
China no quiere una solución a corto plazo en Irán. El régimen conducido por Xi Jinping apuesta a que su principal rival militar, económico, comercial, tecnológico y estratégico se empantane una larga temporada negociando y gastando su arsenal en Medio Oriente. Busca evitar que Washington se enfoque definitivamente en el Indo-Pacífico. Pero Beijing juega con fuego y la última de sus maniobras podría destrabar la venta de armas a Taiwán aprobada por el Congreso de los Estados Unidos que por ahora la Casa Blanca mantiene en stand by.
De acuerdo a una investigación de la agencia internacional Reuters, Irán recibirá de China, en las próximas semanas, 400 lanzadores de misiles antiaéreos de uso sencillo y difíciles de detectar: se disparan desde el hombro. El contrato -por 70 millones de dólares y que involucra a la empresa Zhongqing Baoshang International Investment, con sede en Hong Kong– es para adquirir 400 sistemas de defensa aérea portátiles, incluidos misiles QW-12 y FN-16 de fabricación china.
En diciembre pasado, Estados Unidos aprobó la venta por 11 mil millones de dólares de un paquete de armamento para Taiwán. La isla se arma contrarreloj para prepararse para repeler un posible intento de invasión por parte de China. La operación incluye sistemas de cohetes HIMARS, obuses, misiles antitanque, drones y repuestos para otros equipos militares críticos. Pero aún el gobierno de Donald Trump no transfirió ese material a Taipei. ¿Lo hará ahora que China vendió armas al país que continúa prometiendo dar “muerte a Estados Unidos”?
Pero esta no es la primera vez que China se involucra de lleno en el conflicto que tiene como protagonistas a Estados Unidos, Irán e Israel.
El régimen de Xi reforzó la capacidad de su socio iraní para golpear activos de Estados Unidos en Medio Oriente al facilitarle datos de satélites para selección de blancos, una asistencia que, según un informe del think tank Hudson Institute, permitió a Teherán pasar de ataques que parecían fortuitos a una campaña más precisa contra radares, aviones de apoyo y sistemas de comunicaciones durante la Operación Epic Fury.
En mayo de 2026, la administración Trump sancionó a varias empresas radicadas en China por suministrar imágenes satelitales que facilitaron los ataques iraníes contra fuerzas estadounidenses. De acuerdo con la explicación oficial citada en el reporte, MizarVision difundió imágenes de código abierto sobre actividad norteamericana durante la campaña militar, Earth Eye entregó imágenes directamente a Teherán y Chang Guang Satellite Technology recopiló y proveyó material sobre instalaciones militares estadounidenses y aliadas.
El informe sitúa el origen de esa cooperación varios años antes. En 2024, la Guardia Revolucionaria Islámica habría establecido vínculos con Chang Guang y con MinoSpace Technology para asegurarse respaldo de inteligencia espacial. Ambas compañías operan dentro del ecosistema comercial chino vinculado al Estado y fabrican satélites avanzados de observación remota alineados con las prioridades estratégicas de Beijing.
Chang Guang produce pequeños cube-sats equipados con imágenes de alta resolución. La firma MinoSpace fabrica los satélites de observación terrestre de la serie Taijing. De acuerdo con el Hudson Institute, esa cooperación podía mejorar la capacidad iraní para vigilar instalaciones militares de Estados Unidos y acelerar el desarrollo de sus blancos.
El patrón de ayuda entre ambos regímenes se profundiza ahora con la venta de armas para derribar vehículos aéreos norteamericanos.
Pero no sólo Estados Unidos toma nota sobre esta asistencia militar. Los países árabes que sufren a diario las agresiones iraníes también ven cómo desde Beijing -un socio comercial importante para muchos de ellos- se refuerza la capacidad de quien a diario dispara misiles contra instalaciones militares, edificios, infraestructura civil y aeropuertos. Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita sufren a diario estos ataques aéreos. ¿Tomarán nota de los socios de su enemigo o continuarán priorizando los negocios?
Mientras tanto, la tensión en Ormuz no se detiene. Irán continúa intentando mantener como rehén a los buques petroleros que intenten pasar por allí. La Guardia Revolucionaria Islámica interceptó y forzó la detención de tres petroleros en el estrecho. Muchos de esos busques también llevan banderas árabes. China también sabe eso. Y alimenta la maquinaria de guerra que lo hace posible.
X: @TotiPI









