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agosto 4, 2026
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Expreso DigitalBlogInternacionalesLa conmovedora decisión de unos abuelos tras los terremotos que cambió la vida de siete niños en Bolívar

La conmovedora decisión de unos abuelos tras los terremotos que cambió la vida de siete niños en Bolívar

Cortesía

 

El suelo se agrietó en el norte, pero el desplome emocional se contuvo en el sur. Tras los devastadores terremotos que sacudieron a La Guaira y Caracas, el mapa de la supervivencia trazó una ruta inesperada: cientos de kilómetros de carretera hasta llegar a los sectores más humildes de San Félix, en el estado Bolívar. Allí, donde los servicios básicos son una lucha diaria, dos hogares de abuelos se transformaron en los refugios más seguros del país.

lapatilla.com

Hasta hace unas semanas, en la humilde vivienda de la calle Páez, en el sector Nueva Jerusalén, solo habitaban Argelia Chávez, su esposo y sus dos hijos. Hoy, es el hogar de paso de siete de sus nietos, rescatados del epicentro de la tragedia en La Guaira.

La pesadilla comenzó la tarde del 24 de junio. Durante la madrugada, la angustia escaló al ver en redes sociales videos de edificios colapsados en la zona de Caribe, donde vivía una de las hijas de Argelia. A las 2:00 a.m. recibieron la primera llamada de confirmación: estaban vivos, pero sumidos en crisis de nervios.

Durante el caos, su hija Soraida resguardó a dos niños vecinos y los llevó hasta un refugio en Petare con una lesión en la rodilla, protegiéndolos hasta entregarlos a sus padres. En Los Corales, sus hermanos Luis José y Eduard huyeron junto a sus hijos luego de que las paredes del edificio Marejada literalmente explotaran. Tras confirmar su ubicación, el esposo de Argelia viajó en autobús hasta Caracas para rescatar a la totalidad de los menores.

Argelia no veía a sus nietos desde diciembre de 2025. El momento en que el taxi se detuvo frente a su casa quedó grabado como un milagro: “Cuando se bajaron uno por uno, salieron corriendo y me abrazaron. Uy, eso para mí fue bastante emotivo. Ver que la misericordia de Dios con ellos fue tan grande”, relata.

Los pequeños lo perdieron todo bajo los escombros. Además de llegar solo con la ropa que llevaban puesta, el retorno desveló marcas físicas y psicológicas. Uno sufrió una lesión en la rodilla tras quedar aprisionado por un pedazo de pared mientras huía del segundo piso; otro llegó con raspones en el rostro. Sin embargo, el trauma emocional requirió mayor contención: “No hablaban de otra cosa. Tenía que pararme de noche a decirles: ‘Ey, estás aquí, tú puedes’, hasta que se durmieran”.

La logística en un hogar hiperpoblado representa un reto titánico. Con un solo baño, deben establecer turnos estrictos. En la cocina, las porciones se duplicaron: pasaron de cocinar medio kilo de pasta a preparar kilos enteros de arroz y pasta diarios. Ante el hacinamiento y el estrés, Argelia busca calma en la intimidad de su cuarto: “Suspiro y digo: ‘No te estreses, porque los fuiste a buscar para eso. Otras abuelas están llorando a sus nietos; bienaventurada eres porque los tienes aquí’”.

La ayuda comunitaria ha sido nula. La familia se sostiene gracias a la caridad de fundaciones, la iglesia católica y voluntarios que les han donado alimentos, ropa y colchonetas.

Cifras de la atención institucional

De acuerdo con los datos oficiales, la gobernación ha brindado atención integral a un total de 99 familias, equivalentes a 277 personas damnificadas que se han desplazado desde La Guaira y Caracas hacia el estado Bolívar tras los terremotos, distribuyéndose la asistencia en 54 familias en el municipio Caroní, 20 en Angostura del Orinoco, 10 en Bolivariano Angostura, 3 en Padre Chien, 2 en Cedeño y 1 en Piar; un esfuerzo al que se ha sumado el valioso apoyo de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales como Cáritas y Rotary Salto Ángel, así como diversas iglesias locales, las cuales han entregado donaciones en las zonas donde se encuentran acogidas estas familias.

Aunque entes gubernamentales han prometido bloques para construir nuevos cuartos, Argelia solicita ayuda concreta: materiales eléctricos, bombillos, un televisor y un cilindro para almacenar agua debido a la inestabilidad del servicio en la zona. Mientras sus hijos pernoctan en carpas en La Guaira tras perder las viviendas donde habitaron durante 19 años, los tíos en Bolívar organizan juegos de fútbol para ayudar a los niños a superar la tragedia.

El refugio de Brisa del Paraíso

A pocos kilómetros, en la manzana 303 del sector Brisa del Paraíso, Fernando Gutiérrez vive una realidad similar. Acostumbrado a la migración interna —pues desde 1989 alternó su residencia entre Bolívar y trabajos de vigilancia privada en Caracas—, Fernando y su esposa criaban solos a una nieta de cuatro años, huérfana de madre.

El sismo en la capital agrietó la vivienda donde residían sus otras hijas. Ante el pavor de los pequeños, Martín Ramos, padre de los niños, los reunió y emprendió viaje rumbo a San Félix. Tres nuevos rostros se sumaron a la mesa de Fernando, mientras otros tres nietos fueron acogidos por familiares en los Valles del Tuy.

Con contratos temporales de vigilancia y el sueldo de su esposa en una cocina escolar, el presupuesto familiar se estiró al límite. Sin embargo, el esfuerzo se transforma en gratitud: “Uno se levanta bien temprano a hacerles la arepa. Lo importante es que están vivos y están aquí con nosotros. Esa es la mejor felicidad de todas”.

San Félix se ha convertido en el bálsamo emocional para una generación de niños que vio colapsar sus hogares. En Nueva Jerusalén y Brisa del Paraíso, las réplicas del terremoto se miden en la paciencia para reconstruir rutinas y en el abrazo diario de unos abuelos que decidieron volver a ser padres para salvar a su estirpe.

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