BRASILIA.– Bastaron 24 horas de rebelión legislativa para que el capital político acumulado por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva durante toda su carrera chocara contra un muro de realidad. Lo que ocurrió entre miércoles y jueves sitúa al mandatario, de 80 años, en la posición más vulnerable de su tercer mandato.
El gobierno encadenó dos derrotas parlamentarias históricas que le arrebataron el control de la agenda y consolidaron la percepción de un presidente debilitado, a solo cinco meses de las elecciones presidenciales de octubre.
La fragilidad ya no es solo una sensación en la capital de Brasil. Se mide en votos, en años de condena reducidos para sus adversarios y en una gigantesca maquinaria financiera desplegada por el Ejecutivo que se mostró incapaz de asegurar gobernabilidad en el Congreso.
Para el politólogo Murilo Medeiros, de la Universidad de Brasilia (UnB), lo que vive el Palacio del Planalto es “una tormenta perfecta”. Medeiros explica a LA NACION que la convergencia de una crisis de popularidad, el aumento del costo de vida y una desarticulación política profunda han dejado al gobierno expuesto en un momento de enorme vulnerabilidad institucional.
El sismo comenzó el miércoles por la noche con el rechazo del Senado a la nominación de Jorge Messias, actual abogado general de la Unión y hombre de extrema confianza de Lula, para integrar el Supremo Tribunal Federal (STF). Con 42 votos en contra y 34 a favor, la Cámara Alta rompió una tradición de 132 años en la que el plenario siempre había homologado el deseo presidencial. El último antecedente databa de 1894, bajo el mandato de Floriano Peixoto.
Detrás de este revés emerge la figura de Davi Alcolumbre, el presidente del Senado y miembro del “Centrão”, quien orquestó la derrota tras sentirse ignorado por Lula en el reparto de influencias en la Corte.
Medeiros sostiene que Alcolumbre ejecutó casi un “impeachment a la inversa” para agradar a la oposición y pavimentar su propia reelección en la presidencia de la cámara en 2027. Según el analista, el Senado dejó de ser una cámara meramente homologadora para actuar como una casa moderadora que marca los límites del Ejecutivo.
“El Parlamento envió un mensaje contundente como respuesta a fallas de articulación y a la alianza tácita entre el Ejecutivo y el Judicial”, señaló.
En este tablero de ajedrez, el Supremo no fue un actor pasivo. En el Planalto existe la sospecha de un complot entre Alcolumbre y un ala de la Corte liderada por el juez Alexandre de Moraes, motivados por las tensiones derivadas de las investigaciones del Banco Master. Medeiros señala que esta votación demostró que el Congreso “olfatea” la debilidad de Lula: “Los aliados comienzan a dispersarse porque los congresistas ya están mirando a 2027, y una posible agenda posgobierno Lula”.
Esta rebelión tiene un combustible electoral claro: el último sondeo de Atlas/Bloomberg muestra a Lula y al senador Flávio Bolsonaro (PL) en un empate técnico absoluto (47,5% frente a 47,8%), confirmando que el presidente ha dejado de ser considerado el favorito para ganar los comicios.
Sin tiempo para procesar el golpe por Messias, el Congreso asestó el segundo mazazo el jueves por la tarde: la anulación del veto presidencial a la “Ley de Dosimetría”. Con una mayoría abrumadora de 318 votos en la Cámara baja y 49 en el Senado, el Legislativo impuso una norma que reduce drásticamente las penas para los condenados por el intento de golpe del 8 de enero de 2023.
El destinatario principal de este beneficio es Jair Bolsonaro. Condenado a 27 años y tres meses, el exmandatario podría ver su pena total reducida a 20 años, y su tiempo de prisión efectiva en régimen cerrado caer de un intervalo de entre seis y ocho años a apenas dos años y cuatro meses.
Para Creomar de Souza, fundador de la consultora de riesgo político Dharma Politics, el tamaño de las derrotas es “considerablemente grande” y responde a un problema de fondo en la estrategia del Planalto.
De Souza sostiene que lo ocurrido no fue un simple fallo técnico, sino algo más profundo: “El error de articulación es consecuencia de un error de diseño en la toma de decisiones”.
Según explicó a LA NACION, Lula intentó una jugada para parecer fuerte, pero le salió al revés. Pudo haber frenado la ley antes en las comisiones, donde el gobierno tenía los votos para impedir que el proyecto llegara al plenario, pero prefirió dejarla avanzar para poder vetarla y quedar ante el país como el gran defensor de la democracia.
Sin embargo, el jefe del Senado le tendió una trampa técnica: dividió la votación en partes y logró que el Congreso anulara el veto del presidente por una mayoría aplastante. Al final, Lula no consiguió su “trofeo” político y quedó expuesta su debilidad.
Para De Souza, el escenario que se abre es de una incertidumbre jurídica peligrosa para el oficialismo: “Con esta presión sobre el STF, el gobierno corre el riesgo de que la batalla jurídica no tenga el diseño que se esperaba”. El analista advierte que la fragilidad del Ejecutivo es tan evidente que su capacidad de recuperación dependerá exclusivamente de cómo logre capitalizar estos golpes en la narrativa pública, aunque el margen es cada vez más estrecho ante un Congreso que ya no le teme.
El laberinto de Lula se completa con un frente económico en alerta roja. Mientras el Congreso lo desafiaba, el Banco Central decidió llevar la tasa Selic al 14,5% anual, con un corte mínimo de 0,25 puntos, ante el temor de que la inflación salte al 4,6% en 2026, alejándose de la meta del 3%.
La asfixia es también social: el endeudamiento de las familias brasileñas subió al 49,9% en febrero, un récord histórico. Ante esto, Lula apeló a la calle con un mensaje televisado por el Día del Trabajador, anunciando un nuevo plan de alivio y renegociación de deudas para morosos y la defensa del fin de la escala laboral 6×1, con seis días de actividad y sólo uno franco.
En su discurso, Lula atacó a los “millonarios” y las “élites”, un gesto que buscó conectar con los brasileños, en momentos en que el Congreso, pese a haber recibido unos 2200 millones de dólares en tres semanas para enmiendas parlamentarias, parece haberle arrebatado de las manos la lapicera del poder.




