Estados Unidos acaba de abrir un nuevo frente en su campaña de presión económica contra Irán. Esta vez apunta a la red de ferrocarril, de la que Teherán depende cada vez más.
El 1 de octubre de 2026, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a tres compañías ferroviarias iraníes, junto con siete fabricantes de automóviles y cinco proveedores extranjeros de componentes para el sector automotor. Las medidas forman parte de su operación de aislamiento económico de Irán, bautizada como "Economic Outcast" (Paria económico).
Según Washington, las industrias ferroviaria y automotriz de Irán dan ingresos y capacidad logística al Estado y están vinculadas a redes relacionadas con el cuerpo de la Guardia Revolucionaria. El momento elegido para adoptar estas medidas es significativo. Desde que el bloqueo marítimo estadounidense restringió drásticamente las rutas comerciales del sur de Irán, Teherán ha tratado de transportar más mercancías a través de sus fronteras terrestres y sus conexiones ferroviarias con China, Asia Central, Rusia y Turquía. El transporte ferroviario ha cobrado mayor importancia justo cuando Washington ha decidido ponerlo en el punto de mira.
Ambicioso objetivo
Según Shahriar Naghizadeh, director general de Comercio Exterior de la autoridad ferroviaria de Irán, el país cuenta con unos 15.000 kilómetros de líneas ferroviarias principales y secundarias. Además, tiene más de 35.000 vagones y cerca de 500 locomotoras diésel.
De acuerdo con las cifras ofrecidas por Naghizadeh, la red transportó alrededor de 44 millones de toneladas de mercancías durante el año iraní, que terminó en marzo de 2026. En 2025, fueron aproximadamente 40 millones de toneladas. Las autoridades se han fijado como próximo objetivo alcanzar los 54 millones de toneladas.
Irán está conectado con los mercados vecinos a través de 13 pasos ferroviarios, que le dan acceso terrestre a Turquía, Azerbaiyán, Afganistán y Pakistán, así como a rutas hacia Asia Central y China a través de Turkmenistán.
Más tráfico ferroviario entre China e Irán
En mayo de 2026, Bloomberg informó de que los trenes de mercancías que viajan desde Xi’an hasta Teherán han pasado de circular aproximadamente una vez por semana antes del bloqueo a hacerlo una vez cada tres o cuatro días. Para Irán, estos servicios ofrecen algo cada vez más importante: una ruta hacia los proveedores chinos que evita la zona del estrecho de Ormuz.
El problema son los plazos de entrega. Una empresa china de transporte de mercancías explica a DW que los tiempos reales pueden prolongarse mucho más allá de los plazos anunciados debido a las inspecciones fronterizas, los trámites aduaneros y la disponibilidad de trenes.
La compañía estima que, en las condiciones actuales, el transporte ferroviario por la ruta principal desde el oeste de China hasta Teherán tarda entre 50 y 60 días. La causa de los retrasos son las inspecciones aduaneras, los cambios de ancho de vías, los problemas de pago y las sanciones. Por carretera, un trayecto similar requiere entre 22 y 25 días.
Mejor para suministros esenciales
Alireza Salavati, analista de economía política y director ejecutivo de Middle East Analytica, con sede en Londres, sostiene que el ferrocarril resulta cada vez más útil, pero advierte que no debe considerarse un sustituto del comercio marítimo.
"Ahora existe una ruta terrestre viable entre China e Irán, pero yo no diría que sustituye al transporte marítimo de mercancías", comenta Salavati a DW. Y explica que, en condiciones normales, los barcos pueden transportar cantidades mucho mayores a un costo unitario más bajo. El ferrocarril es más atractivo para aquellas mercancías en las que la rapidez y la continuidad del suministro son más importantes que conseguir el transporte más barato. Entre ellas, figuran los componentes para automóviles, la maquinaria, los productos electrónicos y los insumos industriales, cuya ausencia puede paralizar toda una línea de producción.
Las nuevas sanciones, fuente de incertidumbre
Optimizar el uso de su red ferroviaria daría a Irán más alternativas y reduciría su dependencia exclusiva de los puertos del sur, aunque la capacidad total sigue siendo limitada. Ante la estrategia de Washington de aislar a Irán cerrándole las vías marítimas, financieras, aéreas y, ahora, también ferroviarias, Salavati sostiene que la misma presión podría acelerar la integración de Irán en redes alternativas.
"El esfuerzo de Washington por aislar a Irán también puede estar empujándolo, más que en cualquier otro momento de los últimos años, hacia la órbita económica de China y acercándolo al sistema estratégico de Rusia en tiempos de guerra", dice.
Los trenes de contenedores solo pueden transportar una fracción de lo que puede llevar un gran buque de carga, por lo que, de momento, el ferrocarril ofrece a Irán una vía comercial alternativa de alcance limitado. Su éxito a mayor escala dependerá de una mejor financiación y de que logre ser más fiable, pero tampoco así podrá sustituir por completo al transporte marítimo.
(ms/cp)
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