Simon Sebag Montefiore (1965, Reino Unido), es un tipo que no pasa desapercibido; de esos que acuden a una entrevista con camisa, pero también con calcetines de colores y botas con cordones rojos. El que es uno de los historiadores más reconocidos del panorama … internacional –una decena de premios lo atestiguan– recibe a ABC en la Fundación Ramón Areces para presentar su nuevo e inabarcable ensayo: 'El hervidero' (Crítica, 2026). «Es un recorrido por la historia de Oriente Próximo desde 1900 hasta la actualidad», dice. Y ahí es nada. Agudo, incisivo y algo pícaro, se nos adelanta con una pregunta: «¿Cuál es la ideología de tu periódico?». Empieza fuerte.
—Le devuelvo la pregunta: ¿cuál es su ideología?
—Soy liberal [sonríe].
—Esa es una respuesta muy amplia…
—Lo sé, pero lo vamos a dejar ahí.
—Además de liberal, es un judío cuya familia proviene del norte de África. ¿Cree que es una buena mezcla para hacer este libro?
—Creo que es la posición ideal para escribirlo. Mi libro es equilibrado, está basado en hechos y rechaza las conspiraciones, las narrativas aceptadas y las ideologías descolonizadoras y tercermundistas. Quiero que el lector descifre por sí mismo lo que ocurrió. Pero estoy muy orgulloso de mis conexiones con los sefardíes españoles y con los marroquíes.
—Ya que habla de sus conexiones, ¿qué opina de la invasión de Ceuta y de la entrada de buques de Marruecos en aguas españolas?
—No soy un experto en eso, así que debo tener cuidado con lo que digo. Pero es obvio que los grandes desafíos de los países occidentales son la inmigración y el multiculturalismo. Lo que está claro es que el Gobierno español no ha llevado bien la situación.
—¿Qué opina de esa actuación?, ¿cree que ha sido contundente Pedro Sánchez?
—[Ríe] Sé a dónde me quieres llevar, pero repito que tengo que tener cuidado. Pedro Sánchez no ha gestionado bien esta crisis, y no vas a conseguir que diga nada más.
—¿Cómo definiría Oriente Próximo?
–Es un concepto difícil. Comprende desde Marruecos hasta Irán, desde Turquía hasta Yemen, pero se está expandiendo en la actualidad. La retirada de las superpotencias significa que otras nuevas llegan a la zona. Una de mis conclusiones es que el mundo ya no es cómo hace un siglo. Ahora parte de Grecia, Etiopía o la India son Oriente Próximo. Abarcar todo eso es difícil.
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El hervidero

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Editorial
Crítica -
Páginas
608 -
Precio
25.90 €
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—Ha afirmado que este libro solo lo podía haber escrito un chiflado.
—Y ese soy yo. Oriente Próximo es el tema más loco, más inabarcable y más turbulento del mundo en la actualidad.
—Pero siempre de actualidad: mire las revueltas de Francia.
—Sí. En París, los manifestantes llevaban símbolos de Palestina. El palestinianismo se ha convertido en la bandera de la intifada internacional; está muy focalizado hacia Occidente y busca la erosión de las democracias liberales. Pero, a la vez, estas revueltas revelan el fracaso del multiculturalismo y ponen de manifiesto la mala gestión de la inmigración en Francia.
—Afirma que esta visión pérfida de Israel es una victoria de Hamás y de Hezbolá…
—Por supuesto que lo es. Hamás ha perdido en el campo de batalla, pero ha ganado la guerra de la información, la que forja la narrativa. Y eso es porque, sin que nadie se percatara, la ideología propalestina ha influido en los medios, en las instituciones académicas… La cobertura que ha hecho la BBC de Gaza se ha inclinado mucho hacia la desinformación proporcionada por Hamás, y eso es un desastre para el mundo y representa una victoria para el terrorismo.
—¿Quién ha sido el culpable?
—Una especie de izquierda que, en realidad, es la unión del activismo de ultraizquierda y el islamismo conservador. Esa izquierda ha asumido la propaganda de Hamás.
«El activismo de ultraizquierda se ha unido al islamismo consevador y ha asumido la propaganda de Hamás»
Simon Sebag Montefiore
Historiador y documentalista
—¿Por qué compara los ataques del 7 de octubre con la batalla de los Cuernos de Hattin de 1187, en la que los musulmanes arrebataron a los Cruzados la Vera Cruz?
—El 7 de octubre supuso una victoria para los islamistas. En Oriente Próximo la derrota militar importa, y ellos la consiguieron durante un día. A cambio, no les importaba la muerte de civiles palestinos en la guerra que iban a provocar. Cito a líderes de Hamás que lo corroboraron y que celebraron que, además, se habían ganado a los estudiantes de Occidente. Pero aquello fue mucho más: fue una forma de destruir la solución de los dos estados, de prevenir una paz con Arabia Saudita, de humillar a Israel, de provocar una respuesta y de restaurar a Irán dentro del tablero internacional. Fue un evento que define la Edad Moderna.
—¿Se parece el Israel actual al de sus inicios?
—Sí. Su estrategia ha pasado de confiar en que podría tolerar el crecimiento de milicias muy hostiles en sus fronteras, a estar convencido de que debe golpear cada oposición de forma inmediata. Igual que en sus orígenes. Lo que debería hacer Israel es hallar el camino intermedio, no puede estar en guerra siempre. El problema es el gobierno de Netanyahu, que es tóxico y está constituido por muchos bandos que no desean la amistad con potencias árabes.
—¿Antes, en 2001, los atentados del 11 de septiembre extendieron también falsos mitos sobre Oriente Próximo?
—Muchos. Uno de ellos, que Oriente y Occidente estaban condenados a no coexistir. Hay una gran tradición histórica en el Islam de apertura hacia Occidente. Hoy, muchos grandes países de Oriente Próximo, incluido Marruecos, tienen visiones cada vez más abiertas sobre la religión. Y, a lo largo de los siglos, ha habido líderes seculares para los que el clero siempre estaba en un segundo escalón; uno de ellos, el Imperio Otomano.
—Arranca el libro con ese Imperio Otomano extensísimo que, al final, terminó por desaparecer. ¿Le puede pasar lo mismo a otros países de Oriente Próximo?
—En los próximos cien años vamos a ver muchas fronteras en África y Oriente Próximo desafiadas y modificadas. La ruptura de las reglas actuales provocará que los países utilicen la guerra para intentar ganar espacio. Al final, nacerán nuevos estados. De hecho, la misión del Estado Islámico era redefinir esta geografía y, si Occidente no hubiera intervenido, hubiera creado un nuevo país entre Siria e Irak.
«En los próximos cien años vamos a ver muchas fronteras en África y Oriente Próximo desafiadas y modificadas»
Simon Sebag Montefiore
Historiador y documentalista
—¿La creación por parte de Occidente de fronteras artificiales en Oriente Próximo a partir del siglo XX ha sido útil?
—Es difícil saberlo. La creación de estos estados intentaba imponer a las naciones occidentales sobre territorios con una gran diversidad de sectas y confesiones, y todo esto es muy difícil de aunar en un estado-nación. Es lo que ocurrió en Turquía o la India. Los países creados por Occidente han sido ingobernables.
—A nivel histórico, define a los Estados Unidos como la principal potencia de Oriente Próximo. ¿Cree que lo seguirá siendo en un futuro, o está condenada por su indecisión en la región?
—No lo será, al menos de la misma manera. Soy partidario de que se retirará de la zona de forma gradual. Su período de hegemonía total ha terminado, pero sigue siendo la única potencia con la fuerza militar, las aspiraciones internacionales y el músculo necesarios para intervenir en Oriente Próximo. La región necesita poder americano, pero de una manera medida, consistente y con principios.
—¿Trump no le ha dado eso?
—No, ha sido muy errático. Tiene políticas que van en contra de sí mismo y embajadores como el de Turquía que llevan a cabo políticas independientes que chocan con la política exterior principal. Espero que esto cambie en un futuro, porque sería peligroso que se produzca una unión militar en la zona.
—Sorprende que las monarquías absolutas sean las más estables de Oriente Próximo, y que las democracias sean las endebles.
—Lo explico en el libro. Israel es la única democracia en la zona y, ahora, muestra señales de un peligro de desintegración a través de un gobierno que se autodestruye. Además, todos los estados inventados por intervenciones occidentales –los que ya he comentado antes– son inestables. A cambio, las monarquías absolutas autocreadas se encuentran entre los países mejor gobernados de Oriente Próximo. Incluso Marruecos, que se ha convertido en la primera potencia industrial de África. Y eso, a pesar de los problemas endémicos, los obvios, que arrastran.
—¿Cuál es el mayor mal de Oriente Próximo?
—Hay muchísimos factores. El hecho de que tantas potencias exteriores tengan intereses en Oriente Próximo es muy relevante. También que cualquier país extranjero tenga presencia en la zona por geografía básica, ya que es un puente entre tres continentes. Luego hay otros tantos como la tradición de la autocracia, la desigualdad económica masiva, la lucha de las diferentes facciones del Islam, las crisis árabes e iraníes, el neootomanismo de Turquía…
—¿Qué titular le gustaría para esta entrevista?
—Que existe un libro que, por primera vez, capta el matiz, el equilibro y la diversidad de esta región tan compleja. Y que, si quieres entender Oriente Próximo, debes leerlo.
—Difícil, con los titulares que nos ha dejado…
—Lo sé.















