señalando que “los Territorios del Norte son parte inherente del territorio de Japón, tanto desde el punto de vista histórico como según el derecho internacional”. Tras la visita, Japón convocó al embajador ruso para expresar su inconformidad y la sede diplomática de Rusia informó que su representante reafirmó que las islas son “parte integrante de la Federación Rusa”. Además, sostuvo que el viaje de Putin “no era un asunto para discutir con otros países”.
La disputa por las islas Kuriles, conocidas en Japón como los “Territorios del Norte”, tiene origen en acuerdos suscritos desde mediados del siglo XIX. En 1855, el Tratado de Shimoda estableció la frontera entre Rusia y Japón justo al norte de las cuatro islas más cercanas al territorio japonés: Iturup, Kunashir, Shikotán y el grupo de las Habomai, que quedaron bajo control japonés, mientras que el resto del archipiélago pasó a manos rusas.
En 1875, el Tratado de San Petersburgo otorgó a Japón el dominio sobre toda la cadena de las Kuriles, a cambio de la soberanía rusa plena sobre la isla de Sajalín. El panorama volvió a cambiar tras la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, cuando Japón recuperó la mitad sur de Sajalín.
El desenlace decisivo llegó al final de la Segunda Guerra Mundial. En febrero de 1945, durante la Conferencia de Yalta, los líderes de Estados Unidos, Unión Soviética y Reino Unido negociaron el reparto del mundo posbélico. Según la versión rusa, Franklin D. Roosevelt ofreció a Iósif Stalin la posibilidad de recuperar las Kuriles a cambio de la participación soviética contra Tokio, aunque el acuerdo nunca mencionó explícitamente todas las islas, una ambigüedad que persiste en las relaciones internacionales.

La Unión Soviética declaró la guerra a Japón el 9 de agosto de 1945 y, tras la rendición japonesa, ocupó todo el archipiélago, incluidas las cuatro islas del sur reclamadas por Tokio. En ese momento, cerca de 17.000 residentes japoneses habitaban esas islas. Entre 1947 y 1949, el gobierno soviético dispuso su deportación forzosa hacia el Japón continental.
El Tratado de San Francisco de 1951 implicó que Japón renunciara a “todo derecho, título y reclamo” sobre las “islas Kuriles”, aunque el texto no especificó si la renuncia abarcaba las cuatro islas australes. La Unión Soviética no firmó el tratado, por lo que la disputa territorial no se resolvió. Japón sostiene que esas cuatro islas nunca formaron parte de la cadena de las Kuriles en sentido estricto y que, por tanto, no renunció a ellas.
En 1956, la Declaración Conjunta Japón-URSS restableció las relaciones diplomáticas pero dejó pendiente la disputa. Moscú propuso devolver Shikotán y las Habomai, las dos islas más pequeñas y próximas a Japón, que representan solo el 7% del territorio en litigio. Tokio rechazó la oferta, insistiendo en la devolución de las cuatro islas.
Varios intentos de negociación posteriores resultaron infructuosos. En 1998, los líderes de ambos países se comprometieron en Moscú a resolver la disputa en 14 meses, sin éxito.
En 2010, el entonces presidente ruso Dmitri Medvedev visitó las islas, lo que generó una protesta formal de Japón. Cinco años más tarde, Rusia intensificó la militarización del archipiélago, con la construcción de sistemas de misiles, el despliegue de lanzadores antiaéreos y la instalación de más de 50 infraestructuras militares nuevas, en un contexto de creciente tensión y atención internacional dispersa en otros escenarios.









