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Precisiones de dignidad
Hay responsabilidades que se reciben como una designación administrativa y otras que se asumen como un compromiso con la historia. Recientemente, el rector magnífico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, doctor Jorge Asjana David, me distinguió con la honrosa responsabilidad de coordinar los trabajos para la creación del Salón de la Fama del Deporte Universitario. Más que una tarea institucional, interpreto esta encomienda como una oportunidad para contribuir a la preservación de una parte significativa de la memoria de la educación superior dominicana.
La primera reflexión que surgió al recibir esa responsabilidad fue sencilla, pero trascendente: las universidades no solo forman profesionales; también forman ciudadanos, construyen valores y escriben historia. Esa historia no se limita a las aulas, a los laboratorios o a la producción científica. También se escribe en las canchas, en las pistas de atletismo, en los gimnasios y en cada escenario donde el deporte universitario ha servido como escuela de disciplina, perseverancia, solidaridad y liderazgo.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo posee una tradición deportiva extraordinaria. Son incontables los atletas, entrenadores, dirigentes y propulsores que han honrado su nombre y han representado dignamente al país. Sin embargo, una universidad pública de la dimensión histórica de la UASD está llamada a mirar más allá de sí misma. Su liderazgo adquiere verdadero significado cuando se pone al servicio de toda la nación.
Por ello, la visión que inspira esta iniciativa no es la de crear un espacio reservado exclusivamente para reconocer los méritos deportivos de la UASD. La aspiración es más amplia y más generosa: construir un Salón de la Fama del Deporte Universitario Dominicano, con sede permanente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde puedan ser exaltados hombres y mujeres que, desde cualquier institución de educación superior del país, hayan realizado aportes extraordinarios al deporte universitario.
Esta concepción responde a una idea profundamente universitaria. El mérito no reconoce fronteras institucionales. La excelencia no pertenece a una sola academia. Cuando un atleta universitario alcanza la grandeza, cuando un entrenador transforma vidas, cuando un dirigente fortalece el deporte o un propulsor dedica su existencia a impulsar el desarrollo deportivo, su legado trasciende los colores de una universidad y pasa a formar parte del patrimonio de toda la educación superior dominicana.
La UASD, por su condición de Primada de América y universidad del Estado, tiene la autoridad moral, la tradición histórica y la responsabilidad institucional para convertirse en la casa común de esa memoria. No se trataría de asumir un privilegio, sino de ofrecer un servicio al país; de custodiar, con objetividad y transparencia, un patrimonio que pertenece a toda la comunidad universitaria.
Un Salón de la Fama concebido con esa visión no puede reducirse a una ceremonia anual de exaltación. Debe constituirse en un verdadero centro de investigación, documentación, conservación y divulgación de la historia del deporte universitario dominicano. Allí encontrarán espacio los documentos, las fotografías, los uniformes, las medallas, los trofeos, los testimonios y todas aquellas evidencias que narran una historia de esfuerzo y superación que merece ser preservada.
Pero su mayor riqueza no estará en los objetos que conserve, sino en los valores que proyecte. Cada estudiante que recorra ese espacio comprenderá que la excelencia no es fruto del azar; que detrás de cada reconocimiento existe una vida de sacrificios, disciplina y constancia; y que el deporte constituye una de las expresiones más nobles de la formación integral que debe ofrecer una universidad.
La credibilidad de un proyecto de esta naturaleza dependerá, igualmente, de la fortaleza de sus normas. El reconocimiento al mérito solo adquiere legitimidad cuando descansa sobre criterios objetivos, procesos transparentes e investigaciones rigurosas. La historia no puede escribirse desde la improvisación ni desde las simpatías personales. Debe construirse con respeto a la verdad y con absoluto sentido de justicia.
Estoy convencido de que las instituciones alcanzan su mayor grandeza cuando deciden construir obras que trascienden el tiempo y las personas. Los edificios envejecen; los cargos cambian; las administraciones concluyen. En cambio, las instituciones que preservan su memoria y honran a quienes las engrandecieron dejan un legado que permanece vivo en la conciencia colectiva.
Agradezco al rector magnífico, doctor Jorge Asjana David, la confianza depositada en mi persona para coordinar esta iniciativa. Asumo esa responsabilidad con humildad, pero también con el firme propósito de que este proyecto se convierta en una obra colectiva, abierta a todas las universidades dominicanas, sustentada en la institucionalidad y concebida para perdurar durante generaciones.
Si logramos materializar esta visión, la UASD no solo habrá creado un nuevo organismo institucional. Habrá entregado al país un espacio donde la gratitud, la memoria y el mérito deportivo encuentren un hogar permanente. Ese será, sin duda, un legado digno de la universidad más antigua del Nuevo Mundo y un aporte perdurable al sistema de educación superior de la República Dominicana.
Porque la universidad es otra cosa cuando comprende que su misión no consiste únicamente en formar el presente, sino también en preservar, con generosidad y justicia, la historia que inspira el futuro.
Por Pablo Valdez









