El Gobierno obligará a los taxistas con vehículos anteriores a 2016, a cambiarlos por carros chinos recién llegados a Nicaragua, dijeron a CONFIDENCIAL conductores de Managua y otros departamentos del país. Los chóferes solo están a la espera que sus líderes gremiales les confirmen los detalles.
“En la cooperativa nos lo vienen diciendo desde hace varios meses para que lo aceptemos más fácilmente”, aseguró Julián, un taxista capitalino que no está de acuerdo con la propuesta.
Se calcula que hay unos 16 000 taxis operando en Managua, pero no hay datos disponibles acerca de la antigüedad del parque vehicular involucrado en ese servicio de transporte selectivo.
La poca información ofrecida hasta ahora no detalla el costo de los vehículos, pero sí que los taxistas tendrían que abonar cinco o seis dólares (entre 183 y 220 córdobas) diarios, por un período de tiempo aún por definir.
Aunque cualquier taxista puede cubrir ese monto, los involucrados no están del todo cómodos porque tienen más preguntas y objeciones, que respuestas y certezas.
El elemento financiero es central para todos los taxistas, sin dejar de lado otro igualmente importante: la calidad de los vehículos a recibir y saber si tendrán que entregar sus vehículos actuales o podrán conservarlos.
“Lo agarrás, o lo agarrás”. No hay opción
Ronald es un taxista en el occidente del país. Él no está “del todo en contra” de la propuesta, pero pondría, si se lo permitieran, varias condiciones para aceptar. La primera, es que la obligatoriedad de la medida sea para aquellos que aún operan vehículos de 2008 o más antiguos. No es su caso: él conduce uno de un año más reciente, y por eso “cambiarlo por un carro chino no me parece buena idea”.
El Instituto Regulador del Transporte del Municipio de Managua (IRTRAMMA), establece una antigüedad máxima de diez años para otorgar una concesión que permita taxear en la capital.
La situación sería distinta si le dieran la oportunidad de sustituirlo “con un vehículo coreano, pero por un carro chino que uno no conoce, que no sabemos si hay suficiente inventario de repuestos en el país, que tendríamos que ponerlo a prueba… no me gustaría agarrar una deuda en esa condición”, sentenció.
Cristian, directivo de una cooperativa capitalina, dijo que los vehículos que les ofrecieron son de la marca Changan. Ese tipo de autos se cotizan a partir de los 14 990 dólares en Costa Rica, aunque el precio final varía en dependencia de una serie de variables.
En mayo de 2024, personal diplomático suscrito a la embajada nicaragüense en Pekín visitó el Centro Global de Investigación y Desarrollo de la empresa automovilística Changan. La misión, encabezada por el embajador Michael Campbell, invitó a los directivos de la empresa a visitar Nicaragua, con la intención de conocer las ventajas que ofrece el país como plataforma estratégica de negocios para China en Centroamérica.
En su condición de cadete, Horacio tiene una perspectiva diferente. Él conduce un vehículo que no es suyo, y asegura que paga 900 córdobas por un turno de ocho horas. “A mí me gusta la idea porque me permitiría tener carro propio, pero yo sé que al dueño no le interesa”, aseguró. La razón es que al verse obligado a sustituir el vehículo que le arrienda a Horacio, ese propietario tendría que asumir una deuda que no está dispuesto a adquirir en este momento en que está solvente con todos.
El mal recuerdo de los vehículos Ladas
A los dueños de taxis les preocupa la obligatoriedad de aceptar la sustitución para aquellos cuyas unidades tienen diez años de antigüedad. Preocupación o molestia, ellos están claros que cuando el Instituto Regulador de Transporte del Municipio de Managua (Irtramma) diga que hay que hacer el cambio, tendrán que hacerlo y ya.
“Lo agarrás o lo agarrás”, lamentó Horacio.
“Ojalá que no nos hagan como cuando metieron los Ladas, que la gente tuvo que entregar su carrito viejo y no le dieron nada por él”, complementó Julián, quien sostuvo que si no está interesado en los carros chinos, es porque “no puedo estar seguro que no va a pasar lo mismo que ya nos ocurrió con los Ladas rusos”.
Es un temor que expresan otros taxistas, como Leonel.
En 2012, el Gobierno trajo al país 648 autos de la marca rusa Lada. Recordando ese experimento, Leonel señaló que “se recalentaban, se les dañaba la bomba de agua, presentaban fallos en el sistema eléctrico, en la suspensión, etc. Muchos de los que los compraron optaron por devolverlos. Otros los dejaron en los garajes. Varios siguen tirados en la calle, con todo y su placa, porque no pudieron pagarlos”.
Con el rápido deterioro, el problema se agravó por la dificultad para conseguir repuestos. Al no poder repararlos, los taxistas no podían generar ingresos y cayeron en mora con la Caja Rural Nacional (Caruna, la entidad que el régimen usó durante un tiempo para hacer parte de sus negocios), así que a su deuda y al interés corriente que tenían que pagar, se les sumó el moratorio. “Eso terminó de hundir a muchos. Perdieron sus placas, se quedaron sin carro y sin trabajo: quedaron en la calle prácticamente”, graficó Leonel.
Arnulfo es uno de los taxistas que sufrió esa experiencia. Recordó que cuando comenzaron a llegar esos Lada, él manejaba un carrito que estaba “muy dañado”. Por eso se alegró cuando lo llamaron para ofrecerle un auto nuevo por el que solo tendría que pagar seis dólares diarios. El vendedor lo convenció de que esos Lada eran buenos vehículos, y le dijo que tenía que asociarse a una cooperativa para que le aprobaran el crédito. Él aceptó.
Relató que entregó su “carrito viejo” —“mi machete”—, con todo y la placa, sin que le reconocieran nada por él, con la excusa de que no tenía que dar prima. “Por más viejito que fuera mi vehículo, sí tenía un valor”, aseveró.













