Vaca Muerta, la formación patagónica de la que actualmente se extraen más de 600.000 barriles diarios de petróleo, no es solo la gran estrella productiva argentina; es también el arma que Javier Milei encontró para introducir una ofensiva en la larga disputa con el Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas. Cuando el proyecto de explotación Sea Lion — autorizado por la administración local de las islas y destinado a extraer crudo del fondo marino que las rodea— está pronto a despegar, el presidente argentino lanzó una amenaza: cualquier empresa que se involucre con esa iniciativa quedará vedada para operar en el país. Es decir, deberá renunciar a participar de cualquier negocio vinculado a la joya petrolera argentina, con reservas para un siglo de producción.
“Quienes operan en nuestras islas a espaldas del gobierno argentino tendrán que elegir entre una apuesta ilegal en un territorio disputado y una operación rentable y segura en un país soberano con reglas claras y previsibilidad. No se pueden hacer las dos cosas”, dijo Milei el jueves pasado, en un discurso transmitido por cadena nacional. En su mensaje anunció la ampliación de las sanciones ya dispuestas por una ley de 2011 para las empresas —y sus accionistas, empleados y proveedores— que operen en las islas Malvinas, administradas por el Reino Unido desde su ocupación en 1833 y cuya soberanía reclama Argentina.
“Elegir entre Vaca Muerta y Sea Lion es como elegir entre Messi y un juvenil”, resume Juan José Carbajales, exsubsecretario de Hidrocarburos y director del Instituto de Gas y Petróleo de la Universidad de Buenos Aires. “Vaca Muerta es algo probado, que funciona; sabés que tiene petróleo y solo hay que invertir y sacarlo. Lo otro es una apuesta de mucho riesgo y, aun si resultara muy bien, Vaca Muerta es una cuenca entera y Sea Lion es un yacimiento”, agrega.

El yacimiento Sea Lion fue descubierto en 2010 y está situado aproximadamente 220 kilómetros al norte de las islas Malvinas. El proyecto es impulsado por la empresa israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration, que obtuvieron la confirmación final de la inversión para la primera fase de desarrollo el 10 de diciembre de 2025.
Se estima que Vaca Muerta tiene recursos técnicamente recuperables de alrededor de 30.170 millones de barriles, mientras que los de Sea Lion podrían rondar los 314 millones, apenas el 1%. Actualmente, de Vaca Muerta se extraen más de 600.000 barriles diarios y se proyecta llegar a alrededor de 1,5 millones para 2032. El proyecto de Malvinas apunta, en cambio, a extraer 55.000 barriles diarios en su fase inicial, con la intención de llegar a los 200.000 en una etapa madura. También hay una disparidad en los costes: una operación en el mar (offshore) es mucho más cara que una en tierra (onshore). Si en Vaca Muerta perforar un pozo requiere alrededor de 10 millones de dólares, en aguas profundas ese número puede elevarse hasta los 200 millones, detalla Carbajales.
“Sea Lion tiene el tamaño de uno de los 40 proyectos que incluye Vaca Muerta”, resume Daniel Dreizzen, exsecretario de Planeamiento Energético y director de la consultora Aleph Energy. Aun así, Sea Lion no es un proyecto particularmente pequeño a escala global y, sobre todo, es una promesa. Si la extracción se concreta y resulta rentable, se disparará el interés de los inversores por explorar los bloques aledaños. Por eso, al Gobierno argentino le resulta primordial boicotear el proyecto en esta instancia inicial.
Si bien las empresas anunciaron que las declaraciones de Milei no alteran el cronograma, que prevé iniciar las perforaciones en 2027, el cambio de postura del presidente argentino le suma riesgo político a una iniciativa ya compleja. La Decisión Final de Inversión (FID, por sus siglas en inglés) se tomó en diciembre de 2025, cuando Milei no había dado todavía señales de oponerse al proyecto. El presidente, que se ha declarado varias veces admirador de Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra con Argentina en 1982, había incluso insinuado que los habitantes de las islas tenían derecho a la autodeterminación, una posibilidad que ahora rechaza de plano.
Este giro discursivo motivó incluso que sus anuncios sean leídos tanto por la oposición política como por la ciudadanía como una maniobra oportunista; lo acusan de aferrarse a una bandera sensible para los argentinos en un momento en que su popularidad cae y debe encarar su carrera por la reelección.
En su discurso, el mandatario afirmó que la posibilidad de “apropiarse” de las reservas de petróleo bajo el mar argentino daría “un incentivo para que el Gobierno británico profundice en la ocupación de las islas”. Es cierto que, si durante décadas las Malvinas fueron principalmente un costo militar y estratégico para Londres, ahora el descubrimiento y desarrollo de hidrocarburos puede convertirlas en un activo económico potencial.
Al día siguiente de la cadena nacional, las compañías de servicios petroleros Schlumberger (SLB), Halliburton y Baker Hughes publicaron comunicados en los que anunciaron que no participarán en proyectos hidrocarburíferos en Malvinas ni en los espacios marítimos circundantes. El posicionamiento de estos gigantes no es menor. El mercado global de servicios petroleros está altamente concentrado y, juntas, estas tres grandes compañías controlan más del 52% del mercado público global de servicios petroleros. Si bien existen otros actores de menor envergadura, que estas tres firmas se mantengan al margen de cualquier proyecto en Malvinas suma a esa zona —ya de por sí compleja y alejada— una dificultad adicional para conseguir operadores con capacidad técnica y costos razonables.

En los últimos días, el Gobierno argentino ha anunciado que inició el proceso para sancionar a 45 empresas e individuos relacionados con la explotación de hidrocarburos en las disputadas islas Malvinas y que también interpondrá una denuncia penal contra la petrolera israelí Navitas y varias de sus subsidiarias, así como contra JHI Associates Inc., con sede en Canadá, y su accionista Eco (Atlantic) Oil & Gas Ltd por contar con licencias otorgadas por el Reino Unido para desarrollar trabajos de exploración y/o explotación de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas Norte.
Argentina ya había aplicado las sanciones previstas en la ley 26.659 en otras oportunidades. Si bien el marco legal para castigar estas prácticas existe desde 2011, se ha vuelto más potente con el paso del tiempo y la evolución de Vaca Muerta, que dejó de ser un “juvenil” para transformarse en “Messi”.
“Hoy Argentina no solo se puede dar el lujo de tener un garrote para negociar, sino de tener la zanahoria: de ofrecer algo a cambio, un lugar que los inversores pueden desarrollar con bajo riesgo y que es acompañado también por una plataforma legal como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones”, apunta Carbajales, en referencia a un marco impulsado por Milei que ofrece beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios a grandes inversiones, con reglas estables durante 30 años. “Hoy, a un inversor extranjero, se le ofrece todo”.











