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noviembre 6, 2026
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Perkins Rocha: “Estoy absolutamente convencido de que las elecciones van a ser en 2027”

El lunes 26 de octubre, al día siguiente de su regreso a Venezuela tras 10 meses fuera del país, María Corina Machado, premio Nobel de la Paz 2025, subió a pie los 10 pisos que la separaban del apartamento de Perkins Rocha en Caracas, porque uno de los ascensores estaba dañado desde temprano y el otro se negó a arrancar en cuanto ella se montó. Arriba la esperaba, sin saberlo, un hombre con un grillete en el tobillo.

Rocha, abogado, exmagistrado de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo y asesor jurídico de Machado y de Vente Venezuela, fue detenido el 27 de agosto de 2024, un mes después de las presidenciales, y pasó en El Helicoide los 539 días que él mismo contabiliza. Desde entonces cumple arresto domiciliario, custodiado por dos policías que se relevan cada mañana frente a su puerta, sin que la amnistía decretada por el gobierno interino de Delcy Rodríguez, que ocupa la presidencia desde que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro en enero, haya alcanzado su caso. La conversación tuvo lugar por videollamada el sábado 31 de octubre, con su esposa, la abogada María Constanza Cipriani, sentada a su lado.

—¿Usted sabía que ella venía a Venezuela?

—No. Nos enteramos como todo el mundo, un poquito antes de las 10:30 am del sábado, cuando puso el mensaje anunciando que estaba aquí. Para ser honesto, yo estaba empezando a preparar mi corazón para que no viniera este año, porque más de una vez estuve al tanto de oportunidades en que supe que venía en camino y luego se habían abortado. Viendo los panoramas que se presentan para el año que viene, y presumiendo también los compromisos económicos que se tejieron en este tiempo, me preguntaba si acaso querían garantizarle a Estados Unidos un clima aún más favorable para su llegada, si pensaban que iba a traer intranquilidad y querían más tiempo. Al final, los acontecimientos han echado por tierra esas predicciones. Su llegada le ha dado al país un ritmo institucional distinto, que creo favorable.

—¿A qué se refiere con la expresión “ritmo institucional”?

—A las reacciones inmediatas de la administración residual. Primero la alocución de Delcy, antes de la visita a Valencia con Lacava [Rafael Lacava, gobernador de Carabobo], y luego el pronunciamiento del Departamento de Estado, que fija 2027 para un hecho electoral. Eso, por sí solo, marca un cambio.

—¿Eso está firme? No se percibe tan firme, han dicho una cosa y luego otra.

—En este momento sí. Después de la llegada de María Corina, y por la forma en que fue acompañada por algunos personajes de la administración de la Casa Blanca y del Congreso, estoy absolutamente convencido de que las elecciones van a ser en 2027. De lo que se trata ahora es de presentar obras y acciones que aceleren todavía más ese clima. Una es demostrar que podemos actualizar el registro electoral con apoyo de la tecnología nueva, incorporando el uso masivo de los celulares, que no existía hace años. El ordenamiento jurídico no prohíbe que la sociedad civil construya un registro. Lo hicimos para las primarias, y fue una de las grandes discusiones que tuvimos. Decían que era una ilegalidad, que estábamos construyendo un registro paralelo. Fuimos varios, estaba Jesús María Casal [constitucionalista, presidente de la Comisión Nacional de Primaria en 2023], estaba Guillermo Tell Aveledo [politólogo], y planteamos que hacíamos uso de las leyes que permiten la transparencia y la publicidad de la información electoral, que contiene solamente nombre, apellido, cédula de identidad y centro de votación. Esa información la bajamos de los datos públicos, que existen, aunque estén desactualizados. No es ilegal ni viola la privacidad de nadie. Podemos componer un registro electoral nuevo, mucho más completo que el último que tuvimos en 2024, e incluso empezar a trabajar en el de las personas que se encuentran afuera, que son unos 3 o 4 millones en edad de votar. Eso podría animar mucho el ambiente. La otra acción es una discusión en la calle que hemos llamado Punto de Encuentro.

—¿Esas asambleas se refieren al asunto electoral?

—No. Están referidas a un proyecto que se llama Venezuela Tierra de Gracia, sobre el país que deseamos. Son ideas sobre cómo debe ser la transición y sobre cuál es la república que queremos construir, en el entendido de que hoy en Venezuela no hay república. Hay una población carente de institucionalidad sobre un territorio, en búsqueda de una organización política que los reúna a todos, que es la república. Son asambleas hechas de una manera distinta a como se hacen comúnmente. No se llama a las personas a desahogar pasiones. Tú, como ciudadana, recibes primero el temario y lo vas construyendo, y con una votación muy sencilla se escogen los temas para tal día y se escogen los voceros. Son asambleas mucho más pequeñas, que llegan a conclusiones y votan las propuestas de la misma manera en que fuiste convocado. Eso se va a hacer en todo el país.

—¿No se corre el riesgo de crear expectativas desbordadas?

—Claro, cómo no. Es un riesgo. Pero si logramos la mitad, estamos muy bien. Se nos vendió la idea de que podemos construir un Tribunal Supremo de Justicia autónomo e independiente. Es falso, no será autónomo e independiente mientras no haya república. Pero si colaboramos para que se desmonte el Tribunal Supremo del horror que hay ahorita y logramos un Poder Judicial distinto al actual, también podemos designar un Poder Electoral, unas estructuras electorales mínimas que puedan cabalgar con estas expectativas altas. Es preferible tener expectativas altas que se frustren porcentualmente que expectativas muy bajas que vayamos satisfaciendo por debajo de la media. Tenemos que ambicionar. Lo que se despertó el domingo 25 de octubre fue un caudal de voluntad, y hay que alimentarlo. Discúlpame la comparación, pero para los creyentes es algo bíblico. Es el pueblo buscando la ley, buscando la institucionalidad, buscando cauce. Me refiero a cauces organizados. En ninguna de estas concentraciones hubo violencia. Hubo incluso un orden espontáneo llamativo en varias paradas. En Guacara, en Maracay y en Valle-Coche fue extraordinario ver cómo las personas, en el contraflujo, se paraban los que querían y seguían los que no. No hubo violencia, hubo alegría. Estamos en un momento en que debemos aprovechar todo este impulso.

—Volvamos al lunes. Ella entró a su casa y tuvo que decirle "levántate, coño".

—Entró como una tromba y yo me quedé, como dicen los llaneros, súbito, paralizado. Estaba sorprendido. Abrazarla fue muy importante. Fueron muchos momentos y mucho tiempo pensando en ella, en la oscuridad, junto con otros amigos, en cómo le estaría yendo en el tiempo que estuvo enconchada. Pensábamos que le estaba yendo muy mal. Después supimos que se fue en lancha, con sus hijos afuera, ella sola, comiendo mal, pasando frío en una lancha pelada, mojándose, que se golpeó contra el borde de la lancha. Cuántas cosas tiene que hacer una persona en estos momentos para que haya un cambio de gobierno, para que se nos respete. Con cuántas cosas hay que luchar, enemigos internos y externos, aliados que hoy son aliados y mañana cambian de rumbo. Prisión, persecución, desprecios, burlas, y siempre cabalgando un nuevo reto. Vencemos uno y sale otro. ¿Y cuándo vamos a celebrar las primarias? Y nos montamos rápido en el 28 de julio de 2024. ¿Y cuándo vamos a celebrar que todo el mundo ganó?, y entonces empieza la persecución. Siempre hay algo que nos sabotea la felicidad de celebrar los pasos que se logran dar.

—¿Hay dentro de usted una mínima reserva, una mínima duda, de que si no hubiera estado con Machado no lo habrían sometido al presidio político, ni a su familia a todo ese sufrimiento?

—Hace tiempo mi esposa María Constanza y yo decidimos, casi forzadamente, provocar que nuestros hijos se fueran. Sin saberlo y sabiéndolo, nos estábamos preparando para lo que ocurrió. Tomamos algunas decisiones económicas, patrimoniales, nos minimizamos, nos concentramos en Caracas, dejamos de ir tanto a Maracay. En la cárcel yo estaba tranquilo. Mi única angustia era que agarraran también a María Costanza, porque vi allá a varias esposas detenidas para forzar a sus esposos a delaciones, y luego a los hijos. Pero por lo menos sabía que los míos estaban afuera. En los pocos mensajes que logré enviarle a María Constanza, que por cierto ella leyó dos o tres meses después, porque iban en las bolsas y aquello fue cosa de detectives, le pedía que le dijera a Santiago [su hijo] que afuera era más útil que adentro, que ni se le ocurriera regresar. Santiago era el que más nos preocupaba, porque una vez nos amenazó con que, si nos pasaba algo a alguno de los dos, se iba a amarrar frente a la cárcel hasta que saliéramos.

Yo no he pensado eso. Nunca lo pensé. Yo llego a María Corina como consecuencia de lo que sentía, pensaba y hacía, por todo lo que yo solo había arriesgado. Cuando fui magistrado de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo me persiguieron solo a mí, y metieron preso a un chofer. Era yo peleando contra el propio Poder Judicial, que en algún momento me apoyaba y dejó de apoyarme, tratando de sobrevivir hasta que por fin conseguí que la Sala Penal se abocara al asunto, y tres magistrados dignos, Rafael Pérez Perdomo, Blanca Rosa Mármol de León y Julio Elías Mayaudón, decidieron que no me metieran preso en un tribunal penal de instancia. Luego vinieron otras peleas. Demandé a Chávez por la falsedad del decreto con el que nombró canciller a Elías Jaua, que afirmaba haber firmado en el Palacio de Miraflores cuando él estaba ya en cama en Cuba. Eso lo hice yo solo. Yo solo denuncié a los magistrados del TSJ. Luego me sumé al Bloque Constitucional buscando apoyo académico, y lo logré parcialmente, pero mis luchas eran yo solo, hasta que me dije que no podía seguir arriesgando yo solito mi pellejo. Empecé a sentir en el lenguaje de María Corina y en el de Vente Venezuela la misma línea de ataque al Estado, la misma búsqueda en las formas jurídicas, políticas y constitucionales. Esta gente habla mi mismo lenguaje, habla de república, de Estado, de democracia, de libertad, pensé. En ese momento decidí ingresar en una organización política y le dije adiós a la carrera judicial. Me preparé para esta batalla.

Y a pesar de eso, en El Helicoide nunca estuve con mis amigos de la organización. Siempre me tuvieron separado, con otros políticos o con los grupos de Tareck El Aissami [exvicepresidente de Maduro, preso desde 2024], de Pdvsa-Cripto y de la CVG. Nos veían con cámaras, me imagino que era algún experimento para ver cómo yo intercambiaba o socializaba con ellos. Es lo único que se me ocurre. Nunca estuve con Henry Alviárez [dirigente de Vente Venezuela] ni con nadie de Vente. Me separaron completamente de las 60 personas de Vente Venezuela que estaban en El Helicoide.

—¿Esa cifra, la de 60 presos de Vente, incluye a las mujeres?

—Sí. Incluía a Catalina Ramos, a Dignora Hernández, a María Oropeza [dirigentes de Vente Venezuela] y a un grupo mayor de mujeres, que llegaban a ser unas 12. Solo las veía en el patio. Cuando los barquitos norteamericanos se estaban acercando al Caribe hubo una especie de flexibilización interna en El Helicoide. Les entró una especie de paranoia con nosotros y empezaron a darnos espacios que hasta entonces no nos habían dado. Por cierto, esa flexibilización le aceleró la muerte a Alfredo Díaz [exgobernador de Nueva Esparta, muerto bajo custodia en diciembre de 2025], que en paz descanse. Nos permitieron llamar, y por primera vez llamé a María Constanza. Ahí empecé a ver a mis compañeros de la organización. Hasta ese momento estuve separado completamente.

—¿Cómo vio a María Corina Machado?

—Muy bien. Muy reflexiva. Es otra persona, más madura, no es la misma. A lo mejor es por el maratón que se había pegado el día anterior, pero la veo mucho más calmada. Mi papá era taurino, y discúlpame si estás en contra de la fiesta brava, pero a mí me criaron con ella. Yo siento que todo lo que le ocurrió entre 2024 y 2026, ese exilio forzado, esa persecución, esa separación de sus seres queridos y de la gente, significó para María Corina la pica. Es la misma bestia política, pero con mucha más reflexión.

—La pica busca debilitar al animal, ¿no?

—No. La pica es el acto de madurez. Le da carácter a la lidia, hace que el toro se centre en el torero y no busque los tendidos, no mueva la cabeza para todas partes, no se ponga a dar vueltas en el ruedo o a brincar hacia los tendidos porque algo le llamó la atención. La pica hace que el toro de lidia, que está preparado exclusivamente para eso, embista el capote y la muleta con un solo objetivo. Que se la juegue. La idea del toreo tampoco es matar al toro. El buen torero busca que el toro sea indultado, y el que luego es premiado es el que no lo hace sufrir. Toro y hombre, para que una lidia sea buena, tienen que compenetrarse como en un ballet muy peligroso, porque cualquier resbalón puede significar la muerte. Mi papá decía que quería que yo fuera torero, pero llegó un momento en que me dijo que no podía serlo porque era inteligente, y todo hombre inteligente es cobarde.

—¿Teme que ella pueda estar en peligro físico?

—Esa sensación nunca la hemos perdido, y cuando hablo en plural me refiero a toda la organización. Cada vez que María Corina asciende políticamente, nosotros temblamos. No hubo manera de convencerla de que ya no podía entrar por el frente, de que tenía que entrar por detrás, por donde entran los políticos, los cantantes, toda la gente que sabe de tarima. A ella le gusta, siente un placer sublime en que la toquen y en tocar a la gente. Nadie imagina, mientras se hace ese recorrido, que normalmente es de media hora o una hora entre la concentración y la tarima, lo que tragamos grueso los que estamos con ella, porque es muy fácil hacerle daño. Se lo han hecho a otros personajes. Venezuela se ha convertido hoy en una lucha de intereses muy fuertes, y no sabemos los compromisos que esos intereses tengan. Nuestra forma de hacer política rompe esquemas. Un buen día decidimos participar electoralmente, cuando los apostadores jugaban a que íbamos a tener otra vez una actitud contraria a las elecciones, y nos fue bien. Esa ruptura con los convencionalismos políticos puede generar reacciones no controladas, peligrosas, para las que hay que estar preparados.

—Entonces, el gran objetivo va a ser la convocatoria de elecciones el año que viene.

—El gran objetivo. Esa carrera pasa por la creación de un CNE, el nombramiento de sus rectores, las reformas legales para aliviar las trabas que existen y el levantamiento de las inhabilitaciones. Eso es muy importante. Y volviendo a lo que mencionabas hace rato, veo una claridad que antes no veía por parte del garante, del tutor. Hablan de una vacancia que se declararía para que seis meses después se hicieran las elecciones. La gente se pregunta de dónde sale ese plazo de seis meses, si la Constitución solamente habla de 30 días después de la falta absoluta. Yo creo que ya todo el mundo está claro en que esos 30 días son para convocar las elecciones, que pueden fijarse para una fecha posterior. Los seis meses, que el representante del Departamento de Estado mencionó de manera tan tajante, salen del artículo 298 de la Constitución vigente, según el cual la ley que regula los procesos electorales no puede modificarse en los seis meses anteriores a la elección. Tendríamos todo el año para hacer los cambios estructurales que ameritan ciertas reformas, y seis meses después de la declaratoria de vacancia podría hacerse perfectamente el llamado electoral.

—¿Qué modificaciones serían esas?

—Hay modificaciones administrativas internas. El organigrama del CNE hay que ajustarlo. Se ha entendido que lo que menciona la Constitución abarca las leyes y también las reglas sublegales de carácter normativo, reglamentos, providencias. Todo eso hay que hacerlo seis meses antes del hecho electoral para poner a tono al Consejo Nacional Electoral. Una vez que se nombren los nuevos rectores, imagino, porque lo estrictamente electoral no es mi materia, habrá que modificar algunos departamentos y divisiones internas, buscar mecanismos de transparencia que pongan la información en la calle. Debe haber algún cambio estructural normativo interno que amerite esa reglamentación. A eso hace referencia ese esquema.

—¿Es cuesta arriba cumplir con la expectativa de que pudieran hacerse el 24 de julio de 2027?

—Estamos a comienzos de noviembre. Tenemos entendido que la mesa de diálogo ha trabajado en algunos aspectos. Cuando nombraron los comités de postulaciones judiciales, ya tenían elaborada la normativa del Comité de Postulaciones Electorales. Sabemos de algunos avances internos en relación con el acceso al registro, y estamos trabajando en el registro. Pero el 24 de julio puede ser en este momento una fecha un tanto apresurada. Harían falta como mínimo cinco o seis meses para llevarlo a cabo holgadamente. Estaríamos hablando de que podría hacerse en 2027.

—¿Tiene usted un mensaje al país?

—Hay toda la voluntad de seguir. María Corina no ha cambiado, sigue intacta en sus principios, está fuerte, convencida de que este es el camino correcto. Tenemos clara la ruta. Es un liderazgo sólido que se acerca al ciudadano porque es absolutamente empática con todos, y eso no tiene nada de mesiánico. La población venezolana ha dado muestras de civismo con su llegada. En la autopista no obstaculizaron el tráfico, dejaron abierto para que la gente rodara. Donde ella llega no hay disturbios ni atropellos, porque hemos aprendido desde el dolor que la ciudadanía se ejerce con respeto hacia los demás. Sus visitas, la reunión que tuvo con los familiares de los presos políticos mientras Delcy bailaba en Guacara, son pequeños grandes pasos que le dan sentido a esta lucha y le dan ánimo a la gente. Este es un buen momento para sentirse muy empoderados, porque están dadas las condiciones para que Venezuela, con las armas civiles, que son el derecho, la justicia y el respeto a los demás, alcance un país de libertades con democracia plena.

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