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La grandeza de un país también se mide en la visión de quienes apuestan por el deporte.
Hay decisiones de Estado que trascienden el tiempo. Hay inversiones que van más allá del cemento y el acero. Hay obras que no solo transforman ciudades, sino también generaciones. El deporte pertenece a esa categoría.
La historia de la República Dominicana puede contarse desde muchas perspectivas: política, económica, social o cultural. Pero hay una que pocas veces recibe el reconocimiento que merece: la historia del deporte como política de desarrollo nacional.
Los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974 marcaron un punto de inflexión. La decisión de organizar aquel evento no fue simplemente un compromiso internacional; fue una apuesta por el futuro. Desde entonces, el deporte dejó de ser una actividad complementaria para convertirse en un instrumento de crecimiento, identidad y orgullo nacional.
Tres décadas después, los Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003 consolidaron ese camino. La República Dominicana volvió a demostrar que tenía la capacidad de organizar un evento continental con excelencia, fortaleciendo su infraestructura, impulsando nuevas disciplinas y formando una generación de atletas que colocó nuestra bandera en los principales escenarios del mundo.
Hoy, los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 representan la confirmación de esa visión. Ya no somos un país que sorprende por organizar un gran evento; somos una nación que inspira confianza, respeto y admiración. Hemos demostrado que estamos preparados para competir y para organizar al más alto nivel.
Este éxito no nació de la improvisación. Es el resultado de la visión de los diferentes presidentes de la República y de quienes han dirigido la entonces Secretaría de Estado de Deportes y el actual Ministerio de Deportes y Recreación.Cada uno, con su estilo de gestión, aportó al crecimiento de las distintas disciplinas y dejó una huella en la construcción del deporte dominicano. Sería mezquino no reconocer esos aportes.
Pero también sería injusto no destacar que, en la actualidad, el presidente Luis Abinader ha colocado al deporte y a la recreación en un nivel de prioridad pocas veces visto en nuestra historia. Sin temor a equivocarnos, su gestión ha realizado la mayor inversión pública en infraestructura deportiva, programas de recreación y apoyo a los atletas. Muestra de esto fue París 2024 y ahora este mega evento, que impulsa la cultura y el turismo.
Y ese esfuerzo ha sido verdaderamente interinstitucional. El Ministerio de Deportes y Recreación ha contado con el respaldo del Mived, INEFI, la Comisión Presidencial de Apoyo al Desarrollo Provincial, el Ministerio de la Juventud, el Ministerio de Interior y Policía, el Ministerio de Defensa y otras instituciones que han entendido que invertir en deporte es invertir en educación, salud, seguridad ciudadana, inclusión y desarrollo.
La ceremonia inaugural de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 fue la prueba más contundente.No solo vimos un espectáculo; vimos un país mostrando su mejor versión. Felicidades al comité organizador, al Comité Olímpico Dominicano, a Caribe Sport, al Miderec, a los cientos de voluntarios.
La producción artística, la música, la puesta en escena, el despliegue tecnológico, la iluminación, el manejo de cámaras, la conducción, la impecable organización, el protocolo deportivo y diplomático, así como la interpretación del ceremonial en diferentes idiomas, demostraron que la República Dominicana cumple con los estándares internacionales más exigentes.
Ya no admiramos únicamente lo que hacen otros países. Hoy el mundo también admira lo que hacemos los dominicanos.Con nosotros hay que hablar en otro tono. Somos un pueblo creativo, resiliente y trabajador. Cuando asumimos un compromiso colectivo, somos capaces de superar cualquier expectativa. Lo hemos demostrado en el deporte, en la cultura, en el turismo y en cada escenario donde llevamos con orgullo nuestra bandera.
El deporte también es diplomacia. Es una poderosa herramienta para fortalecer la imagen internacional del país, dinamizar la economía, atraer turismo, generar empleos y sembrar esperanza en miles de niños y jóvenes que encuentran en una cancha, una pista o un tatami una oportunidad para transformar sus vidas.
Al mirar hacia atrás, la historia pone cada pieza en su lugar. Fue bueno Joaquín Balaguer al comprender que el deporte debía convertirse en una política de Estado, Y Juan Ulises García Saleta, Wiche, cuya visión y liderazgo hicieron posible que aquella apuesta se convirtiera en realidad. Gracias a ellos comenzó a construirse una obra que hoy continúa dando frutos.
Ese legado encontró continuidad en los gobiernos posteriores y hoy vive uno de sus momentos de mayor esplendor.
Porque las medallas pasan. Los récords se rompen. Los campeones cambian.Pero la visión permanece. Las obras pueden envejecer, pero las decisiones que transforman generaciones permanecen para siempre.
Qué grande fue Balaguer. Qué grande fue Wiche. La historia les dio la razón. Porque quien piensa e invierte en el deporte no construye solamente instalaciones; construye ciudadanos, oportunidades, orgullo nacional y futuro. Quienes piensan en invierte en el deporte no solo transforman un país… se vuelven inmortal.
Por América Pérez
Lic. Comunicación Social «Periodismo»
Magíster en Diplomacia y Derecho Internacional









