Nunca ha habido una esposa en el Pentágono como Jennifer Hegseth.
En mayo, llevaba pantalones cortos de camuflaje y una camiseta empapada en sudor que decía “This Is War” mientras hacía ejercicio con marineros, infantes de marina y su esposo, el secretario de Defensa Pete Hegseth, en la cubierta del USS Boxer en Singapur. En junio, ella y seis de los siete hijos de la pareja acompañaron a Hegseth a la conmemoración del Día D en Normandía, donde un video promocional del Departamento de Defensa con una imponente banda sonora cinematográfica capturó al marido y a la mujer caminando del brazo por la playa de Omaha. Las imágenes parecían proyectarla como la primera dama del Pentágono.
El año pasado, Washington tuvo una visión diferente cuando ella fue incluida en un chat grupal de Signal en el que Hegseth compartió planes de ataque para aviones de combate estadounidenses dirigidos contra los hutíes en Yemen.
Este mes asumió un nuevo cargo: presidenta de la Comisión de Cónyuges Militares del Presidente, un puesto no remunerado destinado a mejorar la vida de las familias de los militares. Se situó detrás del presidente Donald Trump en la Oficina Oval mientras él anunciaba la iniciativa.
“Esto es algo muy importante hoy”, le dijo al presidente. “Estamos sumamente agradecidos”.
Ella fue durante años la productora de Hegseth en Fox News mientras él construía una carrera en la televisión. Ahora, a siete años de casados, es su asesora más influyente y su productora de facto en el Pentágono. Lo ha preparado para sus apariciones, ha estado presente en sus reuniones con periodistas, ha entrevistado a posibles miembros de su personal y ha aportado ideas para los videos del Departamento de Defensa en los que él —y a veces ella— aparece.
El año pasado estuvo en una reunión sumamente delicada con su esposo y altos funcionarios de defensa británicos luego de que Estados Unidos dejara temporalmente de compartir inteligencia militar con Ucrania, según informó primero The Wall Street Journal. En una parte de esa reunión que no se había revelado antes, dijo un funcionario del gobierno de Trump a The New York Times, los británicos indicaron que tenían oficiales en el terreno en Ucrania y que sin la inteligencia estadounidense, incluidas las alertas tempranas de misiles entrantes desde Rusia, las vidas de los oficiales estaban en riesgo.
Los británicos hablaron en términos generales, dijo el funcionario, porque la presencia de Hegseth los incomodaba. Más tarde tuvieron una reunión más pequeña, sin ella, para entrar en detalles.
El portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell, dijo el martes que ella solo estuvo en la reunión para las presentaciones, se fue poco después y no ha estado presente en ninguna conversación o reunión del Departamento de Defensa donde se haya discutido información clasificada.
Ella también ha fomentado la relación conflictiva de Hegseth con los medios de comunicación, dijo el funcionario del gobierno, y aunque fue periodista durante dos décadas, ha trabajado con su esposo para prohibir la entrada de reporteros al edificio. (The New York Times ha demandado al Departamento de Defensa por sus restricciones a los reporteros que cubren el Pentágono).
Su participación en el Departamento de Defensa es tan inusual que ha suscitado dudas sobre el liderazgo de Hegseth. Él ya está bajo presión por el alto costo de la guerra de Irán, la reducción de los arsenales de municiones, las malas condiciones a bordo del USS Abraham Lincoln durante un despliegue de ocho meses y medio en Medio Oriente, los despidos de altos líderes militares y el bloqueo de los ascensos de mujeres y minorías.
“Es una locura que un secretario de Defensa involucre a su esposa en sus delicados deberes oficiales, incluyendo compartir detalles de una operación militar inminente, y que enfrente cero consecuencias”, dijo John Ullyot, quien dejó el Pentágono como portavoz principal tras tres meses trabajando bajo el mando de Hegseth y ha criticado su liderazgo. “Cualquier presidente merece un mejor criterio por parte de sus líderes de seguridad nacional”.
“Esto no es normal”, dijo el año pasado en MSNBC el senador por Delaware, Chris Coons, un demócrata de alto rango en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, durante el revuelo por la inclusión de la esposa de Hegseth en el chat y en reuniones de alto nivel. “El secretario Hegseth tiene uno de los niveles más altos de acceso a información clasificada. No puede simplemente entregarle eso a su esposa y decirle: ‘Toma, cariño, sostén mi cerveza y sostén mi información clasificada’”.
Jennifer Hegseth se negó a dar una entrevista para este artículo, el cual se basa en pláticas con 20 funcionarios y exfuncionarios del gobierno y personas que la conocen en otros ámbitos. La mayoría se negó a revelar su nombre por temor a represalias.
En un comunicado, Parnell la calificó como “una líder consumada por derecho propio y una devota esposa de un militar” que “es un activo vital y un verdadero multiplicador de fuerzas para nuestra misión”. El Departamento de Defensa, afirmó, “no solo acoge con agrado su liderazgo actual, sino que planea activamente involucrarla de manera aún más profunda en el futuro”.
El Pentágono no ha dicho si ella tiene autorización de seguridad, aunque en el último año no se ha reportado que haya asistido a reuniones delicadas con líderes extranjeros. Aun así, ella ha entrado sigilosamente al Pentágono, incluso utilizando un ascensor desde el estacionamiento del edificio que se abre directamente a la suite de oficinas de Hegseth. Está en contacto directo con miembros del círculo íntimo de su esposo, entre ellos Ricky Buria, jefe de personal de Hegseth, y Tami Radabaugh, una amiga cercana de ella y también exproductora en Fox.
Radabaugh se ha convertido en asesora principal de Pete Hegseth para la estrategia de comunicaciones y es considerada los ojos y oídos de Jennifer Hegseth en el Pentágono. No respondió a una solicitud de comentarios.
Una persona familiarizada con el pensamiento de Hegseth dijo que al secretario de Defensa le gusta que su esposa viaje con él para mantenerlo fuera de problemas. Hegseth, quien tiene un historial de consumo excesivo de alcohol, ha dejado claro que necesita a su esposa a su lado. A menudo atribuye a sus “dos J” —Jennifer y Jesús— la transformación de su vida.
“Mi Jenny, mi esposa, Jennifer, cambió mi vida, me salvó, simplemente no hay duda de ello”, le dijo a Megyn Kelly en su pódcast en diciembre de 2024, semanas antes de su audiencia de confirmación. “Y sin esas dos J, no estaría sentado aquí en este momento”.
Té y una fiesta en el jardín
Hay una regla en la familia Hegseth.
“Oh, es simplemente obedecer a Dios”, dijo la matriarca.
Era una grabación de un pódcast de diciembre con Katie Miller, una veterana asesora del primer mandato de Trump y esposa de Stephen Miller, el asistente de políticas más poderoso de Trump. Los Hegseth estaban sentados en un pequeño sofá en el Pentágono, con las rodillas tocándose y una bandera estadounidense colgando detrás del hombro de ella. Ella vestía jeans, un suéter negro y tacones altos. Él llevaba una camisa de vestir con las mangas arremangadas para mostrar sus tatuajes.
Hegseth apretaba con frecuencia el brazo de su esposo y entrelazaba sus dedos con los de él cuando le ponía la mano en la rodilla. A veces terminaban las oraciones del otro.
Ella educa a sus hijos en casa, le dijo a Miller, de acuerdo con un plan de estudios cristiano conservador en la casa de la familia en Washington, llamada Cuartel 8, una casa de estilo neocolonial con columnas blancas y 20 habitaciones. Fue construida por el estudio de arquitectura de la Edad Dorada, McKim, Mead & White, en un canal paralelo al río Potomac en la base militar de Fort McNair.
“La observo la noche anterior en el pizarrón de nuestro comedor, que ahora se ha convertido en un salón de clases, y borra jueves y escribe viernes, y ‘Estas son las tareas que tenemos para el día’”, dijo Hegseth en la entrevista. “Ha sido realmente una bendición verla asumir ese papel”.
Muchos domingos asiste a misas con su familia y un equipo de seguridad en Christ Church Washington DC. Ubicada en un espacio de reuniones en Capitol Hill propiedad del Conservative Partnership Institute, la iglesia forma parte de la Comunidad de Iglesias Evangélicas Reformadas, cuyos líderes creen que Estados Unidos debería ser una nación cristiana y que las personas deberían votar emitiendo un voto por hogar, normalmente liderado por un hombre.
“Si están en la ciudad, por lo general asisten”, dijo Joe Rigney, un pastor y líder de la red de iglesias que pronunció un sermón en la iglesia un caluroso día de julio. Aunque los Hegseth estaban fuera de la ciudad, había una gran presencia policial que mantenía a un puñado de manifestantes alejados del edificio.
Públicamente, Jennifer Hegseth ha adoptado la vida de una esposa oficial de Washington más tradicional. En mayo, fue la anfitriona de una fiesta en el jardín del Pentágono en honor a las madres militares. En febrero estuvo en Fort Campbell, leyéndole un libro a los niños en la escuela del Departamento de Defensa del lugar. En diciembre, organizó una recepción navideña con té en el Pentágono para las familias Gold Star, familiares de militares caídos en la guerra o en servicio activo.
Durante el anuncio de la comisión de cónyuges, le dijo a Trump que sus reuniones con familias de militares, desde Fort Campbell hasta Singapur, le habían hecho ser consciente de los problemas que enfrentan. “Es la vivienda, es la atención médica, es el empleo, es el cuidado infantil, es la educación”, dijo.
Los fines de semana, ella suele estar en la granja de 31 hectáreas de la pareja, valorada en 3,4 millones de dólares, a las afueras de Nashville, donde fotos en su cuenta de Instagram muestran a sus hijos montando a caballo y al secretario sosteniendo un mapache muerto que mató a cuatro gallinas de la familia. Los Hegseth no son asiduos al circuito de fiestas de Washington.
“Su familia es su vida”, dijo Miller, una de sus buenas amigas en una entrevista. “Mucha gente en D. C. está de paso o mira por encima de la persona con la que habla o busca la conversación con la siguiente persona, o solo habla con el cónyuge importante. Ella es una de las raras personas que, cuando nos reunimos, se siente muy normal”.
‘Gloria a Dios’
Jennifer Hegseth, de 49 años, es hija de un ejecutivo de Lockheed Martin cuyo trabajo llevó a la familia de Maitland, Florida, a Hunt Valley, Maryland, un suburbio al norte de Baltimore. Se especializó en periodismo en la Universidad de Towson en Towson, Maryland, y en 2001 consiguió un trabajo como productora en WPIX en Nueva York. En 2006 comenzó una carrera de 18 años en Fox como productora ejecutiva en Fox & Friends, el programa matutino estrella de la cadena de cable.
Numerosos colegas allí la describieron como una talentosa trabajadora incansable —inteligente, organizada, motivada— con la resistencia para prosperar en el brutal horario matutino del programa de 6 a. m. a 9 a. m. También tenía buen ojo para seleccionar lo que varios llamaban historias de “carne roja”, que atraían a los espectadores de Fox. En 2010 se casó con Dennis Rauchet, un desarrollador de bienes raíces de Nueva York, y tuvo tres hijos con él.
El secretario Hegseth, graduado de Princeton y veterano condecorado de las guerras de Irak y Afganistán, llegó a Fox como colaborador en pantalla en 2014. Pronto se convirtió en una estrella en ascenso, aunque tuvo episodios de consumo excesivo de alcohol que los directivos de la empresa o sus compañeros de trabajo tuvieron que abordar. Un primer matrimonio había terminado en 2009 y se casó con su segunda esposa en 2010. La pareja tuvo tres hijos.
(Hegseth ha dicho que nunca tuvo un problema con la bebida. Cuando Will Cain, un colega de él en Fox, le preguntó en un pódcast de 2021 si bebía en exceso después de servir en Irak, Hegseth respondió: “Oh, sí.” Prometió que no bebería en absoluto como secretario de Defensa).
Para 2016, cuando Pete Hegseth co-presentaba habitualmente Fox & Friends Weekend, él sostenía un amorío con ella. La relación salió a la luz en la fiesta de Navidad de Fox & Friends de ese año, cuando apareció el esposo de ella, a pesar de que el evento estaba limitado a los empleados de Fox. Hegseth, que había estado bebiendo, se molestó al verlo y causó un altercado que el departamento de recursos humanos tuvo que abordar con él, según una persona con conocimiento de la situación.
Timothy Parlatore, exabogado personal de Hegseth y ahora su asesor especial en el Pentágono, ha dicho que el episodio de la fiesta de Navidad no es cierto.
Fox la nombró en enero de 2017 como productora ejecutiva de Watters’ World, que entonces se emitía los sábados por la noche. En junio de ese año, ella y su primer esposo se divorciaron. En agosto dio a luz a una hija con Hegseth, Gwendolyn Hope.
En septiembre, la segunda esposa de Hegseth solicitó el divorcio. En octubre, Hegseth fue acusado de violar a una mujer en un evento en el que dio un discurso en California. Nunca se presentaron cargos y Hegseth ha dicho que la acusación era falsa. Pero dijo que le pagó a la mujer 50.000 dólares como parte de un acuerdo para proteger a su familia y su trabajo en Fox News. Jennifer Hegseth nunca ha hecho comentarios públicos sobre el asunto.
Después de esta cadena de acontecimientos, Hegseth comenzó lo que él ha descrito como una transformación religiosa. En 2018, los Hegseth se unieron a la Colts Neck Community Church en Nueva Jersey, donde vivían en ese momento. La iglesia evangélica está afiliada a la Convención Bautista del Sur, y Hegseth, que creció asistiendo a los servicios dominicales en una iglesia bautista en Minnesota, dijo que ella al principio mostró cierta reticencia.
Ella “desconfiaba de cómo eran los bautistas evangélicos”, le dijo Hegseth a la revista Nashville Christian Family. Pero “a los 20 minutos”, añadió, “nos sentimos como en casa”.
Las personas que trabajaron con ella en Fox no recuerdan que hablara abiertamente sobre la fe —el funeral de su padre en 2009 había sido en una iglesia metodista—, pero ella se convirtió en una compañera en el camino de su esposo. Después de que los dos se casaran en agosto de 2019 en el Trump National Golf Club en Colts Neck, su cuenta de Instagram se volvió notablemente más religiosa.
“¡Gloria a Dios!”, escribió en una publicación de junio de 2022 cuando Battle for the American Mind, un libro que Hegseth escribió junto con David Goodwin, pionero en la educación cristiana conservadora, alcanzó el puesto número 1 en la lista de los libros más vendidos de The New York Times.
Para entonces, ella era vicepresidenta de Fox Nation, un servicio de streaming por suscripción de Fox, así como productora ejecutiva de The Miseducation of America, un programa documental que se emitió durante dos temporadas en Fox Nation. Estaba protagonizado por Hegseth, quien atacaba lo que él llamaba la toma de control liberal de las escuelas estadounidenses.
Los Hegseth compraron su granja de Tennessee en 2022, y en el episodio final de la serie en 2023, Hegseth llevó a los espectadores a la escuela de sus hijos a las afueras de Nashville para mostrar, según dijo, “la belleza de la educación cristiana clásica”. En un libro de escritos recopilados sobre la maternidad, ella escribió que se habían mudado de Nueva Jersey porque “el panorama social se había vuelto tan aterrador que sentíamos que enviarlos por la puerta era como enviarlos a una emboscada cultural sin ninguna protección”.
No está claro cuántos de los hijos de su familia común, cuyas edades oscilan entre los 9 y los 16 años, asistieron a la escuela de Nashville o son educados en casa por ella. Según los términos del acuerdo de divorcio de Hegseth de 2018, los hijos de su segundo matrimonio viven principalmente con su madre en Minnesota, aunque él los ve allí, en Washington y en la granja de Tennessee.
‘Mantenerse unidos’
Jennifer Hegseth nunca había vivido ni trabajado en Washington cuando llegó con su esposo en diciembre de 2024, poco después de dejar Fox Nation. Inmediatamente rompió lo que se esperaba de una cónyuge política al acompañar a Hegseth a reuniones con senadores republicanos sorprendidos, antes de sus audiencias de confirmación.
“Fue inusual”, reconoció Hegseth ante Miller en su pódcast. “Recuerdo la primera reunión a la que fuimos en la que ella me acompañó, me quedé como: ‘¿eh?’. Y luego se sintió tan correcto y tan natural”.
En esos primeros días, ella también entrevistó a posibles miembros del personal para puestos en el Pentágono. Ullyot, que era candidato a portavoz del Pentágono, dijo que recordaba haber recibido una llamada en la que le decían que ella quería verlo. Esperaba que fuera un simple y agradable encuentro para conocerse. Pero cuando llegó a las oficinas del Comité Nacional Republicano que Hegseth usó durante un tiempo en la transición, dijo, ella le hizo en una entrevista “preguntas inesperadamente detalladas e incisivas” durante unos 40 minutos, incluyendo cómo manejaría a los medios de comunicación hostiles.
Una vez que Hegseth asumió el cargo, ella estaba ansiosa por revocar las credenciales de los reporteros del Pentágono que ella sentía habían escrito historias negativas sobre su marido, dijeron el funcionario y un exfuncionario del gobierno.
Después de que a Hegseth le dijeran que podría tener problemas legales al señalar a reporteros individualmente, dijo Ullyot, el Pentágono anunció en febrero un nuevo “programa anual de rotación de medios” que retiró a The New York Times, NBC News, NPR y Politico de sus espacios de trabajo en el edificio y los cambió por The New York Post, Breitbart News, One America News y HuffPost. (Desde entonces, los funcionarios han trasladado a todos los reporteros a un anexo fuera del edificio por lo que dicen son renovaciones del espacio de trabajo).
En el año y medio transcurrido desde entonces, dijo Miller en la entrevista, ella se ha establecido en Washington. “Tiene un ritmo, tiene una rutina”, dijo. “Tienen una buena dinámica”.
Y siempre, el trabajo es una asociación.
Como le dijo ella a Miller en su pódcast, al recordar su respuesta cuando se enteró de que Trump le ofrecería a su marido el cargo de secretario de Defensa: “Estábamos listos para servir en cualquier capacidad”.
Adam Entous, Greg Jaffe y Sharon LaFraniere colaboraron con reportería. Kitty Bennett y Julie Tate colaboraron con la investigación.
Elisabeth Bumiller escribe sobre la gente, la política y la cultura de la capital del país, y cómo las decisiones que allí se toman afectan a las vidas de personas de toda la nación y del mundo.










