El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, comparecerá este miércoles en la Mesa Redonda para presentar las llamadas «transformaciones aprobadas para el sector del transporte», según anunció el medio oficialista Cubadebate en su página de Facebook.
La reacción popular no se hizo esperar. Decenas de cubanos inundaron la publicación con ironía, escepticismo y hartazgo, y una pregunta se repitió como un coro: «¿Con qué corriente?»
El anuncio llegó el mismo día en que el déficit de generación eléctrica alcanzó 2,115 MW, con apenas 926 MW disponibles frente a una demanda de 3,210 MW. D
os días antes, Cuba había sufrido su sexto apagón total del Sistema Electroenergético Nacional, con zonas que acumularon más de 72 horas consecutivas sin electricidad.
«Lo verán ellos y los que estén en la filmación en vivo, porque los demás tenemos el televisor de objeto decorativo en las casas», escribió un usuario.
Otro pidió directamente: «Después hagan un resumen y publíquenlo en redes, que cuando tengamos conexión lo leeremos, porque de electricidad nada».
Las medidas a presentar por el ministro se enmarcan en las transformaciones 146, 147 y 148 del paquete de 176 medidas aprobado por la Asamblea Nacional el 18 de junio.
Entre los cambios anunciados figuran la eliminación del límite de compra de seis vehículos en cinco años, la duplicación del número de comercializadoras autorizadas, y la autorización a entidades no estatales para ensamblar y comercializar vehículos eléctricos.
También se establecieron incentivos fiscales: el impuesto especial para ómnibus y minibuses bajó del 20% al 12%, con reducciones adicionales si se ensamblan en Cuba o son eléctricos.
El contraste con la realidad cotidiana resultó difícil de ignorar. El régimen reconoció en enero de este año que el transporte público solo cubría el 42% de las metas planificadas.
Desde el 18 de junio rigen recortes severos en las rutas interprovinciales: las conexiones entre La Habana y las capitales provinciales quedaron en tres salidas semanales, mientras destinos como Manzanillo y Baracoa se redujeron a una sola salida por semana.
En julio, las operaciones ferroviarias cayeron un 74%, y en Camagüey el transporte estatal pasó de atender 350,000 pasajeros diarios a apenas 15,000.
En ese contexto, la chivichana —carrito artesanal de madera sin motor, construido con tablas, rodamientos y una soga como timón— se convirtió en el símbolo irónico de la «transformación» que los cubanos esperan.
«¿Van a circular chivichanas? Transformación principal: ahora nos movemos a pie», escribió un usuario. Otro fue más específico: «Se aprueba enérgicamente el uso de chivichanas, se darán 20 cajas de bolas por núcleo, y los tablones de madera también».
El escepticismo sobre los resultados concretos fue dominante. «Para que haya transformaciones, tiene que haber transporte. ¿Ya hay?», preguntó un comentarista.
Otro apuntó una contradicción que muchos compartieron: «El embargo no permitía hacer estas transformaciones, ¿pero ahora no es que está recrudecido? Y así pueden hacer transformaciones. O sea, que las trabas las ponían ustedes y no el embargo».
Un usuario resumió el agotamiento acumulado de años: «Llevan como cinco años diciendo que es un momento coyuntural, y algo coyuntural es un período corto, no así. Muchas gracias».
Otro relató su situación personal con cifras concretas: «Vamos a ver si la electricidad nos deja ver algo. Desde hace tres años no he podido viajar a Las Tunas, pues me cobran 18,000 pesos de ida y 18,000 de regreso».









