Había caído el anochecer en el barrio de Yabalia, en el norte de Gaza, cuando un cuadricóptero israelí rompió la calma vespertina el 1 de noviembre de 2024.
Esa noche, Mohammad Yousef Shalayel se había instalado con su esposa y sus hijos en la casa de sus suegros, después de visitar a 16 familiares desplazados que se alojaban en la cercana casa de sus padres. No sabía que sería la última vez que se verían.
Una “enorme explosión” sacudió la zona y provocó el “derrumbe total” de la casa de los Shalayel. Cuando Shalayel regresó al lugar del ataque a la mañana siguiente, “los cuatro pisos se habían desplomado unos sobre otros, encima de las personas que estaban dentro”, dijo.
Entre ellas estaban su anciana madre, sus dos hermanos y su hermana, así como sus hijos y familiares políticos.
“Nunca olvidaré… Encontré restos desmembrados de niños y mujeres”, contó a CNN a finales de septiembre. “Me derrumbé, pero traté de mantener la entereza para poder recoger los pedazos de carne que estaban esparcidos por todas partes”.
Casi dos años después, Shalayel no ha podido regresar porque desde entonces las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han ocupado más de la mitad del devastado territorio. Dice que casi todos sus familiares siguen desaparecidos.
Entre las ruinas de Gaza, los palestinos dicen que intentan sobrevivir a un conflicto cuyo fin no está claro.
Tres años después de que Hamas y otros grupos armados mataran a unas 1.200 personas en Israel el 7 de octubre de 2023 —y un año después de que se suponía que un alto el fuego negociado por Estados Unidos pondría fin a la guerra subsiguiente en Gaza—, los ataques israelíes siguen produciéndose casi a diario. Según el Ministerio de Salud del enclave, más de 74.000 personas han muerto en el enclave costero durante la ofensiva israelí. Y la cifra aún podría aumentar significativamente.
Unas 8.000 personas están desaparecidas, según la Defensa Civil de Gaza, y es probable que la mayoría estén sepultadas bajo lo que las Naciones Unidas estimaron el año pasado que eran 61 millones de toneladas de escombros.
Y con cada día que pasa, las posibilidades de identificar a los muertos disminuyen a medida que se pierden “pruebas cruciales”, dijo Pat Griffiths, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja en Jerusalén.
En virtud del derecho internacional humanitario, las partes en un conflicto armado “tienen la obligación de llevar a cabo labores de búsqueda y recuperación” de los restos de las personas muertas, desaparecidas o heridas, así como de recopilar, preservar y transferir esa información a la otra parte, declaró Griffiths a CNN.
Según el plan de alto el fuego de octubre de 2025, las fuerzas militares israelíes recibieron instrucciones de retirarse hasta la “línea amarilla”, que delimitaba las zonas ocupadas. Esa zona de demarcación cambiante ha impedido que los palestinos accedan a extensiones de terreno donde sus seres queridos podrían estar sepultados bajo los escombros, según residentes y trabajadores humanitarios.
Varias personas en Yabalia dijeron a CNN que presenciaron cómo las FDI demolían mezquitas, viviendas y edificios, o retiraba escombros cerca de la línea amarilla.
“¿Dónde están los huesos de nuestros seres queridos?”, preguntó un residente, Yahya Odeh. “¿Dónde están sus cuerpos? Hay familias enteras más allá de la línea amarilla que han quedado separadas de sus parientes”.
En septiembre, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, advirtió contra la retirada de escombros en zonas bajo control militar israelí “con excavadoras y sin respeto por los muertos”, después de que el Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos, una ONG con sede en Ginebra, informara de que dicha actividad podría borrar pruebas de crímenes de guerra.
Türk dijo que la recuperación de “lo que parecen ser familias enteras” de debajo de los escombros en zonas accesibles para los palestinos pone de relieve la necesidad de preservar las pruebas de posibles crímenes de guerra, y pidió que se permita a los investigadores internacionales acceder a toda Gaza.
Mientras tanto, las restricciones de Israel a la entrada de maquinaria pesada en Gaza han prolongado las labores de recuperación en partes del enclave donde actualmente no hay tropas israelíes, según funcionarios palestinos.
En agosto, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, rechazó un plan de 15 puntos que trazaba una vía hacia la estabilidad a largo plazo en Gaza, e insistió en que las fuerzas de Israel no se retirarían “hasta que Hamas esté realmente desarmado”. El grupo militante, por su parte, exigió que las FDI dejaran de atacar Gaza y se replegara hasta la línea amarilla, tal como se establece en el plan de alto el fuego.
El año pasado, una investigación independiente de la ONU concluyó que Israel ha cometido genocidio en Gaza, una conclusión rechazada por el Gobierno israelí.
En las zonas de Gaza accesibles para los palestinos, miembros de Defensa Civil registran viviends bombardeadas en busca de los restos de personas desaparecidas.
Desde octubre pasado, los equipos sobre el terreno han recuperado alrededor de 1.000 cuerpos de entre los escombros, según Mahmoud Basal, portavoz de Defensa Civil. Sin embargo, solo hay una excavadora disponible en Ciudad de Gaza y otra en el centro de Gaza, dijo Basal, quien añadió que las operaciones podrían “completarse” si las autoridades israelíes proporcionaran las 10 excavadoras, 10 buldóceres y 30 camiones solicitados por funcionarios palestinos.
La agencia israelí encargada de facilitar la entrada de ayuda en Gaza, COGAT, dijo que Israel ha permitido la entrada de “equipos esenciales”, incluidos aceite de motor, suministros médicos y tiendas de campaña. Sin embargo, COGAT insistió en que las autoridades retendrían la maquinaria pesada y los materiales de reconstrucción hasta que Hamas se desarmara, según Reuters.
Las labores de recuperación se ven dificultadas y se vuelven más peligrosas debido a la presencia de artefactos explosivos sin detonar, dijo Griffiths. Muchos rescatistas están “literalmente retirando escombros, unos pocos centímetros a la vez”, añadió.
Cuando encuentran a palestinos sepultados, algunos presentan señales de haber sido devorados por roedores o perros callejeros, dijo Basal. Shalayel contó a CNN cómo envolvió con una manta el brazo de su hermano, que sobresalía de los escombros de la casa de sus padres, para intentar protegerlo de una “enorme cantidad” de perros que deambulaban por la zona. “Fue una escena horripilante”, dijo.
“Al final, la familia intenta consolarse creyendo que todos sus familiares han sido recuperados de debajo de los escombros”, dijo Basal. “Pero no podemos afirmarlo con certeza”.
El Dr. Ahmad Dheir es uno de los tres únicos médicos forenses especialistas que quedan en el enclave, dijo.
Incluso antes de la guerra, los médicos no tenían acceso a instalaciones para realizar pruebas de ADN, dijo Dheir, después de que un bloqueo de varios años impuesto por Israel y Egipto limitara la entrada de suministros médicos.
La lenta erradicación de la infraestructura médica de Gaza —tras los repetidos ataques israelíes contra centros de salud— ha hecho que el personal médico dependa aún más de técnicas de identificación rudimentarias, dijo Griffiths.
Cuando los equipos de rescate llevan cuerpos sin identificar a los hospitales, la falta de almacenamiento en congeladores, la escasez de combustible y los frecuentes cortes de electricidad aceleran el deterioro de las muestras, dijo Dheir.
Ante la falta de pruebas de ADN, el personal sanitario ha recurrido a análisis de laboratorio y determinaciones del grupo sanguíneo no concluyentes, condenando a muchos familiares a un estado perpetuo de incertidumbre, añadió.
Se suponía que el hijo de Suha al-Sharif, Jihad, cuidaría de su madre en la vejez. En cambio, su ausencia es su única compañía.
“Cuando Jihad se fue, me di cuenta de que era él quien me sostenía. Era mi fortaleza”, declaró a CNN la mujer de 55 años.
Jihad, de 33 años, murió de un disparo el 9 de noviembre de 2023, cuando la familia fue desplazada de la ciudad de Gaza, contó Al-Sharif. Su cuerpo fue trasladado al hospital Al-Shifa, en el norte, pero la intensificación de los ataques de Israel impidió que el personal sanitario pudiera enterrar a la gente. Una vez más, la familia se vio obligada a huir y emprendió el viaje hacia el sur. Casi tres años después, Al-Sharif no ha podido encontrarlo. “Lo más duro es que no pude enterrarlo; no sé dónde está su cuerpo”, dijo.
“Por la noche, cuando apoyo la cabeza en la almohada, los recuerdos regresan”, añadió. “Ya no quedan lágrimas. Siento que mi vida se acabó”.
Su sensación de desposesión refleja la de muchos supervivientes en Gaza. Los palestinos cuyos familiares siguen desaparecidos han estado mostrando signos de “pérdida ambigua”, un trastorno situacional en el que las personas se sienten perdidas, incapaces de concentrarse, ansiosas, deprimidas o culpables, según dijeron a CNN dos trabajadores humanitarios.
Algunas personas rezan, conservan fotografías o pertenencias de sus seres queridos para “mantener vivo su recuerdo”, según Israa Alqahwaji, coordinadora del programa de salud mental en Gaza de la ONG británica Medical Aid for Palestinians. Querer encontrar el cuerpo de una persona “refleja una necesidad humana muy profunda de conocer la verdad”, dijo Alqahwaji.
“Seguir viviendo no significa abandonar ni olvidar a la persona que han perdido”, añadió.
En Deir al-Balah, un cementerio de los desaparecidos, como lo llaman los lugareños, se ha convertido en un símbolo del destino desconocido de cientos de palestinos.
Según la Defensa Civil de Gaza, allí han sido enterradas unas 1.000 personas no identificadas. Las autoridades han estado trabajando con organismos internacionales de ayuda para crear un sistema digital de intercambio de información, asignando números de serie a las tumbas sin nombre para que, si algún día es posible realizar pruebas de ADN, sus seres queridos puedan identificar a sus familiares en los próximos años.
“Creemos que estas personas y sus familias tienen derecho, por una cuestión de dignidad humana, a encontrar a sus seres queridos”, dijo Dheir.
Shalayel espera que algún día encuentre a su familia y pueda darle sepultura dignamente. “Para nosotros, el pueblo de Gaza, hay un dicho muy conocido: honrar a los muertos significa enterrarlos. Nuestra religión, costumbres y tradiciones nos enseñan que, cuando alguien muere, debe ser enterrado y debe conocerse el lugar donde está sepultado”.


















